¡Por fin el día tan esperado había llegado! Los gemelos se levantaron como nunca muy temprano ese día, incluso aunque casi no habían podido pegar ojo la noche anterior. Cuando ya eran las siete de la mañana, ambos estaban vestidos, bañados y listos para partir. Al bajar sus baúles vieron en la cocina a sus padres, que ya estaban comiendo el desayuno, una taza de café, tostadas y frutas.
- Mamá, mamá, hoy nos vamos al colegio- dijo Fred entusiasmado.
- Sí papá, vamos a aprender un montón de magia- continuó George con ojos brillantes.
- Solo espero no recibir tantas lechuzas diciéndome lo mal que se portan- dijo la señora Weasley gravemente, mirando a sus dos hijos con ojos severos.
- Oh, como crees mami, Fred y yo seremos unos angelitos...
A las diez en punto, toda la familia Weasley salió camino a la estación de trenes que quedaba en la ciudad. Tuvieron que caminar unos minutos hasta llegar a la parada del autobús mágico que dejaría a los nueve pelirrojos en su destino. Ya eran las once menos diez cuando llegaron y tuvieron que pasar entre la plataforma nueve y diez para llegar a la estación nueve y tres cuartos.
- Buenos chicos, pórtense bien- se despidió el señor Weasley dándole un abrazo a sus cuatro hijos que irían a la escuela de magia- y no se metan en problemas- añadió mirando a los gemelos.
- Adiós mis niños- les dijo la señora Weasley dándoles un abrazo apretado y un gran beso en la mejilla a cada uno. Luego les pasó unas bolsas de papel con unos sándwich dentro para que comieran durante el trayecto.
Los cuatro hermanos subieron al tren al tiempo que este ya echaba humo por la chimenea.
- Cuídense- alcanzó a decirles su madre al tiempo que el tren tomaba velocidad, pero cuando los gemelos se asomaron por la ventana para despedirse con la mano, sus padres ya habían desaparecido en una curva.
- Es mejor que vayamos a buscar un vagón desocupado- dijo Fred a su gemelo.
- Sí, uno muy lejos de Percy- agregó George.
Y avanzaron por el tren buscando un compartimiento vacío. Casi al final vieron uno que no tenía nadie dentro y entraron. Se cambiaron su ropa muggle y se colocaron la túnica del colegio. Se miraron divertidos el uno al otro. Si bien, con ropa común era difícil reconocerlos, ahora con la misma túnica era prácticamente imposible.
-Uy, casi no yo sé si soy yo o tú –rió Fred.
-Obviamente yo soy Fred – rió su gemelo siguiéndole la broma.
Pasó el tiempo y a la una en punto pasó una bruja llevando el carrito de la comida.
- ¿Quieren algo muchachos?- les preguntó amablemente. Los gemelos se miraron y negaron con la cabeza, así que la bruja asintió con la cabeza y se fue. Qué habrían dado por tener algo de dinero y comprar algunos caramelos.
- Bueno, al menos tenemos los sándwiches- dijo Fred amargamente mirando la bolsa que les había dado su madre, abriéndola un poco y viendo un triste sándwich de carne.
- Te imaginas tener mucho dinero y poder comprarnos todo lo que siempre quisimos- dijo George soñadoramente.
-Dios, sería estupendo- contestó su hermano apoyándose en la ventana y mirando el nublado cielo.
Finalmente, luego de varias horas de viaje el tren se detuvo y todos los muchachos salieron en tropel hacia el exterior.
- Los de primer año por aquí- se escuchó una potente voz. El que los llamaba era un hombre enorme son una gran barba que le tapaba más de la mitad del rostro.
Fred y George se dirigieron hacia donde les indicaba el hombre junto a varios niños que venían por primera vez a Hogwarts. Les hicieron subirse de a cuatro en unos botes que estaban en el lago.
- Esto es genial- oyeron que decía un chico al lado suyo. Era de tez negra y sonreía hasta más no poder. Los gemelos se sentaron junto a él y otra chica en el bote.
- Hola- saludó Fred ofreciéndole la mano al chico n***o- soy Fred Weasley y este es mi hermano George.
- Hola- los saludó el chico estrujándoles la mano a ambos- me llamo Lee Jordan.
- Esto es genial ¿no?- dijo George, emocionado- no puedo esperar a ponerme el sombrero y que me diga a que casa voy a ir. Aunque espero quedar en Gryffindor.
- ¿El sombrero?- preguntó Lee- ¿Qué sombrero?
- Oh, ¿no lo sabes?- inquirió Fred entrecerrando los ojos.
- Obviamente que no genio, si lo supiera no estaría preguntando- respondió George.
- Bueno, no importa- dijo Fred alzando los hombros- cuando lleguemos a Hogwarts lo verás.
Cuando llegaron al castillo entraron por una enorme puerta que daba al comedor y todos los de primer año se pusieron en fila frente al sombrero seleccionador que estaba sobre un taburete. Una profesora se ubicó junto al taburete con un pergamino y empezó a nombrar a los de primer año.
- Abdars, Michel- dijo la profesora y un niño pasó al frente, algo tembloroso. Se puso el sombrero seleccionador en la cabeza y esperó unos segundos.
-¡Hufflepuff!- gritó el sombrero por una abertura que tenía. Los de la mesa de Hufflepuff aplaudieron con mucho entusiasmo mientras el chico se sacaba el sombrero e iba hacia la mesa de su casa.
- Beury, Temperance- dijo la profesora y una chica subió al taburete.
- No puede ser- susurró Fred a su hermano- es por orden alfabético. Estaremos años esperando.
Luego de unos cuantos niños más la profesora llamó a Lee, quien quedó en Gryffindor.
- Weasley, George- dijo la profesora cuando ya solo quedaban cuatro chicos por elegir. George subió al taburete y se colocó el sombrero. A penas esperó dos segundos a que el sombrero gritara.
¡Gryffindor!
Y el chico se unió a los de la mesa de su nueva casa.
- Weasley, Fred- dijo la profesora.
Fred subió al taburete y se colocó el sombrero
- Así que gemelos ¿no?-le susurró el sombrero en su oído- para muchos son iguales, pero para mí son abismantemente diferentes. Todo está aquí, en tu cabeza.
- Bueno, si me dejas en Gryffindor se lo haré saber a mi hermano ¿vale? - le susurró Fred, a quien le pareció oír una corta risa proveniente del sombrero al tiempo que este gritaba:
¡Gryffindor!
Al estar todos los nuevos alumnos en sus nuevas casas, el director se puso de pie. Era un hombre alto, con unos cabellos y barba larga y blanca. Tenía una mirada alegre tras sus anteojos de media luna.
- Bienvenidos -dijo el director- y sin nada más que agregar, les dijo ¡al ataque!
Y al instante las fuentes se llenaron de deliciosa y abundante comida. Los gemelos estaban atónitos, pero no tardaron en llenarse los platos con todo lo que tenían a la mano.
- Mi padre es muggle- contaba Lee a los gemelos- y se impresionó mucho cuando yo recibí la carta. Al principio creyó que era una broma.
- En mi familia somos todos magos- le dijo Fred- y todos han estado en Gryffindor.
- No podíamos romper la tradición- agregó George.- lo único malos es Percy.
- ¿Quién es Percy?- preguntó Lee.
- Nuestro perfecto hermano. Es dos años mayor que nosotros, y le ordenaron que nos cuidara- contestó George.
- Mejor dicho que nos vigilara para que nos portáramos bien- agregó Fred- pero no lo va a lograr.
- ¿Y cuántos hermanos son ustedes?- preguntó Lee.
- Oh, no muchos- respondió Fred.
- Solo siete- agregó George.
-¡Siete!, guau. Yo soy hijo único, y es bastante aburrido- les dijo Lee.
- Aunque tener un montón de hermanos no es muy interesante- dijo George- créeme, andar compartiendo todo no es muy divertido que digamos.
- Lo divertido es molestar a los menores...voy a extrañar a los pequeños- agregó Fred con fingida nostalgia.
- Bill, nuestro hermano mayor que ya salió del colegio, me contó que aquí se jugaba quidditch. Me gustaría ser parte del equipo- suspiró George.
- ¿Quidditch?- preguntó Lee.
- Oh amigo, tenemos mucho que enseñarte- le dijo Fred palmoteándole el hombro con aire de sabiduría.
Al terminar el banquete, los restos de comida desaparecieron de los platos dejándolos limpios y brillantes como al principio.
- Espero que les haya gustado el banquete- dijo el director poniéndose de pie- y ahora, a dormir para que mañana empiecen animosamente sus clases. ¡Buenas noches!
Todos los alumnos se pusieron de pie y siguieron a los prefectos de sus respectivas casas.
- Gryffindor, por aquí- dijo su hermano Charlie guiando a los de primero a través del castillo- cuidado con las escaleras. Les gusta cambiar.
Las paredes del castillos estaban cubiertas casi completamente por pinturas que se movían y los saludaban. Los nuevos alumnos miraban asombrados hacia todos lados, maravillándose con toda la decoración y magia que se podía sentir en cada rincón. Al llegar frente al retrato de una señora gorda, el prefecto dijo la contraseña y entraron a la sala común. Era grande y acogedora, y los gemelos subieron a su habitación la cual compartían con Lee y con otros dos compañeros.
- Mis hermanos mayores me dijeron que este colegio tenía un montón de misterios- le dijo George a Lee.
- Sí, y nosotros queremos averiguarlos todos- corroboró Fred, asintiendo con la cabeza- contaremos con tu ayuda ¿verdad, Lee?
- Por supuesto- dijo el chico alegremente, y los tres amigos se pusieron el pijama y se acostaron a dormir, pensando en lo divertido que iba a ser este año.