La cena transcurría lentamente, y de manera incómoda. Mamá, Peter y Bianca charlaban animados mientras comían, pero por otro lado, se podía percibir una cierta tensión entre Logan y yo. Cada minuto que pasaba, lo sentimos como si alguna tragedia se fuera a desatar entre nosotros en cualquier momento.
—¿Y ustedes? ¿Cómo les fue hoy? —Nos preguntó mamá, refiriéndose al Instituto.
Logan por un momento me dedicó una mirada con desdén y siguió comiendo.
—¿Qué fue lo que dijiste que te pasó en la nariz? —Preguntó de nuevo, mamá con desconfianza. No se había tragado el cuento de que fue un "accidente".
Solté un suspiro pesado y cuando estaba a punto de contestar, cuando Logan se adelantó.
—En voleibol mamá, por andar distraída la jodieron.
—¡Yo no estaba distraída! —Protesté levantando la voz.
—¡Eso fue lo que me dijeron! —Afirmó él, adoptando el mismo tono que yo.
—Seguro que fue tu noviecita. —Reproché haciendo énfasis en la última palabra.— Si no sabes cómo fueron las cosas, ¡no hables!
Y antes de que Logan, mamá, Peter o Bianca, refutaran a lo que yo había dicho, me levanté del asiento y salí del comedor para subir las escaleras hasta llegar a mi habitación, donde me arrojé en la cama tratando de olvidar lo sucedido en el Instituto, con Logan y con aquella peliteñida. En ese momento comprendí, que las cosas entre nosotros probablemente no volverían a ser como antes.
Al cabo de un rato, tres golpes rítmicos se escucharon en la puerta de mi habitación.
—Logan no. -Solté con desdén.- Quiero estar sola.
A pesar de mi decisión, el rubio entró y pude escuchar cómo suavemente cerraba la puerta. No tenía ganas de hablar con nadie, durante el día me había tratado como una misma basura y ahora pretendía arreglar las cosas como si nada.
Eso no se le hace a las personas que quieres, eso no se le hace a una… Hermana.
Soltó un suspiro. —Tenemos que hablar. —Dijo con notable arrepentimiento en su voz. Lo conocía perfectamente.
Ignoré su intervención y decidí colocarme los auriculares para no escucharlo. Pero cuando estaba a punto de colocar una canción, me arrebató el celular de las manos.
—Escucha, Mel. —Se acercó y me miró fijamente con sus ojos color avellana.— Por favor.
Suspiré fastidiada. —¿Qué es lo que quieres?
Se sentó a mi lado y apoyó los codos en sus rodillas dejando caer su cabeza entre sus manos. —Fui un zarpado, no debí haberte hablado de esa forma. —Desordenó su pelo, gesto que hacía cuando estaba preocupado.— No sé qué pasó. Yo nunca te hablaría así…
—Pero lo hiciste. —Le recordé poniendo los ojos en blanco.
Él se giró y volvió a mirarme con aquellos ojos que eran capaces de hipnotizarme. —Lo sé. Perdóname. —Susurró sujetando mi mano.
Su piel se sintió helada. Definitivamente estaba arrepentido. Comenzó a acariciar mi mano y yo no pude evitar ver sus ojos. Era como si cada vez que me fijara en ellos, pudiese ver algo mágico y concentrarme tanto hasta el punto de olvidarme de lo que me rodeaba. Era simplemente hermoso.
—Y-Yo ... —Balbuceé y me di un golpe interior por hacerlo.
—Mel ... -Insistió estirando su labio inferior y colocando ojos triste cuán perrito desamparado.
Me giré para evitar su rostro y no caer. Él sabía que no me podía resistir con esa cara.
—Mel ... -Volvió a insistir con voz de niño mimado.
Negué con la cabeza.
—¿Con que en esas estamos, eh? —Escuché ahora que decía con voz retadora y me dio un mal presentimiento.
Oh no.
Poco a poco me giré hacia él y vi cómo en un rápido movimiento saltó sobre mí y comenzó a hacerme cosquillas, y como era de esperarse, estallé en carcajadas. Después de varios segundos entre risas y pidiéndole a Logan que parara, por fin se detuvo y sentí como mi panza dolí. Sí, dolía pero de haber reído tanto.
—Te odio. —Dije entre dientes para luego sacarle la lengua. Era verdad, no podía odiar a Logan, ya que era la persona que más quería en este mundo.
Él sonrió provocando que sus ojos se achinaran y extendió sus brazos a los que yo correspondí, envolviéndome en un cálido abrazo. Me sentí tan cómoda en los brazos de Logan, que en ese momento temí que no los volvería probar.
Depositó un beso en mi cabeza, como cuando éramos niños, y se levantó de mi cama para salir de mi habitación. No sin antes guiñarme un ojo y yo le respondí con una pequeña sonrisa, para luego cerrar la puerta.
Si seguíamos así, ese chico me iba a terminar volviendo loca. Si es que ya no lo estaba. Pensé.
Me levanté de la cama y agarré La Odisea de Homero que se encuentran sobre mi escritorio. En el Instituto me pedido pedido hacer una reseña sobre un libro de la mitología griega. Era mi temática favorita, es tan interesante aquel rollo de los dioses y el Olimpo, que a veces me imaginaba un mundo maravilloso donde yo podría ser una diosa, y definitivamente me gustaría ser Atenea , tan valiente y sabia como Atenea .
***
—¿Cómo sigue esa nariz? —Preguntó Jen haciendo un intento por obtener una mejor vista de esta.
—Mamá me estuvo haciendo una curación. —Contesté mientras guardaba mis cosas en el casillero.
—Ya. ¿Quieres ir a ver una peli en mi casa? Comeremos también todo lo que el cuerpo aguante.
Sonreí. —Seguro.
Sonó el timbre y ambas nos fuimos a clases. Cuando estuvimos un punto de entrar al salón, recordé que había dejado mis apuntes de química en el casillero.
Qué descabezada.
Rápidamente regresé hacia este, pero me detuve al escuchar una voz bastante familiar. Entonces me escondí en el cruce del pasillo.
La chica de cabello púrpura.
—Voy a terminar con él. —Dijo como si se estuviera esforzando por tomar una decisión.
—¿Estás loca? —Le reprochó su subordinada.— Si tú fuiste la que lo buscó en un principio.
Escuché como suspiraba con fastidio. —Lo sé. Pensé que sería algo diferente, pero ya me aburrió.
No creía posible que le hiciera eso a Logan después de que él la había defendido. Era toda una malagradecida.
—En la fiesta de Rachel. —Afirmó la chica de cabello púrpura y yo ahogué un grito.
—Lo que tú digas, amiga. —La apoyó la otra.
Me apresuré a salir de aquel escondite antes de que me descubrieran y corrí hasta mi casillero para buscar aquellos apuntes que me hicieron devolver y escuchar algo que no debí.
Cielos, tengo que hacer algo. Pensé.
Aunque también se me pasó por la cabeza que debía alegrarme porque terminarían esa horrible relación - sí, todas las relaciones de mi hermano, para mí son detestables -. Pero luego me di cuenta que a pesar de eso, no quería verlo lastimado, y que entonces lo mejor sería dejar a un lado mis celos e impedir que fuera a esa dichosa fiesta.
Entré al salón de química y tomé asiento en el puesto delante de Jen.
—¿Y esa cara? —Pregunta.
-¿Por qué lo dados? —Respondí confundida con otra pregunta.
—Pareces haber visto al mismísimo Lucifer.
Reí. —De haberlo visto no debería tener esta cara. —Me giré hacia ella.— Recuerda que Lucifer era un arcángel así que debe ser hermoso.
-El único ángel del que me enamoraría es y será Patch. —Protestó cruzándose de brazos.
Negué con la cabeza entre risas.
El profesor de química entré y todos hicimos silencio.
***
Como lo había dicho antes, iba a impedir que mi hermano fuese a esa fiesta. Y pues, la verdad es que no había sido muy fácil.
—Oye Mel, no seas así. —Suplicó por décimo-quinta vez.— Te prometo que ésta será la última.
Me crucé de brazos. —¡Que no Logan! —Contesté.— Después me meto en problemas con mamá.
—Me pongo de rodillas. —Aseguró y enseguida lo hizo.— Mírame.
No pude evitar reír.
—¡Oh, vamos! -insistió.— Que mi novia me pidió que no la dejara sola. -Juntó sus manos en una súplica.
Si él seguía insistiendo tanto en ir, ella no sería más que su exnovia. Pensé.
-No. -Sentencié por última vez y me adentré en el baño, colocando el pestillo para que me dejara en paz.
Comenzó a dar golpes en la puerta y decirme que era una fea y muy mala hermana. Ahogué una carcajada, a veces parecía que era yo la hermana mayor. Dios, hasta Bianca lucía mucho más madura que él en algunas ocasiones.
Cuando por fin ya no lo escuché cerca, abrí la puerta del baño y salí de este. ¿Se habrá rendido tan rápido? Me pregunté a mí misma. Pero eso no podía ser verdad, ya que conocía perfectamente a Logan. Me acerqué a su habitación y pude oírlo hablar por teléfono, así que junté mi oído con la puerta para escucharlo mejor.
—Te digo que mi hermana no me quiso cubrir. —Dijo Logan.— ¡No le digas así! Yo soy el único que puede y sólo frente a ella. —Una sonrisa involuntaria se trazó en mi rostro al escucharlo defenderme, pero rápidamente se borró al oír lo que dijo después.— No te enojes, linda. —Le suplicó mi hermano a quien seguro era la chica de cabello púrpura.— Que sí, que sí, que sí voy. —Contestó con seguridad.— No te preocupes, voy a escaparme.
Esas palabras fueron más que suficientes para que mi corazón diera un vuelco. Si yo me llevo el premio a la más chismosa, Logan se lo lleva al más terco. Hice lo que pude, que después no venga triste y le toque a Melanie consolarlo. Bueno, no puedo negar que de cierta forma me alegraría que esa chica le termine.
¡Ah! Esta situación me terminará de enloquecer.
Bajo las escaleras y me dirijo a la cocina para beber algo. Busco en la nevera y bebo un poco de jugo de fresa, el favorito de Bianca.
Marqué el número de Jen.
-¿Hola? ¿Mel? —Dijo la castaña del otro lado.
—Hola Jen. ¿Te parece si mejor vienes tú a mi casa? —Pregunté.
—Claro. ¿Pasó algo? —Refutó algo preocupada.
—No, pero puede que más tarde sí y prefiero estar en casa que por fuera y con mamá enojada. —Así es, si mamá se llegase a enterar que Logan se escapó a una fiesta hoy día de semana, lo más probable era que se enojara y termináramos por salir todos perjudicados. Y digamos que, si estaba por fuera de mi casa en ese momento, la situación podía ponerse mucho peor.
Mi madre podía ser muy dulce y empalagosa, pero cuando se enojaba pareciera que se le había metido el mismo diablo.
—Oh vaya… —Se lamentó Jen.— ¿Llevo las pelis entonces?
Asentí con la cabeza a pesar de que no me veía. —Está bien.
—Voy saliendo, chao.
—Adiós.
Eran ya casi las once de la noche, cuando Jen ya se iba para su casa. Habíamos visto un total de tres películas. Tres Metros Sobre El Cielo, Bajo La Misma Estrella -mi favorita- y una de terror. De esta última, no recuerdo ni si quiera el nombre porque no presté mucha atención, odiaba con mi vida las películas de terror.
¿A qué clase de gente masoquista le pueden gustar esas cosas?
—Nos vemos mañana, Mel. —Dijo Jen tras despedirse con un beso en la mejilla.
—Hasta mañana. —Contesté y ella comenzó a caminar saliendo de mi casa.
—¡Bú! —Chilló de repente y yo di un respingón.
Ella estalló en carcajadas, burlándose de mí, mientras que la empujaba fuera de mi casa a manera de juego. Nos despedimos por última vez y cerré la puerta. Cuando di media vuelta me encontré con lo terriblemente predecible:
Ella.
Su ceño profundamente marcado y sus brazos en jarra, provocaron en mí, cierta sudoración en mis manos y la sensación de un nudo en la garganta.
—¿Dónde está Logan? —Preguntó con severidad mi madre.
—No sé… —Traté de no balbucear.— Debe… Debe estar en su habitación.
Ella negó con la cabeza lentamente mientras acortaba la distancia entra nosotras.
—No nací ayer, Melanie. Acabo de ir allá y no hay nadie. Y sabes perfectamente lo que pienso de salir los días de semana. —Casi puedo ver cómo echa humo de las orejas.— Lo diré una vez más: Dónde. Está. Logan
Agaché la cabeza. Podía sentir como me sujetó firme del brazo y yo sentía mi pecho estrujado por el miedo.
—¡Dime dónde se metió tu hermano! —Reclamó en mi oído.
Mis ojos se humedecen por el temor y el dolor de sentir sus uñas ejercer presión sobre mi piel.
Lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, mi corazón latía con mucha fuerza y me ponía cada vez más nerviosa, a medida que mi madre gritaba.
Hasta que no aguanté más.
Lo siento, Logan.