+LILIANE+ Abro los ojos lentamente, sintiendo ese leve peso en los párpados que solo deja el llanto o el cansancio. Me toma un segundo reconocer la habitación. No es la mía. La luz está apagada, pero entra un resplandor pálido desde el pasillo, y justo allí… lo veo. Lucas. Está sentado a la orilla de la cama, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos entrelazadas. Me mira en silencio, como si llevara horas ahí. —¿Qué hora es? —pregunto con la voz ronca, apenas un susurro. Él sonríe con suavidad. —Ya es medianoche. —¿Quéee? —me reincorporo un poco, sorprendida—. ¿En serio? Asiente. —Sí. Dormías como una piedra. Respirando tan despacio que por un momento pensé que te habías muerto. Pongo los ojos en blanco y me froto la cara. —Lo siento… —suspiro, luego lo miro de nuev

