Por fin se corrió brutalmente, un grito ahogado, el cuerpo convulsionando, líquidos calientes en mi boca. Se separó un poco, respirando agitada. —Ufff… para que me vuelves loca —dijo, riéndose. Los dos nos reímos. Me puse en pie y acerqué mi pene erecto a su boca. Ella se escapó rápido, negando con la cabeza. —No, no… eso no —dijo—. Si quieres ponte un preservativo y me la metes. Pero antes de que pudiéramos hacer nada, oímos al camarero desde el otro lado de la puerta. —Lo siento, chicos, pero ya están acabando las partidas y vienen los clientes. Por favor, salid. —En un par de minutos salimos.- Respondí. Nos vestimos rápido. Blanca sacó del bolso más toallitas de papel y nos limpiamos. Cuando íbamos a salir, Blanca corrió hacia el camarero y le pagó ella. Salimos al parking. —¿Po

