Voy a besarte
Victoria Valentina llegó a su oficina resoplando de la rabia y pensando: “No es posible que en menos de una hora ese hombre me haya hecho perder la paciencia de esa forma y estamos comenzando el entrenamiento, no voy a darle gusto, ¿me quiere ver rendida?, pues vamos al segundo round”.
Salió más calmada, se dirigió a la sala de conferencias y entró diciendo:
–Bueno señores, continuemos.
–¿Continuar qué? Ya le dije que no podemos aumentar los ingresos de la Directiva si no reduce los beneficios del personal.
–Y yo le expliqué suficientemente, que el objetivo aquí no es que usted tenga más ingresos, estoy aquí para enseñarle a dirigir esta empresa respetando los acuerdos laborales.
En uno de los asientos estaba el hermano del atorrante con el que discutía Victoria Valentina, sentado como al descuido y extremadamente cómodo, paseaba su mirada entre uno y otro con expresión burlona.
–¿Hermano qué opinas? –preguntó Alonso La Cerda a su desinteresado hermano Alejandro La Cerda.
–Esta mujer es muy testaruda –respondió señalando a Victoria Valentina.
–Esta mujer tiene que obedecer nuestras instrucciones.
–Yo no estoy aquí para eso, mi objetivo es adiestrarlos para que puedan asumir el control de la empresa y mantenerla en el lugar que le ha correspondido siempre como la más eficiente y productiva en su ramo.
–Si es la más eficiente y productiva por qué el margen de utilidad para la Directiva es tan bajo.
–No es bajo –respiró profundo, tratando de no perder los estribos–, es un margen lo suficientemente aceptable para sostener sus estilos de vida, sin sacrificar la inversión que se hace en los recursos de la empresa y poder mantenerla donde está.
–¿Mantener nuestros estilos de vida? Tengo el mismo auto del año pasado –reclamó Alonso.
–El mío tiene tres años –agregó Alejandro riéndose.
–De verdad lamento su miseria –dijo con sarcasmo Victoria Valentina, pero eso es lo que es. Ahora veremos el organigrama.
–Me niego a avanzar hasta que no se defina un margen mayor en la utilidad de la Directiva, es decir mi tío, mi padre y nosotros, si ellos no han reclamado antes, yo me pronuncio en su nombre, no es posible que se destine tanto a los trabajadores y sus entretenimientos. Quiero una solución para mañana –dicho esto se retiró de la sala y dejó a Victoria Valentina conteniendo un grito.
Alejandro se aproximó a Victoria Valentina tanto que su aliento mentolado la invadió totalmente:
–Me disculpo por mi hermano, es muy vehemente y obviamente no cederá con facilidad.
Victoria Valentina levantó la vista y se sumergió en los negros ojos de él, profundos, penetrantes, sintió que la leían y descubrían como cada centímetro de su piel se estaba erizando, sin embargo, con mucho aplomo le dijo:
–¿Puede retroceder un poco? Está invadiendo mi espacio y roba parte del aire que me corresponde.
–¿Me darás clases privadas de cómo manejar la empresa?
–Por supuesto que no.
Alejandro se inclinó para besarla y en ese momento entró la secretaria de Victoria Valentina anunciándole una llamada urgente de una de las plantas. Se deslizó hacia un lado, suspirando aliviada de haber podido escapar, aunque en el fondo tenía que reconocer que había aguantado la respiración esperando el beso.
Cuando alcanzó a su secretaria esta le preguntó:
–¿Qué estaba pasando allí?
–Nada, gracias a ti.
–¿Me agradeces con sinceridad o con reproche?
–¡Por favor!
***
Alonso y Alejandro La Cerda son hijos de Adolfo La Cerda quien es el hermano mayor de Agustín La Cerda Director General del Consorcio La Cerda, ese apellido es sinónimo de poderío empresarial, un poder que supo construir con mucho éxito Doña Laura Alcántara de La Cerda, ya que enviudó siendo muy joven y se hizo cargo de manejar la empresa familiar en la cual debía sucederle su hijo mayor Adolfo, pero sufrió un terrible accidente en una competencia de lanchas de carrera y quedó cuadripléjico por lo que está confinado a una cama clínica, así que su hijo menor Agustín tomó las riendas del Consorcio y lo ha hecho muy bien, pero él en vista del retiro de su madre, la discapacidad de su hermano mayor y su soltería sin posibilidad alguna de cambiar su estado en el panorama, consideró necesario que sus sobrinos aprendieran a dirigir la empresa, ya que la única otra persona que conoce a fondo el Consorcio es Victoria Valentina, una joven muy capaz, su mano derecha y en quien confía ciegamente, pero no tiene sangre La Cerda así que no debería dirigir el negocio familiar.
Alejandro llegó a la mansión La Cerda y encontró a su hermano quien al verlo le reprochó:
–¿Por qué no me apoyaste en mi petición?
–Si te apoyo, solo que tengo un método distinto para obtener ese aumento.
–¿Cuál método? ¿Reírte de todo?
–No, conquistarla, una mujer enamorada será más dócil.
–No había pensado en esa posibilidad, averiguaré todo sobre ella.
–Hermano, es una McGovern, sus abuelos son los mayores fabricantes de turbinas para aviones y su padre es el heredero universal de esa familia, ¿cuál crees que es su posición?
–¿Qué hace con nosotros entonces? ¿Fastidiar?
–No tengo idea, solo lo menciono para que veas que ya yo hice mi tarea. Espero que no estés pensando en conquistarla también, eso de hermanos y rivales es para novelas romanticonas y dramáticas.
–¿Tienes miedo de que yo la conquiste y tú no?
–No, tú eres demasiado acartonado para ella.
–¿Cómo dijiste?
Alejandro salió del salón riendo ruidosamente.
***
Victoria Valentina recibió una videollamada de Agustín La Cerda:
–Buenas tardes Don Agustín.
–Buenas querida. Cuéntame ¿cómo te fue con mis sobrinos, en este primer día de entrenamiento?
–En cuanto mostré el cuadro con el porcentaje de utilidad Alonso estalló, está empeñado en redirigir recursos del personal hacia la Directiva, se autonombró vocero de ustedes, como no cedí, se retiró de la sala y no regresará hasta que se modifique el porcentaje. Más o menos como usted lo predijo.
–¿Y Alejandro?
–Trató de seducirme.
–¡Ay por Dios!, resultó menos inteligente de lo que pensé. ¿Qué crees Victoria Valentina?
–Será cuesta arriba, pero seguiré intentando.
–Gracias, ojalá fueras de la familia, no dudaría ni un instante en cederte la Dirección.
–Gracias a usted por la confianza. Seguiremos en contacto.
–Mano dura y avísame cualquier eventualidad.
***
Victoria Valentina salió del edificio donde trabajaba y subió a su lujoso automóvil, le gustaba el buen vivir y como podía darse el gusto se rodeaba de las cosas caras que le gustaban, su apartamento ubicado en un edificio muy elegante y exclusivo estaba exquisitamente decorado, predominando los colores gris, blanco y azul claro, lo llamaba su pedacito de cielo. Entró al mismo y se comenzó a preparar para su cita con Elliot Ragny, el guapo rubio que conoció en un evento de moda y del que se escaparon para divertirse en privado, él era un poco perverso en el sexo, pero como no le hacía daño sino que por el contrario era muy placentero, le siguió el juego, ya tenían 2 meses saliendo y disfrutando al máximo cada encuentro. Necesitaba despejarse y liberar tensiones para las posibles descargas de Alonso La Cerda el día siguiente.
Iban a la inauguración de un local así que se vistió de fiesta, él pasó a recogerla y al entrar llamaron la atención, ella alta y muy bella, él sumamente atractivo, parecían dos modelos, en la barra se oyó el bullicio por la entrada de la hermosa pareja y Alejandro volteó hacia la puerta principal para ver de quien se trataba y ¡oh sorpresa! La CEO de su tío Agustín en persona, se veía espectacular, pero demasiado cerca del hombre que la acompañaba. Se aproximó a ella porque no iba a perder la oportunidad de hablarle:
–Hola, que sorpresa verte aquí.
–Hola Alejandro, a mí también me sorprende verte aquí.
–Soy amigo del dueño.
–Yo también.
–¿Quién es tu acompañante? –preguntó Alejandro intrigado.
–Soy Elliot, novio de Victoria Valentina.
Ella lo miró sorprendida ante la revelación de Elliot, jamás había admitido en público su relación, “¿qué lo motivó hoy? ¿Acaso se sintió amenazado por el hermoso adonis llamado Alejandro?” –se preguntaba Victoria Valentina para sus adentros–. “Esta noche va a estar interesante” –pensó mientras sonreía.
–¿Aún tendremos nuestra reunión mañana temprano?
–Si, por supuesto.
–¿A pesar de las distracciones? –insistió Alejandro, mientras veía a Elliot.
–A pesar de todo –aseguró ella.
Llegó un grupo de amigos de Alejandro y se lo llevaron a la barra. Victoria Valentina se fue a bailar con Elliot. De vez en cuando su mirada se topaba con la de Alejandro, la sostenían unos segundos y continuaban cada uno en lo suyo.
***
Mientras, Alonso cenaba con su abuela y conversaban sobre la empresa.
–¿Cómo estuvo el primer día hijo?
–Terrible Abu, esa CEO que tiene tío Agustín es una tirana con la Directiva y una blandengue con los trabajadores, les da todo lo que piden y yo solicito aumento en las utilidades y se niega rotundamente.
–Agustín confía mucho en ella y entre los dos mantienen en continuo ascenso el éxito de la firma La Cerda.
–¿Y quién disfruta ese éxito? Yo te respondo: los trabajadores.
–Alonso esos trabajadores nos mantienen aquí.
–Estás hablando como ella.
–Vamos, come tranquilo, relájate y mañana vas a tu entrenamiento, la única forma de quitártela de encima es que aprendas todo lo que ella sabe.
–Entiendo, una vez que saque a esa mujer de la empresa haré lo que yo quiera.
–También está tu tío Agustín.
–Está muy viejo –señaló.
–Y estoy yo.
–Ay no, son muchos obstáculos –dijo con voz lastimera.
–Alonso ¿qué dices? –protestó Doña Laura riendo.
***
Alejandro vio a Victoria Valentina caminar hacia el pasillo de los sanitarios, la siguió y la acorraló sosteniéndola contra la pared con su cuerpo, solo se miraban, pero ella volvió a sentir su aliento mentolado ahora mezclado con licor, tomó aire y le dijo:
–Sabes que esto no es apropiado ¿verdad?
–No me importa, salgamos de aquí.
–-Vine acompañada.
–No juegues conmigo Victoria Valentina, si me provocas tienes que darme lo que ofreces.
–¿Qué está pasando aquí? –preguntó Elliot acercándose a ellos.
Alejandro se separó de Victoria Valentina y ella fue al encuentro de Elliot, explicándole:
–Nada, un malentendido de Alejandro.
Sin embargo, Elliot lo miraba desafiante y Alejandro sostenía su mirada y sonreía.
–Vámonos Elliot. –Victoria Valentina tiraba de su mano mientras se alejaban de allí.
***
A la mañana siguiente llegó Alejandro y saludó despreocupadamente, Victoria Valentina respondió al saludo y agregó:
–Espero que lo de anoche sea la última vez.
–Voy a besarte Victoria Valentina, en cualquier momento, voy a besarte.
Victoria Valentina se estremeció y se reprochó a sí misma por esa reacción. Buscó en su mente a Elliot y recordó la buena sesión que tuvieron al irse de la fiesta: “Eso VV así, solo piensa en Elliot y en cómo fue quitándote cada prenda, luego te besaba y te daba pequeños mordiscos en todo tu cuerpo hasta que te llevó a la cama y…”
–Buenos días –saludó Alonso con voz animada e interrumpiendo los pensamientos de Victoria Valentina.
–Buenos días, comencemos…
Una vez que les explicó la Visión y la Misión de la empresa, pasó a describir cada uno de los departamentos y sus funciones. Alonso tomaba notas febrilmente, mientras Alejandro distribuía su atención entre las láminas y su teléfono. Al terminar ella anunció:
–Bien, eso es todo por hoy ¿alguna pregunta?
–No, todo claro –respondió Alonso
–Si, ¿quieres almorzar conmigo?
–No Alejandro, no quiero almorzar contigo, tengo mucho pendiente. Comeré algo rápido en mi oficina. Mañana iremos a hacer un recorrido en la planta principal y posiblemente nos tome todo el día, por favor no hagan compromisos para la tarde.
–Entendido, hasta mañana –se despidió Alonso, saliendo.
Victoria Valentina estaba extrañada de la actitud de Alonso, pero la agradecía. Alejandro no se movió de su silla, seguía atento a su teléfono. Ella lo observaba disimuladamente pensando: “Es hermoso y dijo que me besaría, debería permitírselo”, recogía todos los documentos e implementos de la presentación y al voltear hacia donde estaba Alejandro ya no lo vio, no se dio cuenta cuando salió y él no se despidió.
Realmente tuvo una tarde ocupada y extenuante, fue directamente a su apartamento y estaba por servirse una copa de vino cuando tocaron a la puerta, abrió y estaba Alejandro sosteniendo una gran bolsa de plástico:
–Supongo que tu almuerzo fue insuficiente, traje comida para compensar.
–¿Qué pretendes al venir aquí?
–¿Recuerdas lo que dije esta mañana? –preguntó mientras entraba y ponía la bolsa en el suelo.
A Victoria Valentina se le secó la garganta: “¿Qué si lo recuerdo? Casi lo hago yo”. No respondió, pero ya lo tenía pegado a ella, la besó, la cargó, la desnudó y tuvo el sexo más delicioso e increíble, luego él se incorporó, tomó una ducha y con la toalla atada a la cintura se fue a la cocina a calentar la comida y servirla.
Victoria Valentina aún estaba incrédula en la cama cuando él pasó a la cocina, se levantó, se vistió y fue al comedor donde ya estaba la mesa puesta, al verla, le dijo:
–¿Por qué te vestiste?, ¿acaso no quieres postre? –le preguntó con mirada picara y sonriendo. Se acercó tomó su rostro y volvió a besarla, hurgando en todo su cuerpo con sus manos, Victoria Valentina sintió que se rendía nuevamente, él la soltó y le pidió que se sentara a comer, ella realmente no podía hacerlo, buscaba en su mente una definición para lo que sentía. Él comenzó a darle pequeños bocados y se dejó alimentar dócilmente. Al terminar de comer Alejandro le pidió:
–Ve a darte una ducha, mientras recojo todo esto.
Victoria Valentina se levantó y obedeció como una autómata. Cuando salió de la ducha Alejandro la esperaba con una toalla, la secó, volvió a alzarla en sus brazos y la depositó en la cama con delicadeza, se deslizó a su lado y volvió a hacerle el amor, esta vez sin prisa alguna. Ya amanecía cuando sintió que Alejandro le daba un tierno beso, colocaba una taza de café en la mesita al lado de su cama y le anunció que se verían en la oficina para la visita programada.
Ella se sentó en la cama, restregó sus ojos, respiró profundo y se puso las manos en la cabeza mientras se preguntaba:
–“¿Qué rayos pasó anoche VV? No fui capaz de negarle nada, lo disfruté enormemente como si estuviera perdidamente enamorada. Lo siento Elliot, pero este hombre es lo máximo en amantes. Un momento, ¿usó condón?, no me fije, no vi, ¡susto!, espero que esté muy sano porque para embarazo yo me protejo con inyecciones, pero sexo seguro no es solo evitar embarazo es prevenir una enfermedad. Que buena broma VV, ni que te hubiera hipnotizado”. –Se reprochó.
***
Se arregló y fue a la oficina, ambos hermanos ya estaban allí, entró y saludó:
–Buenos días. –Volvía a ser la CEO segura, de siempre.
–Buenos días, mi chofer nos espera –indicó Alonso La Cerda.
–No era necesario porque ya había solicitado transporte.
–Seguramente algo rústico –aseguró Alonso.
–Antes de salir, me gustaría saber qué concepto tiene usted de mí, para pensar que el transporte sería rústico.
–Seré muy franco, eres muy diligente, pero asumo que a pesar de que perteneces a la familia McGovern por tu padre, el origen de tu madre debe ser muy humilde dada tu cruzada por defender a los trabajadores.
–Permítame aclararle algo sobre mis orígenes maternos: Mi bisabuela María Teresa de Castillo es titulada en Contabilidad y manejó exitosamente su propia firma por más de 50 años. Mi abuela Virginia Castillo de Cedeño es una Diseñadora de alta costura, muy famosa y sus trajes de novia con el sello VCC son muy cotizados por su exclusividad, dentro y fuera del país. Mi madre Valeria Cedeño de McGovern es Piloto Comercial, cada una de las mujeres maravillosas que me anteceden lograron fortuna propia incrementando con creces sus patrimonios familiares. Adicionalmente –agregó Victoria Valentina– yo tengo una maestría en Negocios y manejo un Audi muy lujoso. ¿Por qué defiendo a los trabajadores? Porque son el recurso más valioso de esta y de cualquier empresa. Desmejórelos, se irán a otro empleo y veremos cómo sostiene la empresa usted solo.
–Eres una insolente Victoria Valentina –dijo un alterado Alonso.
–Investigue primero, asuma después Alonso La Cerda.
Este debate se llevó a cabo frente a la mirada divertida de Alejandro La Cerda, quien guardó silencio hasta el momento que señaló:
–Deberíamos irnos, se está haciendo tarde.
Alonso y Victoria Valentina repararon en su presencia y asintieron al mismo tiempo, Alonso se dirigió a la puerta y Victoria Valentina cerró su laptop y se apresuró a salir, Alejandro ya estaba en el umbral, le cerró el paso, la tomó por la cintura y la besó. Al soltarla le sonrió y comenzó a caminar hacia el ascensor.
“Esto no está bien” –pensó Victoria Valentina.
Llegaron a la planta principal e iniciaron el recorrido, desde su entrada los hermanos La Cerda se percataron del respeto y admiración que le profesaban los trabajadores a la CEO, así como el amplio conocimiento que ella tiene de todo el proceso y su excelente desenvolvimiento y liderazgo. Les tomó todo el día el amplio recorrido y Victoria Valentina les advirtió que había sido a grandes rasgos, ya que necesitarían varias visitas para dominar todo el proceso.
Al regresar a la oficina les preguntó si tenían alguna duda sobre la visita y ante su negativa, los convocó para asistir a una reunión del Comité de Compras, al siguiente día a las 9:00 am, por ese momento habían concluido.
Ella se dirigió a su oficina y miró de soslayo que Alejandro la seguía entonces se desvió hacia la oficina del Gerente de Compras fingiendo interés en la reunión del Comité, observó que Alejandro dudaba un momento, pero luego se devolvió. Por ahora, lo había evitado.
Elliot fue a buscarla, cenaron en un restaurante muy popular y después se fueron al apartamento de él a pasar la noche.
En el edificio de Victoria Valentina, Alejandro esperó estacionado enfrente hasta las 11:00 pm cuando se convenció a sí mismo que ella debía estar pasando el rato con el hombre que la acompañó a la fiesta. Le incomodó mucho que otro pudiera besarla y tocarla como él, sus nudillos estaban blancos por la presión que ejercían sus manos en el volante de su automóvil. Ella no debiera actuar así sí estuvo con él y le consta que muy a gusto, no pudo haber fingido sus gemidos ni el temblor de su cuerpo bajo sus caricias.