+++++ + Al final me vestí, y como no tenía mi bolso conmigo llame a Ana con el teléfono de la casa de Mathis, ella no demoró mucho y con la ayuda de la señora salí sin ser vista y ahora que veo el auto de Ana me subí antes de que me descubrieran. —¡Aaaaah! —solté un grito mientras me subía al auto de Ana, cerrando la puerta con fuerza—. ¿Qué demonios es eso en tu cara? Ella giró a verme, impasible, mientras encendía el motor. Llevaba una diadema de toalla y una gruesa capa de mascarilla verde—literalmente verde—, brillante, resbalosa, probablemente de aguacate o de algún vegetal que a mí no se me ocurriría jamás untarme en la cara. —¡Calma, perra! —me espetó sin ningún pudor, sacando las gafas de sol y poniéndoselas por encima de la mascarilla—. Me sacaste del spa. Estaba en plena fas

