Alejandro llegó justo a las 9:00 am y la secretaria de Victoria Valentina le informó que lo esperaban en la sala de conferencias donde se reuniría el Comité, lo condujo hasta allá y al entrar le dirigió a la CEO una fría mirada, ella lo notó de inmediato, pero decidió que no se preocuparía, en ese momento.
Inició el Comité, con las exposiciones de los casos, Alonso hizo muchas preguntas, algunas incómodas cuando pretendía cuestionar decisiones de compra basadas en calidad y tiempo de entrega, antes que en un muy bajo precio. Se detenían mucho tiempo explicándole que comprar al más barato a veces les representaba mayores costos. Alejandro parecía ajeno a las discusiones, sin embargo, escribía mucho en su teléfono, Victoria Valentina quería pensar que estaba tomando notas.
Pasado el mediodía finalizó el Comité, ella fue hacia su oficina y Alejandro la interceptó:
–¿Dónde estabas anoche?
–Con mi novio.
–¿Le contaste lo que pasó entre nosotros?
Ella le dirigió una mirada cargada de cuchillos de acero.
–¿Cómo te atreves? Por supuesto que no.
–Ah, tenemos un secreto entonces.
–No me gusta tu tono sarcástico.
–A mí no me gusta que escondas lo bien que la pasaste conmigo.
–Eso fue un error.
–Largo error por cierto, toda una noche, con cena incluida, un postre muy satisfactorio y cafecito en la mañana.
–Eres un cínico.
–¿Por qué? Eso fue exactamente lo que pasó.
–Solo una vez, no volverá a suceder.
–¿Estas segura? –Alejandro dejó la pregunta en el aire, apuró el paso y subió al ascensor.
Victoria Valentina suspiró larga y profundamente, la noche anterior trató de perderse en los brazos de Elliot, pero no se sintió bien y ahora tenía a Alejandro recordándole que estuvieron juntos. No quería engañar a Elliot, no obstante, tampoco tenía una razón válida para explicarle porqué había sucumbido ante Alejandro, no lo amaba, no estaban en miras de una relación, solo había sido un momento de debilidad que disfrutó mucho, hasta el punto de pensar que Alejandro era lo máximo –se dijo a sí misma: “Ay VV ¿qué te pasa?–, entró a su oficina y se sumergió en documentos y llamadas telefónicas.
***
Al salir del ascensor en su edificio Alejandro estaba recostado de su puerta, se detuvo de inmediato sobresaltada:
–¿Qué haces aquí?
–Te hice una pregunta esta tarde y no me respondiste.
–Si, estoy segura de que no volverá a suceder.
–De acuerdo, entonces no te importará que entre y compartamos comida china que traigo aquí, como dos buenos amigos que no volverán a tener sexo juntos.
–¿Desde cuándo somos amigos?
–Desde que estás segura de que no soy tú amante.
–Ridículo, totalmente ridículo, permiso –dijo Victoria Valentina mientras abría la puerta.
–Desde su altura Alejandro se inclinó y besó su cuello, ella se estremeció de pies a cabeza, pero giró y le dijo:
–Vas a comportarte o no entras.
–Lo siento, tu perfume me inquietó.
Terminó de abrir y pasaron directamente a la barra de la cocina, Alejandro abrió los envases de comida, mientras ella disponía platos y vasos, se sentaron a comer, él de vez en cuando le daba bocados de comida, que ella aceptaba sin mirarlo, al terminar él tomó una servilleta, la humedeció y limpió los dedos de ella uno a uno, también sus labios, luego tomó su rostro y la besó, Victoria Valentina abrió su boca recibiendo el beso con ansiedad, Alejandro la llevó al sofá y esta vez ella comenzó a desabotonarle la camisa, cuando estaba jadeando esperando que la tomara, él le dijo:
–No quiero que otro hombre te toque ¿entendido?
Ella solo asintió con la cabeza y entrecerró los ojos, Alejandro la embistió como queriendo borrar de su cuerpo al hombre que se dice “su novio”.
No se quedó esa noche, desde el sofá se vistió y salió, no le gustó lo que hizo porque solo quería vengarse de ella al saber que estuvo con el novio, ¿por qué? Porque le está gustando mucho más de lo que había calculado.
Victoria lo vio alejarse y le apenó que esta vez fuera tan diferente, cedió nuevamente a los deseos de él. “No te engañes, tú lo deseabas también”. Sin importar que pasaría con Alejandro, decidió terminar con Elliot, se dio una ducha y fue al local donde siempre se reúne su novio con sus amigos, no lo encontró porque estaba en un evento de su empresa, le informó el dueño del local, agradeció el dato y se devolvió a su apartamento debido a que no estaba vestida para un evento, aunque se extrañó de que Elliot no la hubiera invitado, luego le hablaría, pero ya estaba decidida a terminar.
Al otro día llevaría a los hermanos al almacén de la planta principal, así que optó por acostarse temprano, aunque tardó mucho en conciliar el sueño, la actitud de Alejandro esa noche, la confundió, lo sintió enfadado, apenas la besó y la acarició, luego su partida sin decir ni una palabra, no sabía interpretar su comportamiento.
***
En la mañana estuvo muy temprano en su oficina, respondió unos correos hasta que le avisaron que los hermanos estaban en la salita de siempre. Se dirigió hasta allá –sintiendo que su pulso se aceleraba– entró dando los buenos días y agregó:
–Hoy iremos al almacén de la planta principal, observarán el proceso de almacenaje y de despacho.
–Espero que no haya polvo, este traje es muy costoso –señaló Alonso.
–Nuestro almacén ha sido objeto de reportajes por su organización, control y limpieza, vamos por favor.
En esta oportunidad Alejandro se adelantó y salió antes que Alonso, en el auto se sentó adelante con el chofer. Victoria Valentina pensaba: “¿Y ahora qué le pasa?”
Al volver a la oficina su secretaria le preguntó muy seria:
–¿Estás enferma? ¿Te hiciste análisis y estás esperando respuesta?
–No y no, ¿Por qué preguntas eso?
–Una Doctora Moore ha estado llamando toda la mañana. Dijo que en cuanto regresaras la llamaras.
–Okey, okey, lo haré enseguida.
Cuando llamó a la Doctora esta antes que nada le pidió disculpas, porque su enfermera había borrado accidentalmente los archivos digitales ocasionando la pérdida de controles y seguimiento de los pacientes, en consecuencia la cita para colocarle la inyección anticonceptiva tenía 45 días de retraso.
–¿Cuál es la probabilidad de que me haya embarazado durante estos 45 días, ya que he estado sexualmente activa?
–Es alta, debo examinarla primero para confirmar, antes de colocarle la inyección de nuevo, ¿Cuándo fue su último período?
–¡Rayos! –exclamó– hace un mes y soy puntual.
–¿Cuándo tuvo relaciones?
–Anoche, pero antes de ayer y el día anterior, también.
–Debemos esperar al menos 8 días para hacerle la prueba por sangre y saber si está embarazada.
“No, no, no, no, rotundamente NO, esto no es ni siquiera probable” –pensó, pero dijo:
–De acuerdo, dentro de 8 días exactos estaré en su consultorio.
Llegó a su apartamento y rechazaba todas las veces que la pregunta venía a su mente… ¿Y si estoy embarazada? Tal vez lo peor sea ¿no saber de quién?
Elliot la llamó para salir y le respondió que “estaba en esos días” y se había puesto de pésimo humor. Él era muy fiestero así que aceptó la excusa y colgó despreocupado, estaba tan aturdida que ni siquiera pensó en que quería hablar con él para terminar su relación.
El timbre de su apartamento sonó y guardó silencio, pero Alejandro dijo a través de la puerta: “Sé que estás, tu portero ya te delató, pero entiendo si me odias hoy por la forma en la que te he tratado, tal vez mañana me quieras nuevamente, te dejo algo aquí en tu puerta”.
Esperó un buen rato, cuando se sintió confiada de que se había ido abrió y encontró una bolsa con comida italiana, vino y una rosa amarilla. “¿Amarilla? La que representa la pasión es roja, creo”, tomó las cosas y entró, se dispuso a comer porque de lo único que estaba segura es que si por una casualidad improbable estaba embarazada, armaría un nuevo plan de inmediato, pero tendría a su bebé.
***
El otro día fue larguísimo, su reunión con los hermanos transcurrió sin novedad y les asignó deberes con situaciones reales de la empresa, para evaluar sus recomendaciones. Al terminar le agradeció a Alejandro la comida y se fue rápidamente a su oficina, acción inútil porque él la siguió y cerró tras de sí.
–Alejandro, ya basta, esto no está bien y te agradecería mucho que dejes de acosarme.
Tal vez el tono serio en el que habló o lo inesperado de sus palabras, lo cierto es que él se detuvo, guardó silencio, dio media vuelta y salió.
***
Alejandro La Cerda se trazó una estrategia: conquistaría a Victoria Valentina y la manejaría a su voluntad, él también tenía planes para la empresa, aunque diferían un poco de los de su hermano ya que él pretendía hacerla crecer no exprimirla como a una naranja. En el camino disfrutaría de la deliciosa mujer que era la CEO de su tío Agustín, realmente quería besarla y mientras más se acercaba y estaba a punto de lograrlo, las interrupciones incrementaban su deseo, además había notado que las reacciones de ella no eran de rechazo totalmente, haría su jugada e iría directamente a su apartamento.
Iba con la intención expresa de besarla, pero al hacerlo y sentirla tan cerca todo su cuerpo se enervó, se excitó muchísimo y disfrutó plenamente de su entrega, se perdió en ella y con ella, no lo esperaba y honestamente su comportamiento de esa noche y aún de la mañana siguiente cuando despertó a su lado y la vio dormida, confiada, hermosa, fue muy diferente a lo que había visualizado.
Besarla de nuevo confirmó su sospecha, Victoria Valentina le gustaba, aún se lamentaba de la forma en que le hizo el amor durante su segundo encuentro, pero la manera tan retadora en que le dijo que había pasado la noche con su novio lo exasperó, soportó la comida esperando calmarse, sin embargo, cuando la tuvo rendida solo pensaba en castigarla, inútilmente porque se castigó el también. No le habló en la oficina y ella no le abrió la puerta la noche anterior y no quiso presionarla, la rosa amarilla que le obsequió era para darle confianza y que no pensara que era solo sexo, pero al ir tras ella hoy y oírla decirle acosador, lo hicieron retroceder de inmediato. Le daría tiempo y espacio.
***
Fueron los 8 días más estresantes de su vida, trabajaba sin parar, les daba la instrucción a los hermanos, les asignaba una buena cantidad de deberes sobre los procedimientos de la empresa y los mantenía ocupados visitando las plantas de producción.
Alejandro no se había vuelto a acercar, ni en su apartamento, ni en la oficina, ella lo observaba cuando él estaba distraído, admiraba su bello rostro y lamentaba como había sucedido todo entre ellos.
Buscó a Elliot y terminó la relación de la forma más amable posible, él insistió, preguntó si era algo que había hecho, prometió ser mejor y hasta le dijo que se mataría si lo dejaba, ella no cedió, realmente lo que sintió en los brazos de Alejandro echaba por tierra cualquier atracción que hubiera ejercido Elliot en ella.
Tenía los nervios a flor de piel al llegar al consultorio, la hicieron pasar de inmediato porque era la última, le tomaron una muestra de sangre y mientras esperaba, trató de entretenerse leyendo las revistas viejas que había en la sala de espera, en una había una entrevista a su abuela, en otra a su madre, eso la deprimió, de pronto no se sentía digna de pertenecer a “Las mujeres de mi familia” como las llamaba siempre. Algún día escribiría un libro sobre ellas, quería que las conocieran y que sirvieran de ejemplo, aunque ella parece que no lo había seguido mucho, dada la circunstancia en la que se encontraba.
Le avisaron que estaba listo el resultado y al conocer el mismo, se disparó en su mente, el plan B.
Entró a su apartamento, comenzó a empacar, en un contenedor colocó toda la comida perecedera, llamó al portero y se la donó, cubrió con sabanas sus hermosos muebles color blanco, tomó una ducha y luego cerró bien todos los grifos, desconectó los electrodomésticos y se sentó con su laptop a redactar dos correos:
El primero para: Don Agustín La Cerda
“Ante todo deseo agradecerle su gran apoyo y su confianza, pero debo informarle que por razones estrictamente personales, me veo en la obligación de presentarle mi renuncia irrevocable y con efecto inmediato. Sus sobrinos ya saben lo necesario para hacerse cargo. Le aseguro que no fue premeditado, sin embargo, debo hacerlo sin demora alguna. Una vez más gracias por todo, siempre lo recordaré con respeto y aprecio” Victoria Valentina Mc Govern.
El segundo para: Mamá y papá
“De antemano les pido perdón por esta decisión repentina, pero voy a viajar fuera del país para desarrollar un proyecto personal, estaré fuera un largo tiempo. Prometo comunicarme con frecuencia. Les ruego no hagan preguntas que no podré responder de inmediato. Los amo infinitamente” V.V.
Lloró y mucho, luego llamó un taxi y se fue al aeropuerto, no había pensado en algún destino, lo decidiría al llegar. El vuelo más próximo a salir iba a España y para allá se dirigió.
***
En casa de sus padres era un revuelo, a pesar de ser una mujer independiente, su comportamiento distaba mucho de lo habitual, cada uno de sus viajes había sido anunciado, incluyendo cena de despedida familiar y una que otra confidencia con su abuela quien casi siempre estaba enterada con suficiente antelación, esta vez nadie, absolutamente nadie, sabía que había motivado su repentino viaje para “desarrollar un proyecto personal”, sin resignación alguna todos decidieron esperar a su próxima comunicación, porque todo era tan extraño que ni siquiera sabían cuál era su destino.
En la oficina Don Agustín convocó a reuniones de emergencia, primero con sus sobrinos a quienes sometió a un duro interrogatorio sospechando que eran la causa de la renuncia de su CEO.
–¿Renunció? –preguntó Alonso–, bueno a tiempo, igual hubiera prescindido de ella porque no la necesitamos, me haré cargo de ahora en adelante.
–Yo me haré cargo –replicó su tío– estarás aquí y veré cómo te desempeñas antes de cederte el mando.
Alejandro observaba en silencio, solo le respondió a su tío que no tenía idea del porqué se había retirado Victoria Valentina, realmente no pensaba que él fuera la causa, tenía más de una semana sin contacto directo y en el fondo sintió alivio por su partida, le había calado su relación íntima, la extrañaba, le gustaba mucho y estaba comenzando a desear encontrarse con ella de nuevo y ese no había sido su plan inicial. Si ella misma puso distancia, mejor para ambos.
Pensó que si su tío volvía a la empresa y su hermano Alonso estaba tan ansioso por dirigir todo, entonces ahora él retornaría a su propio programa de entrenamiento, anunció que se iba a Japón para hacer unos cursos, adquirir experiencia y que a su regreso se incorporaría a la empresa familiar.
Su tío apoyó su decisión de prepararse más y Alonso celebró internamente que se le estaba despejando el camino hacia el control del Consorcio.
En la siguiente reunión de Don Agustín estaban convocados los gerentes y supervisores, fueron notificados de la partida de Victoria Valentina, todos lo lamentaron y prometieron mantener los estándares establecidos por ella. La que fue su secretaria y amiga se lamentó muchísimo, ella había recibido un mensaje de su jefa desde el aeropuerto, también despidiéndose, ratificándole su aprecio y disculpándose por hacerlo de esa manera.
***
Victoria Valentina llegó a Madrid, se hospedó en un hotel cerca del aeropuerto mientras encontraba algo más permanente, se instaló, salió a comer y de regreso comenzó a buscar un lugar para vivir y que estuviera cerca de un Centro Médico para sus controles futuros.
En su largo viaje en avión se cuestionó mucho por haberse colocado en semejante situación: “Ninguna de tus mujeres ascendentes lo hizo”, “¿por qué no controlaste mejor esas inyecciones?”, “eras una profesional con una excelente posición en una de las empresas más importantes de tu país y todo eso quedó de lado por una acción totalmente descuidada”, “no tienes idea de cuál de esos hombres te embarazaste”, “todo en pausa hasta que nazca él o la bebé”, “tremenda broma te echaste, tú solita”. Muchos reproches sin ninguna palabra de aliento y sola, porque no tuvo el coraje de decirle al menos a su madre lo que estaba viviendo.
Encontró una residencia para mujeres embarazadas que ofrecía hospedaje, alimentación balanceada, ejercicios, terapia y asistencia médica completa incluyendo guardería, solo debía trasladarse desde Madrid hasta Barcelona.
Llegó a una gran villa campestre, con lindos jardines y senderos para caminar, las habitaciones con baño privado y vestidor, le dieron una cálida bienvenida y le abrieron un expediente para registrar su progreso durante su estadía. Era impresionante la organización del lugar, se sintió confiada y segura.
Con el paso de los días y sin ninguna obligación laboral por ahora, decidió escribir, sí, iniciaría el proyecto que tenía en mente desde hacía mucho tiempo, su primer libro sería sobre su bisabuela…
***
Alejandro subió al avión que lo llevaría a Japón, intentaba dormir ya que había tenido una gran noche de fiesta por su despedida con sus amigos, pero se retiró solo, las chicas de la fiesta se quedaron en el local. Cerró los ojos e inevitablemente recordó a Victoria Valentina, sus labios, sus ojos, sus largas piernas asidas a su cadera y sus pechos grandes y firmes, disfrutó mucho la primera noche que pasó con ella y hubiera querido repetirla, la segunda quería olvidarla, es más quería que ella la olvidara, lástima que tomó esa extraña y repentina decisión de marcharse. “¿Lástima?” “¿Acaso estaba lamentando su partida?” Así no debían ser las cosas, la había investigado bien, era realmente extraordinaria intelectualmente y físicamente muy hermosa, se sintió totalmente satisfecho, tal vez pudiera haber tenido una larga relación con ella. “Basta –se dijo a sí mismo– a dormir”.
En la oficina, Alonso no le perdía pisada a su tío tratando de asimilar todas las estrategias para dirigir eficientemente la empresa, aunque no abandonaba su deseo primario de aumentar el margen de utilidad para la Directiva.
Agustín La Cerda se mantenía al frente, pero cada día confiaba más en Alonso quien sonreía con maliciosa ambición cuando su tío le decía que estaba casi listo para hacerse cargo de todo. El guardaba silencio fingiendo paciencia y humildad, pero realmente estaba desesperado por destronar a su tío Agustín.
Alejandro aterrizó en Japón y se dirigió a lo que será su residencia por los próximos dos años e iniciará su entrenamiento empresarial que le dará todas las herramientas para convertir a la empresa La Cerda en la más avanzada tecnológicamente y en consecuencia la más eficaz y productiva.
Seguía pensando en la CEO, le gustaría saber ¿por qué se fue? y tal vez lo más importante ahora era ¿adónde se fue?, sabía sobre su familia, pero jamás estableció contacto así que no veía muy factible comunicarse con ellos para preguntarles por Victoria Valentina y si lo hacía cómo lo justificaba, no podía decir que se estaba sintiendo desolado ante la posibilidad de no volver a verla. “¿Desolado? ¿Acaso te enamoraste Alejandro?”, no se respondió porque ya estaba frente al mostrador donde debía registrarse.