Capitulo 36

1621 Words

Damian Thorne ​El sonido de las puertas del ascensor cerrándose fue como el disparo de una ejecución. Un eco metálico, seco y definitivo, que retumbó en las paredes de mármol de mi penthouse, dejando tras de sí un vacío que nunca antes había sentido. Me quedé de pie en medio de la sala, con los puños apretados y la mandíbula tan tensa que el dolor empezaba a irradiarse hacia mis sienes. ​—¡Maldita sea! —rugí, proyectando mi voz contra los ventanales que mostraban la silueta arrogante de Manhattan. ​Pero Manhattan no respondió. El mundo, que siempre parecía inclinarse ante mi voluntad, se sentía de repente indiferente. Caminé hacia el mueble bar con pasos pesados, sintiendo el peso de mi propio cuerpo como si la gravedad se hubiera duplicado. Tomé una botella de Macallan y serví un vaso

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