—Esnifamos y follamos. Pero nada de golpes. A mí me follas con cariño. Intenté resistirme. Pero el craving que llevaba días royéndome por dentro, el estrés del día, la promesa de pasta… Me acerqué a la mesa. Cogí el trozo de Bic que me ofrecía y esnifé dos rayas. La coca mediocre entró como un rayo: quemazón en las fosas nasales, un sabor amargo en la garganta, y luego el rush. El mundo se enfocó de golpe, los colores más vivos, el corazón latiendo fuerte en el pecho, una euforia química que me borraba el cansancio y me ponía cachondo al instante. Sentí cómo la sangre corría más rápido por mis venas, cómo mi polla empezaba a endurecerse solo con el subidón. Era cutre, cortada con mierda, pero suficiente para que el despacho pareciera un paraíso y la jefa una diosa en miniatura. Ella se r

