El camino de vuelta a la mansión, es agobiante, miro por la ventana, pero mi mente solo repite una y otra vez la mirada de Sam, la había excluido de mi vida, como tantas veces me pidió que no hiciera, cuando bajo del auto Andrew detiene su moto detrás del auto, es una kawazaki ninja H2 verde.
—¿Por qué la cara larga? —Pregunta con esa sonrisa pícara que me enferma al bajarse de la moto quitándose el casco meciendo su sedosa cabellera negra, ruedo los ojos, Presumido, camino apresurada con los puños a los costados y la mandíbula tensa, no quiero hablar con él, no quiero hablar con nadie, camina hasta alcanzarme en las escaleras, no me detengo.
—Piérdete—Murmullo entre dientes, sintiendo que el hormigueo amargo sube por mi cuello, agobiándome, subo los escalones al ver que la puerta principal se abre con gracia esperando por nosotros de pie ahí se encuentra Cecilia, sonríe al vernos, luce preciosa con ese vestido rosa vieja.
—Deberías tratarme bien Cloe o ¿Qué dirá Caín de tu pequeño secreto? —Cuestiona levantando las cejas, como si realmente lo pensara ladea la cabeza, guarda silencio un momento, dejando que la pregunta vuele por mi cabeza, siento una punzada en el estómago, miedo, cometí un error, perder el control así no es bueno para mi reputación, me detengo en medio de las escaleras bajando la cabeza, respiro profundo un par de veces pensando que decir.
—¿Qué más quiere de mí? Yo solo me defendí—Debato luchando contra el temblor de mí labio inferior, mi estómago se revuelve al ver que la sonrisa de Andrew crece, cierro los ojos a pulso, llorar ante él no servirá de nada, se divierte humillándome.
—Lo sé, yo lo vi todo Cloe, justo como lo haría una colegiala estúpida—Me recrimina, entrecerrando sus ojos, me muerdo el interior de mi labio inferior, esto es inútil, desvío la mirada sintiendo el sabor de mis lágrimas, soy patética.
—¡Termina con esto, Andrew! —Grito con la voz estrangulada, Andrew tuerce los labios, disgustado, una lagrima rueda por mi mejilla, no me lo pienso, corro hacia la mansión atravesando la puerta como una bala.
—¡Señorita Cloe!—Grita Cecilia tras de mí, no me detengo, subo las escaleras encerrándome en la habitación.
Escondo el rostro en la almohada ahogando un grito, frustrada, nada ha salido bien desde esa noche, desde que ese hombre entró en mi vida, todo es un caos, Caín se ha llevado la paz de mí vida, golpeo la almohada al recordar sus palabras, lo odio, detesto tanto su arrogancia, yo no le pertenezco, no soy suya, una profunda tristeza forma un nudo en mi garganta las lagrimas mojan la almohada, me giro mirando los cristales del candelabro, quizás sea el cansancio, pero mis ojos se sienten pesados, quiero dormir, descansar de tanto caos.
***
Me incorporo sobre la cama, mi corazón late a mil por hora mi pecho sube y baja tan rápido como si el aire a mi alrededor no fuera suficiente, otro golpe a la puerta me hace sobresaltar, salgo de la cama con sumo cuidado de no hacer ruido, no me atrevo a encender las luces así que camino a oscuras hasta la puerta.
—¿Quién es? —Cuestiono con la voz temblorosa sintiendo el latido de mi corazón retumbar en mis oídos.
—Abre la puerta Cloe—Ordena la voz de Caín del otro lado de la puerta, los vellos de mi nuca se erizan al sentir el calor bajar por todo mi cuerpo.
—Vete—Pido con la voz en un hilo mirando en todas direcciones buscando algo con lo que pueda bloquear la puerta.
—Sal ahora mismo Cloe, tenemos que hablar—Exige golpeando la puerta con insistencia, me cubro los oídos, miro al gabinete que esta próximo a la cama, camino hasta el lo empujo con todas mis fuerzas bloqueando la puerta —¿Qué está pasando ahí? ¡Cloe!
—Solo déjame sola —Pido en un susurro apoyando mi espalda contra el gabinete, cierro los ojos, rezando, ¿Qué tan difícil sería derribar la puerta? No tanto para los gorilas de la entrada—Por favor—Siento un nudo en la garganta cuando escucho pasos apresurados en el pasillo, contengo la respiración, con los pies clavados al suelo.
—¡Cloe! —Grita mi nombre con la voz rasposa seguido de un golpe seco que hace que la puerta se estremezca junto con el gabinete que sostengo, formo una línea con los labios, callando el grito que se ahoga en mi garganta, un quejido sale de mis labios, no encuentro mi propia voz, respiro profundo tantas veces que mi cabeza da vueltas, me tiemblan las piernas, ya no escucho ruido afuera, los minutos pasan, caigo sobre mi trasero luego de varios minutos cuando mis piernas se rinden agotadas.
—Señorita—La voz de Cecilia me sobresalta, guardo silencio, a la expectativa—Le he traído la cena.
—No quiero nada—La rechazo, sintiendo el temblor en mis manos, seguro Caín la ha enviado para hacerme salir, no caeré en la trampa—Solo déjenme sola.
—No haga esto por favor—Me pide en voz baja, la inquietud arde en mi pecho, pero no me atrevo a mover un musculo—No pruebe su paciencia.
—Déjame sola—Ordeno tajante con la voz apagada, abrazo mis piernas enterrando mi rostro en ellas, un sollozo deja mis labios, todo mi cuerpo tiembla, siento tanto frío, ¿Cómo saldré de esta? No lo sé, entre tanto silencio siento que el tiempo pasa tan despacio que la espera es asfixiante, me levanto del suelo, me pesan las piernas, camino arrastrando los pies hasta el reloj sobre la mesita de noche.
3:45 am
Vuelvo sobre mis pasos levantando el gabinete lo muevo en silencio hasta ponerlo contra la pared, acerco mi oído a la puerta, el silencio es inquietante, giro el pomo de la puerta saliendo al pasillo, no puedo ver nada, el pasillo está a oscuras, camino apoyándome de la pared con sumo cuidado de no hacer ruido, cuando llego al inicio de las escaleras una tenue luz capta mi atención, camino hacia ella, abro los ojos como platos, jadeo, tras las puertas corredizas se encuentra un enorme balcón, es justo lo que estoy buscando, me acerco al barandal aferrándome a él me inclino viendo lo que me espera abajo, solo un diminuto naranjo amortiguaría mi caída, siento mi estómago temblar cuando me subo al barandal, solo debo llegar hasta la rama que está bajo mis pies, me inclino, conteniendo la respiración, estiro mi mano sintiendo el sudor bajar por mí nunca, estoy por alcanzarlo, voy a lograrlo…
—¡No! —El grito de Caín me hace dar un salto, miro sus ojos gigantes antes de perder el equilibrio, mis pies se despegan del barandal, miro al césped, las luces forman líneas y el césped se distorsiona.
No lo lograría, es un intento s*****a… Cierro los ojos, cuando los músculos de mi cuerpo se contraen, esperando el golpe, no pasa, siento como sus brazos fuertes me atrapan en el aire, ambos caemos sobre nuestros traseros en el balcón, abro los ojos, solo veo su piel, me ha cubierto con su cuerpo.
—¿En que estabas pensando? —Cuestiona con la voz ahogada, su pregunta llega a mi como un relámpago, sus brazos se aferran a mi cuerpo calvando sus dedos sobre mi piel, jadeo, siento su respiración agitada, su aliento sobre mi cabeza, el calor de su cuerpo me arropa, mis manos tiemblan, siento nauseas, aterrada me aferro a su ropa, acurrucándome en su pecho.
—Yo… Quería—Intento decir atropellando las palabras, mi voz tiembla, no puedo contralar mi propio cuerpo, siento mi pie izquierdo congelarse, he perdido mi zapato, por encima del hombro de Caín lo miro en el césped del jardín diminuto, mis ojos se cristalizan, mi labio inferior tiembla, no lo habría conseguido, yo… habría muerto—Tú… me has salvado, Caín.