Entre un sube y baja de emociones, Luis sabe que una mujer con el aspecto de Bianca no sería una amenaza para él, tampoco sería capaz de dejarla sola en el bosque, aunque juega a ser duro, su misión no es hacerle daño a una mujer indefensa, así que termina por ceder a las peticiones de la mujer que acaba de conocer. —Si descubro que no dice la verdad, le juro que no me temblará el pulso ¿Escuchó bien? —Iré a donde usted vaya y haré lo que usted diga, le juro que no seré un estorbo. —Bien. Vendrá conmigo, sólo unos días y luego hará de cuentas que no nos conocimos. —Por cierto, mi nombre es Bianca, Bianca Román. Luis no responde “mucho gusto”, opta por ignorarle y caminar a su auto. Bianca sigue sus pasos sin obviar sus miedos, solo espera que este hombre no sea un psicópata como su no

