Estoy embarazada

3389 Words
En Barcelona Victoria Valentina se dedicó a escribir y así comenzó: Mi bisabuela María Teresa fue de las primeras mujeres en estudiar Contabilidad en su país natal Venezuela, era la década de los 40s y para cuando iba a iniciar estudios comenzaba una nueva etapa política en el país, que favorecía sus planes educativos, se proponía ser en Venezuela, como “Mary Harris Smith” (la primera mujer en conseguir ser m*****o de una asociación profesional de contables en el Reino Unido), ya que allí aún era un campo reservado a los hombres, pero que ella estaba dispuesta a ocupar por su amor a los números y a la organización. Cuando cumplió el tercer mes en la Universidad Central de Venezuela, se sentía cómoda, en su elemento y una tarde que se sentó a resolver unos problemas llamó la atención de un joven que se ubicó cerca de ella a estudiar también, al poco rato él le buscó conversación:            –Buenos días señorita.            –Buenos días caballero.            –¿En qué carrera está?            –Contabilidad            –¿En serio? ¡Impresionante!            –¿Y usted?            –Ingeniería, mi nombre es Vicente Castillo, mucho gusto –dijo extendiendo su mano.            –El mío es María Teresa –indicó mientras posaba su mano en la de él. De esa sencilla conversación surgió una pareja unida por el amor, el respeto y la colaboración mutua, cada uno estaba comprometido con sus estudios y aun así su relación era muy estable y aceptada por sus respectivas familias, al graduarse comenzaron a trabajar, él en una importante empresa internacional y ella llevaba los libros contables de varias tiendas de su ciudad. A Vicente le ofrecieron en su empresa un ascenso, pero debía trasladarse a Estados Unidos, entonces le propuso matrimonio a María Teresa y celebraron su unión justo antes de partir, el viaje de Luna de Miel era también su transferencia a Florida. Una de las condiciones de Vicente para aceptar el cambio fue el obtener una oportunidad de trabajo para su esposa, pero esa oportunidad tuvo que esperar porque se embarazó enseguida, durante ese tiempo hizo validaciones para que su título fuera reconocido en Estados Unidos por lo que, al poco tiempo de nacer su hija Virginia, comenzó a trabajar desde la casa, era muy rápida, precisa y correcta en sus acciones, lo que le iba labrando excelentes referencias. A medida que su hija Virginia crecía, María Teresa aceptaba más clientes, a Vicente, su esposo, le iba muy bien en el trabajo por lo que el dinero no era problema, así que le propuso a su esposa que creara su propia firma de Contabilidad. Eso era un gran reto porque en su ramo no era frecuente contratar mujeres, hasta ahora manejaba una buena cantidad de sencillas cuentas domésticas, pero aspiraba a que las pequeñas y medianas empresas depositaran su confianza en ella. Comenzó una campaña puerta a puerta y así consiguió los primeros clientes y se aseguró de hacer un excelente trabajo para obtener reconocimiento. En poco tiempo era conocida por su eficiencia y responsabilidad, incluso se dio el lujo de rechazar ciertos clientes que reclamaban sus servicios con exclusividad, pero que a ella le parecieron negocios de dudosos manejos, así que alegando falta de tiempo y de experiencia logró eludirlos sin resquemores. Pronto comenzó a seleccionar clientes y ante la demanda por sus servicios ya no solo precisaba de la ayuda de pasantes, en su mayoría mujeres, sino que contrató profesionales contables quienes debían hacerse cargo de cuentas completas. Estaba muy satisfecha con sus logros y su esposo la felicitaba orgulloso, ambos celebraban sus triunfos profesionales porque él era un jefe de proyectos muy apreciado en su empresa, mientras, criaban a su hija Virginia con mucho amor…>>   *** En el primer control, luego de sus exámenes de ingreso a Victoria Valentina le confirmaron cinco semanas de embarazo, así inició el conteo para su probable fecha de parto, decidió entonces hacer una videollamada grupal a las mujeres de su familia:            –Hija, casi un mes sin saber de ti. –Fue lo primero que manifestó su madre.            –Hola mamá, hola abuelas.            –¿Cómo estás mi Victoria? –preguntó su bisabuela María Teresa.            –¿Dónde estás? –quiso saber su abuela Virginia.            –Óiganme por favor, quiero decirles algo. Estoy embarazada, me alejé porque me apena estar en esa situación a pesar del ejemplo de ustedes. Me confié y ahora tengo que afrontar las consecuencias, decidí que voy a tener a mi bebé, estoy en una casa de cuidados para embarazadas, ofrecen una excelente atención y me quedaré aquí hasta seis meses después del nacimiento. Me siento muy bien, lamento como están sucediendo las cosas, pero así es como quiero mantenerlo. Luego del impacto inicial por sus palabras, su bisabuela María Teresa señaló:            –Precisamente por nuestro ejemplo es que estás asumiendo tu responsabilidad en las consecuencias que provocaron tus acciones. Pudiste haber hablado aquí para contar con nuestra compañía y apoyo. Lejos de nosotras ¿quién te ayuda? Solo personas extrañas.            –No sientas tristeza o decepción por tu embarazo se reflejará en él o ella, si estás dispuesta a tener al bebé –dijo su abuela Virginia– debe sentirse querido desde ya.            –Hija, regresa cuando quieras, no te reprocharemos nada –aclaró su madre Valeria.            –Mamá, realmente no hay ningún reproche que yo no me haya hecho ya. Me quedaré aquí, voy a escribir sobre las mujeres excepcionales que me criaron y de las que estoy muy orgullosa. Necesitaré algunas fotos de ustedes y también les enviaré preguntas para incluir sus respuestas, opiniones y comentarios.  Ocuparé el tiempo de espera en eso.            –¿Dónde estás mi niña? –preguntó su abuela.            –En España, conseguí una residencia en Barcelona específicamente.            –Estás muy lejos hija –indicó su madre con pesar.            –Me mantendré en contacto, lo prometo. Saludos a papá y a los abuelos. Luego de varias palabras de cariño y aliento, finalizó la llamada, se sentía más tranquila y aunque sentía vergüenza, no fue tanta como hablarles en persona. Su madre y sus abuelas se quedaron conectadas, comentando:            –¿Qué opinan? –preguntó su madre.            –Me extraña su aislamiento –señaló su bisabuela.            –Veo dos opciones para eso –indicó su abuela– el padre del niño se desentendió y está herida o… no le quiere decir que será padre.            –Será que es casado –concluyó su madre. A ninguna de sus mujeres les pasó por la mente que ella no supiera quién es el padre de la criatura.   *** Alonso mostraba un inusual interés por los convenios que tenía la empresa con varias compañías extranjeras, su tío Agustín le hablaba en términos generales de dichos convenios argumentando que había un gran equipo conformado por profesionales expertos en esos tratos y que hasta ahora los manejaban sin problema alguno. La idea de Alonso –y así se lo exponía a su tío– era que si él se instruía lo suficiente en el manejo de los convenios no era necesario todo un equipo de profesionales que representaban un alto gasto para la empresa. Su tío hastiado le repetía una y otra vez que dejara de estar buscando a quien sustituir, porque no representaría ningún ahorro prescindir de los expertos, ya que él solo quería reemplazarlos para hacerse de sus sueldos e incrementar desmesuradamente sus ingresos. Alonso protestaba, pero su tío conocía muy bien sus reales intenciones, estaba arrepintiéndose de haberle dicho que estaba casi listo para dirigir el Consorcio y cada día extrañaba más a Valeria Valentina, había intentado convencerla de regresar mediante un correo muy extenso, pero ella respondió que por un largo tiempo no estaría en condiciones. Debido a que no fue un rechazo rotundo Don Agustín La Cerda conservaba la esperanza de su posible regreso. También se comunicó con Alejandro quien ya había iniciado su entrenamiento y le comentaba a su tío que la filosofía japonesa para el trabajo estaba muy acorde con lo establecido en la empresa La Cerda por la CEO, su tío le dijo que estaba consciente de eso y que ella había hecho algunos viajes a Japón para reforzar sus teorías, tal como estaba haciendo él. Oír hablar de Victoria Valentina, lo hizo evocar su rostro, sus labios y su cuerpo, consideraba que la había tenido por muy poco tiempo, le hubiera gustado más, mucho tiempo más. Descartó el pensamiento, diciéndose que ya habían transcurrido semanas y era tiempo de olvidarla, lo cual le estaba resultando bastante difícil.   *** Está por cumplir su tercer mes y afortunadamente no ha tenido los acostumbrados malestares, aunque sí un apetito voraz. Su madre y sus abuelas le recomendaban comer mucha fruta y eso hacía, su bebé estaba desarrollándose sanamente, por lo que se había dedicado a escribir y ya el manuscrito estaba siendo revisado por la editorial. Estaba cumpliendo su sexto mes de embarazo cuando el libro sobre su bisabuela salió de la imprenta, ella misma se encargó de la promoción y el primer ejemplar se lo dedicó a María Teresa y se lo envió por correo expreso. En los medios españoles tuvo buena cogida la historia de Victoria Valentina sobre su bisabuela, casi de inmediato le propusieron hacer un documental para llevarlo a una de las cadenas más importantes de España, estaba eufórica por el éxito inesperado y cuando le preguntaron si continuaría escribiendo no dudó en anunciar que su próximo libro sería sobre su abuela Virginia. Le pidieron una entrevista y accedió, pero puso como condición que fuera en línea porque temía que alguien ajeno a su familia supiera del embarazo y  su vientre delataba su condición.    A veces se encontraba imaginando a su bebé rubio como Eliot, pero lo descartaba al recordar que en todos sus encuentros usó preservativos, aunque dadas sus prácticas no convencionales, en cuanto a posiciones y movimientos, es posible que en algún momento pudiera haber fallado. Sin embargo cuando lo imaginó pelinegro como Alejandro su corazón dio un vuelco, si resultaba que él es el padre no tenía idea de cómo lo manejaría. Llegó el día de la entrevista en línea y se conectaron con su bisabuela quién contó algunas anécdotas adicionales, impulsando aún más la popularidad de Victoria Valentina quien confesó que su pasión es su profesión de administradora, pero que se había tomado un tiempo para llevar a cabo su sueño de escribir un libro sobre sus heroínas, al principio pensó que sería uno de todas, pero estaba resultando uno por cada una ya que había mucho que decir de ellas y sus logros. En Estados Unidos ya lo exhibían en las librerías y siendo nativa de Venezuela también se distribuyó en ese país, destacando que era una venezolana, de las primeras graduadas en la Universidad Central de Venezuela que había triunfado en el mundo contable, dentro y fuera de sus fronteras. Comenzó el rodaje del documental y Victoria Valentina estaba muy atenta de que se mantuvieran fieles a lo que había escrito porque era biográfico realmente. Al mismo tiempo inició su plan de negocios para promocionar las asesorías a empresas, tuvo que mencionar al Consorcio La Cerda ya que de allí provenía su experiencia y solo dio el nombre de Don Agustín y su número privado. Le escribió para advertirle y solicitarle apoyo en sus referencias, él estuvo encantado aunque lamentó que eso retrasaría mucho más su regreso al Consorcio, ya que aún tenía esperanzas de verla de nuevo trabajando con él. Victoria Valentina, entre sus planes también había considerado mudarse a Londres cuando su bebé tuviera seis meses de edad, allí estaban en desarrollo muchas empresas en las que podría intervenir para su organización y puesta en marcha, era otro plan ambicioso, con el cual solo buscaba mantener la distancia entre ella y Florida.   *** Elliot, aún sin aceptar que habían terminado, estuvo buscando a Victoria Valentina, interrogó a todos los amigos, fue hasta su oficina donde solo le dijeron que ya no trabajaba allí, sabía de su abuela porque se conocieron en un evento de su marca, pero en ese estudio tampoco le informaron sobre su paradero.  Terminó concluyendo que la única razón por la que había terminado con él era para irse con el tal Alejandro porque también preguntó por él y casualmente viajó casi al mismo tiempo que dejó de ver a su novia, Elliot seguía considerándola así. Le enfadó mucho que ella no fuera sincera, él fue fiel mientras salían, realmente le gustaba y podía haber sido algo serio con el tiempo. Así que continuó su vida y pronto comenzó a salir con una de las secretarias de su empresa, una empresa que había descuidado bastante por las fiestas, las cuales tenía que ir dejando de lado o su padre lo iba a desheredar.   *** Repentinamente Doña Laura Alcántara de La Cerda falleció, Agustín la Cerda sufrió un impacto de tal magnitud que fue necesario internarlo en una clínica de reposo. Alejandro regresó para asistir al funeral, acompañó a su padre que estaba muy consciente y triste por lo sucedido, pero además hizo tiempo para ir al estudio VCC, casualmente estaba la abuela Virginia y pidió hablar con ella personalmente, la esperó en una oficina bellamente decorada con mucho acero y cristal. Al cabo de un rato entró Doña Virginia, una mujer muy bella y elegante, usaba un vestido cruzado que le sentaba muy bien a su esbelta figura, altos tacones, cabello corto color plata y maquillaje sutil, extendió su mano a modo de saludo y seguidamente preguntó:            –¿Cuál es su interés en mi nieta?            –Soy Alejandro La Cerda y Victoria Valentina estaba entrenándonos a mi hermano y a mí para dirigir la empresa familiar cuando decidió marcharse, no supimos la causa y a mi particularmente me resulta extraño.            –Fue repentino, pero en realidad es algo que rondaba su mente desde hace tiempo, lo está haciendo realidad y le va muy bien.            –¿Puede decirme donde la encuentro?            –Por ahora ella no quiere ser encontrada.            –¿Le diría que pregunté por ella?            –Si por supuesto, se lo diré.            –Muchas gracias, debo irme yo vivo en Japón ahora, solo vine al funeral de mi abuela Laura –agregó Alejandro con intención de que la abuela se lo mencionara a Victoria Valentina. Virginia entendió perfectamente y le señaló:            –También le diré eso, tenga buen viaje y lamento la muerte de su abuela, he leído sobre ella y sé que fue una mujer muy tenaz y valiente.            –Así es, fue una gran mujer. Adiós Doña Virginia.            –Adiós Alejandro. Al otro día apenas terminó el servicio, Alejandro partió al aeropuerto, no sin antes visitar a su tío Agustín y decirle al oído que le deseaba una pronta recuperación, él se propuso acelerar su entrenamiento para regresar al lado de su tío. Debido a los acontecimientos recientes, Alonso comenzó a dirigir el Consorcio sin nadie que pudiera detenerlo en sus ideas. Hizo una reunión con los Gerentes Generales del Consorcio ajustando el presupuesto, canceló los proyectos de expansión, redirigió órdenes de compra hacía las ofertas más económicas, eliminó el gimnasio y redujo la asistencia médica a un botiquín de primeros auxilios en cada piso ya que no podían tener una clínica allí, suspendió el plan vacacional para hijos de los trabajadores, así como la entrega de juguetes y obsequios por Navidad, tampoco habría cena de Acción de Gracias alegó que esas fiestas eran familiares y que cada quien debía hacerlas en su casa.  Despidió a todos los asesores expertos argumentando que no aportaban más valor del que ya habían dado, así que los empleados podían continuar por su cuenta, eso y muchas otras cosas más ejecutó Alonso, lo cual no resultó en menos gastos, sino que todo el dinero que se usaba en los planes que canceló o suspendió fue a parar a un “fondo especial” administrado celosamente por él. En menos de tres meses se notaba el resultado negativo de sus acciones, sin embargo no cedía, fue incapaz de reconocer que estaba equivocado y que llevaría el Consorcio al colapso, por otro lado, se las arregló para mantener a su tío en el hogar de cuidado totalmente sin voluntad debido a los medicamentos, por los que pagaba una fortuna para que se los suministraran a Don Agustín sin objeción alguna. Alejandro llamaba con frecuencia para saber cómo marchaban las cosas y aparte de decirle que todo estaba bien, Alonso también mentía sobre el estado de salud del tío Agustín diciendo que cada día estaba más ajeno a la realidad. Alejandro se lamentaba y le explicaba a su hermano que haría todo lo posible por acortar su ausencia, Alonso lo alentaba a continuar para que pudiera regresar bien preparado y acompañarlo a dirigir el Consorcio exitosamente.   *** Antes de informar a Victoria Valentina, Virginia llamó a María Teresa y a Valeria:            –Hola mamá, hola hija.            –¿Cómo estás? –preguntó María Teresa.            –Estoy bien, pero quiero comentarles algo, hoy hablé con Alejandro La Cerda, vino a preguntar por la niña.            –Victoria Valentina trabajaba con él ¿no? –indagó María Teresa.            –Sí, dijo que ella los entrenaba y que ante su marcha repentina se había extrañado.            –¿Qué piensas? Si nos llamaste algo tienes en mente –señaló Valeria.            –Verán, hace varias semanas otro hombre fue al estudio y preguntó por Victoria Valentina, ahora viene este también, ¿será que la niña se metió en un triángulo amoroso y al no poder decidir se marchó?            –Mamá recuerda que está embarazada –indicó Valeria            –¿Y si no sabe de quién es? –comentó María Teresa.            –Nuestra niña entre dos hombres, jugó con fuego y se quemó –sentenció Virginia.            –¿Quién hablará con ella? –preguntó María Teresa.            –Pues las tres y ahora mismo –dijo Valeria.            –Hola mamá, hola abuelas ¿qué pasó? Están muy serias.            –Victoria Valentina McGovern Cedeño, no sabes quién es el padre de tu bebé ¿verdad? Victoria Valentina perdió el color del rostro, quedó boquiabierta, al fin tomó un poco de aire y pudo decir:            –¿Cómo saben?            –Un chico te buscó hace tiempo, no supe su nombre y esta mañana Alejandro La Cerda se presentó en mi oficina muy interesado, por cierto ahora vive en Japón –explicó Virginia.            –El primero debe ser Elliot salí con él un par de meses, aún estábamos en la etapa de saber si era serio o no.            –¿Y con Alejandro? –preguntó Valeria.            –Bueno de pronto comencé a trabajar con Alejandro y trastornó todo, no tuvimos una relación real fue… no sé qué fue. ¿Dijiste que ahora vive en Japón? –manifestó Victoria Valentina.            –Si me lo dijo con toda la intención de que te lo comentara, estuvo aquí para el funeral de su abuela Laura –comentó Virginia.            –¡Cielos! ¿Murió Doña Laura? ¿Y Don Agustín cómo está? –se preocupó Victoria Valentina.            –No tengo idea mi niña, la verdad no le pregunté –respondió Virginia.            –¿Se puede saber por qué dudas sobre quién es el padre? –indagó Valeria.            –Porque estuve con Elliot, al otro día con Alejandro, luego con Elliot y volví a estar con Alejandro. Su abuela Virginia puso sus manos en su cabeza y señaló:            –¡Demasiada información!, ¿no había forma más discreta de decirlo?            –Lo siento abuela –dijo apenada Victoria Valentina.            –¿Por qué no usaste anticonceptivos? –señaló Virginia.            –Estaba confiada en unas inyecciones que me colocaba cada 180 días y resulta que por un error en el consultorio, se retrasó todo por 45 días, así que en ese tiempo estuve expuesta y en riesgo.            –¿Cuál es tu plan entonces? –quiso saber Valeria.            –Tener al bebé y con el tiempo ver a quien se parece.            –¡Jesús Bendito! –exclamó María Teresa. No soy puritana, pero esto es como mucho para asimilar.            –Entonces, una vez determines a quien se parece, ¿le dirás al padre que tiene un hijo contigo? –preguntó Valeria.            –No tengo otra opción y no pienso decirle a ninguno de los dos, hasta estar segura.    
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