Jugando con mi hermana 31

786 Words

La miré fijo.—Si no me tratas bien, no volveré a tocarte. Se quedó callada. Sorprendida. Humillada. Y excitada. El informe conjunto ya no importaba tanto. Nos volvimos a montar en el coche. El Prado arrancó con un ronroneo suave y ella puso primera sin mirarme. El silencio era denso, cargado. Yo ya había decidido hasta dónde quería llevar esto. Quería probar hasta qué punto la tenía dominada. —Para en el primer bar decente que veas —le ordené, con voz tranquila pero firme—. Tengo hambre. Me invitas a almorzar. Ella giró la cabeza un segundo, los ojos entrecerrados, como si fuera a protestar. Pero no dijo nada. Solo asintió y siguió conduciendo. Al cabo de diez minutos apareció un bar de carretera típico: fachada de piedra, cartel de “jatetxea” y “restaurante”, ikurriñas colgadas en las

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