Mi segundo libro

3625 Words
Ya Victoria Valentina está por cumplir el séptimo mes de embarazo, su vientre sigue creciendo, no obstante se ha sentido tan bien que se mantiene activa trabajando con el Director del documental, con el Guionista y reuniéndose con las actrices que personifican a su bisabuela en las diferentes décadas de su vida, será un documental de una hora de transmisión, pero requiere mucho trabajo y dedicación. Las ventas del libro le han producido excelentes dividendos y continúa la campaña publicitaria para la segunda edición y creando la expectativa para el libro sobre su abuela Virginia, “el cual ya debería estar escribiendo” se dice a sí misma. Tanto Elliot como Alejandro la han contactado por las r************* ya que al ser tan publicitado el libro, era absurdo pensar que no se enterarían. La conversación con Elliot no fue amable porque él estaba muy molesto: Elliot: ¿Cómo es posible que te desaparecieras apenas terminaste conmigo? Victoria Valentina: Tuve que hacerlo, al momento no medí el alcance de mi acción. Elliot: Pensé que íbamos camino a algo serio ¿desde cuándo te veías con ese Alejandro? Victoria Valentina: ¿Qué dices? Elliot: Sé que te fuiste con él, averigüé todo y se fueron de aquí casi al mismo tiempo. Victoria Valentina: Pero no juntos Elliot, no me fui con nadie, estoy sola, dedicada a mi libro y a los compromisos surgidos por el mismo. Elliot: No te creo, casi me pierdo en la empresa por ti, te busqué como loco y nadie sabía nada. Victoria Valentina: No le di explicaciones a nadie, sin embargo hablé contigo sinceramente, no era justo mantener una relación que no iba a ninguna parte porque yo no me sentía enamorada, solo te pido que disculpes mi comportamiento, tal vez pronto pueda darte una explicación más detallada, pero por ahora no puedo decirte nada más. Elliot: Confiaba en ti ¿sabes? –dicho esto se mantuvo en silencio, luego aparecía como desconectado, así que Victoria Valentina tampoco siguió comunicándose. Alejandro quiso hacer videollamada y ella no aceptó, su cara estaba muy redonda por el embarazo y no quería dar ningún indicio, así que le pidió llamada normal:            –Hola Alejandro.            –Hola desaparecida, ¿qué delito cometiste, para huir así?            –Tengo mis razones, no para huir, pero sí para alejarme un tiempo de todo.            –¿Tanto te estresó mi hermano que tuviste que salir de la empresa intempestivamente?            –Él no fue la causa de mi retiro, al menos no en ese momento, tal vez más adelante si me hubiera puesto en esa posición.            –¿Dónde estás? Quiero verte –dijo Alejandro en un susurro. Victoria Valentina cerró los ojos, oír su voz tan varonil susurrar en su oído, la hizo evocar sus besos.            –No –pudo decir– no es posible por ahora, supe que estás en Japón. –Si estoy en entrenamiento empresarial, me va muy bien por cierto, así podré regresar al Consorcio, mi tío está muy mal de salud y Alonso está a cargo, él dice que todo está bien, pero he recibido una cantidad de noticias preocupantes, espero que a mi regreso, todavía quede algo por salvar. –¿Y está solo entonces haciendo y deshaciendo? Porque supe que Doña Laura falleció. –Más deshaciendo que otra cosa, si la abuela estuviera se hubiera hecho cargo ella misma.          –Pero ¿por qué Don Agustín está tan mal? –No lo sé es lo que dice Alonso, sigue internado y sin voluntad desde que murió mi abuela. –Lo lamento, es un hombre muy recto y activo ¿qué pudo haberle pasado? –Aparentemente la depresión hizo estragos en él. ¿Ya pasó el tiempo suficiente para que me digas dónde estás? –¿Para eso conversabas tanto? –Victoria Valentina esbozó una sonrisa. –Necesito besarte de nuevo, esperaba no extrañarte, pero lo hago, cada día más. –Por ahora no, pero te prometo que sabrás de mí a su debido tiempo. –Tanto misterio. –No hay misterio, adiós Alejandro. –Hasta pronto Victoria Valentina. Victoria Valentina quedó pensativa, solo oírlo la estremecía, “ojalá seas el padre de mi bebé, así tendré por siempre un pedacito de ti, de verdad no espero nada más”.   *** El Consorcio La Cerda estaba quedando muy mal con los clientes ya que Alonso se negó a pagar por el mantenimiento preventivo de las costosas maquinarias y cuando se dañaban resultaba muy laborioso ponerlas en funcionamiento de nuevo, eso provocaba atrasos en producción, en almacenaje y en despacho. Él se paseaba por la planta como un capataz de otro siglo, culpando a todos por los retrasos y no atendía razón alguna que implicara gastar más de lo que había asignado, lo cual era insuficiente para mantener operaciones. Sus viajes a Ibiza eran legendarios y estaban documentados en todas las crónicas sociales. Alejandro vivía realmente inquieto con toda la información que le llegaba, así que decidió hacer un viaje sin notificación alguna, aprovechando que Alonso se había ausentado. Su primera visita fue al hogar donde estaba su tío y bajo amenaza de actuar judicialmente contra todo el lugar, pudo ver a su tío ya que le negaron el acceso al llegar, gracias a los sobornos que pagó a las enfermeras se pudo enterar que su hermano destinaba grandes sumas de dinero tanto para el centro como para el doctor que atendía a su tío, siempre y cuando lo mantuvieran aislado y medicado, se lo llevó de allí inmediatamente y lo ingresó en otro centro para que lo desintoxicaran, esto le llevó todo ese primer día, por lo que tuvo que esperar hasta el día siguiente para ir a la empresa, no podía dormir por la rabia que lo consumía, pero estaba dispuesto a actuar hasta las últimas consecuencias, porque lo que había hecho su hermano con su tío era criminal y no se lo perdonaría. Llegó a primera hora a la oficina, se veía desolada y era el área que antes tenía mucho movimiento porque concentraba los pedidos y despachos de los clientes, así como los pedidos y recibos de insumos para las operaciones de producción. Quedaban algunos Supervisores porque necesitaban trabajar, la mayoría de los Gerentes había sucumbido ante las absurdas y destructivas ideas de Alonso; de los expertos no quedaba ninguno, en la planta había pocos empleados y tenían que trabajar por turnos.  Alejandro tenía sentimientos encontrados y en el momento en que entró a la nueva oficina de Alonso y notó la extravagante además de costosa decoración quiso prenderle fuego a todo. De inmediato puso manos a la obra, buscó reportes y no encontró nada, salvo algunos registros que llevaban manualmente los empleados de la planta, ya que Alonso eliminó las computadoras diciéndoles que eran obreros y no oficinistas. Cada aspecto que revisaba Alejandro daba cuenta del deficiente manejo de la empresa, de la malversación del dinero por parte de su hermano y de la cantidad de obligaciones pendientes con empleados, clientes y asociados; al comunicarse con ellos recibió montones de denuncias y demandas. Adicionalmente Alonso se había convertido en tutor legal de su padre y su tío por lo que –Alejando no sabía cómo– ahora manejaba la herencia que les otorgó Doña Laura a sus hijos Agustín y Adolfo La Cerda. Alejandro necesitó todo un grupo de abogados para atender los diferentes casos, aunque lo primero era anular todos los poderes legales que se había adjudicado Alonso, a quien le suspendió todas las tarjetas y cuentas ya que estaba bajo investigación penal.   *** Alonso estaba en Ibiza disfrutando de unas “merecidas vacaciones” según le decía a su acompañante de ese día, un chico muy joven, de cabello abundante y rizado que enmarcaba un hermoso rostro. Pidió bebidas y al momento de cancelar, le rechazaron la tarjeta, probó dos tarjetas más e histérico insultó al mesero y al barman, vociferando que no sabían hacer debidamente su trabajo, cargó todo a la habitación, pero cuando pasó por recepción le advirtieron que tendría que cancelar en efectivo o cheque, ya que habían recibido el aviso de que sus tarjeta estaban suspendidas. Él no creía lo que le decían, entonces extendió un cheque que fue rechazado por falta de fondos, llamó al banco y le notificaron que su cuenta había sido bloqueada, por segundos sentía cólera, seguidamente lloriqueaba y pronunciaba amenazas al vació. El chico decidió empacar y salir sigilosamente mientras Alonso gritaba en el balcón que: “alguien iba a pagar por lo que le estaba sucediendo”. El hotel destruyó sus tarjetas entre gritos e insultos, dejó allí todo el efectivo que tenía y ofreció algunas joyas muy valiosas, para las cuales le sugirieron que las vendiera y llevara el dinero para poder recuperar sus pertenencias que quedarían confiscadas hasta que cancelara su deuda. Por su actitud arrogante de siempre, Alonso no había hecho amigos, así que no tenía a quien llamar para pedir ayuda, tuvo que vender las joyas, pero con el dinero que obtuvo se fue al aeropuerto y compro un boleto de regreso a su casa. Al llegar a su apartamento, lo encontró vacío y con un aviso de desalojo por conducta criminal, creyó que se volvería loco, no entendía que estaba pasando, fue a casa de su abuela y encontró a Alejandro, se quedó de una pieza al ver el rostro de su hermano con una dura expresión de reproche.            –Hermano ¿qué haces aquí?            –Eres un ser despreciable Alonso, ¿cómo pudiste confinar al tío Agustín y pagar para incapacitarlo?            –¡Que absurda acusación! Él está muy deprimido.            –Mentira –gritó Alejandro. Ya me enteré de todo lo que hiciste en ese dichoso centro, te informo que el médico que te ayudó está detenido. ¿Y la empresa? ¿Qué pasó por tu cabeza para destruirla así?            –Solo ajusté gastos, te dije que esa CEO desviaba nuestras utilidades a los trabajadores.            –¿Y tu forma de arreglarlo fue quedarte con todo el dinero de la empresa? ¿Eres estúpido? No queda nada, acabaste con todo lo que la abuela creó y que el tío Agustín había mantenido por años.            –¿Acaso tú tienes algo que ver con la cancelación de mis tarjetas y mi cuenta?            –Y aún debes mucho dinero, te dejo fuera de la cárcel si devuelves todo lo que robaste, porque eso fue lo que hiciste, robaste a la empresa, robaste a la familia y tienes un cargo pendiente porque tu cómplice médico está contando todo lo que le obligaste a hacer, no entiendo cómo pudiste comportarte de esa forma tan baja y ruin.            –Deja el drama, que estabas entrenándote para hacer lo mismo, solo que más disimulado, igual te hubieras apropiado de todo.            –Sal de mi vista –ordenó Alejandro visiblemente molesto.            –Mi apartamento está embargado, me quedaré aquí.            –No puedes aparecer por la empresa y cuando el tío se recupere vendrá aquí y tendrás que irte.            –¿Adónde voy a ir? –preguntó con voz lastimera.            –El infierno te acomodaría bien.   *** Victoria Valentina inició su segundo libro, con ocho meses de embarazo y gozando de buena salud, estaba tranquila y relajada para comenzar su nuevo relato: Mi abuela Virginia Castillo me contó que siempre soñó con ser una gran diseñadora de modas, se imaginaba elaborando vestidos de gala que serían utilizados en las grandes fiestas, por las mujeres más elegantes de muchas ciudades: Durante su infancia Virginia no se mostraba muy entusiasmada en la escuela, pasaba horas dibujando y después convertía esos dibujos en originales vestidos para sus muñecas. Sus padres le decían que la apoyarían en su vocación, pero que debía tener una buena base educativa de respaldo. Ella accedió a regañadientes porque quería dedicar todo su tiempo a diseñar y confeccionar vestidos.  Terminó la primaria, luego la secundaria, tomó todos los cursos de diseño y confección que pudo, corría 1971 cuando inició su profesión modestamente, elaborando los trajes de novia de todas las mujeres casaderas de su ciudad, además los vestidos de 15 o 16 de las jovencitas, ya estaba obteniendo mucho reconocimiento cuando comenzaron a remodelar el local justo al lado de donde ella tenía su taller de costura, en pocos días el ruido del martillo y de algo como objetos pesados golpeando contra la pared, que además hacían que se sobresaltara provocándole más de un pinchazo, la obligaron a presentarse en dicho lugar preguntando por el encargado, la atendió un hombre alto, fornido, de cabello y cejas de un n***o intenso, con los ojos de un gris claro casi transparentes, por un momento Virginia olvidó a qué había ido a ese local, pero se compuso rápidamente y demandó:            –Quiero hablar con el responsable de tanto ruido.            –Son varios señora –explicó respetuoso el hombre.            –Señorita –replicó Virginia.            –Mejor aún –aclaró el hombre sonriendo–. Le decía que son varios porque están trabajando en diferentes sectores al mismo tiempo, ya que el tiempo nos apremia.            –Resulta que yo trabajo justo al lado, mi trabajo es muy creativo, requiere concentración y más de una vez me han hecho saltar de la silla y me he herido con el susto.            –Lamento que se haya herido, pero respecto al ruido no se detendrá hasta mañana que terminemos de derrumbar todo.            –Entonces cerraré mi taller y regresaré pasado mañana, espero sinceramente que no golpeen nada más, porque si es así volveré a hablar con usted.            –Si me promete que volverá, le juro que voy a golpear la pared con mis propios puños.            –No le ayuda ser tan zalamero, se lo aseguro.            –¿Y qué me ayudaría para tener su amistad?            –Comience por dejar de hacer ruido.            –A partir de pasado mañana, podrá trabajar tranquila.            –Eso espero, buenos días.            –Buenos días, ¿señorita…?            –Virginia Castillo.            –Yo soy Lorenzo Cedeño, para servirle hoy y siempre.            –No exagere, adiós.            –Hasta pasado mañana. Virginia fue a su taller a buscar las prendas que podía trabajar en la casa donde también tenía una máquina de coser para ajustes de último momento, iba pensando en que el hombre del ruido era realmente buenmozo, pero seguro no era de fiar porque se esmeraba mucho en su galantería y ella a sus 19 años ya estaba bien prevenida de los hombres así, todos lo que se le habían acercado con tanta lisonja luego querían una “prueba de su amor”, prueba que no estaba dispuesta a dar si no había un cura de por medio. Cuando sus padres notaron que se había regresado a la casa para continuar cosiendo le preguntaron qué pasaba y les explicó:            –En el local de al lado están construyendo y tanto ruido de martillo me sobresalta, no me puedo concentrar.            –¿Qué están construyendo? –preguntó su padre.            –No tengo idea, sé que tienen prisa y que a partir de pasado mañana podré volver a mi taller.            –Daré una vuelta para averiguar que van a poner allí –expresó su padre con preocupación–. Tomó su sombrero y salió. Virginia se dedicó a sus labores y su madre María Teresa la ayudaba con algunos detalles finales. Al cabo de un rato regresó su padre anunciando:            –Pondrán un restaurante, el dueño es un apasionado de la cocina y de trato muy agradable, me dio un recorrido por la construcción y me invitó a la inauguración, le aseguré que asistiría con mi esposa y mi hija.            –Puede ser una buena oportunidad, las damas que vayan al restaurante pudieran encargarte alguna prenda, habrá que hacer la vitrina más llamativa –indicó su madre con mucho ingenio. El día que Virginia regresó a su taller ya llevaba media mañana sin golpes bruscos cuando llegó el hombre de los ojos grises con dos cafés, diciendo:            –Buenos días, he cumplido mi promesa y vengo a tomarme un café con usted para celebrar su regreso.            –Buenos días, acepto el café porque me encanta.            –Me alegro mucho, ¿cómo ha estado?            –Muy bien gracias, ¿cómo va su trabajo?            –Avanzando a grandes pasos, espero terminar la próxima semana.            –¿Tiene otros pendientes?            –No, esta es la única obra, la termino y me dedicaré a lo que me gusta. Virginia no consideró apropiado indagar sobre qué cosa le gustaba a ese hombre, así que por el momento, se quedó con la duda. A partir de ese día y casi a la misma hora Lorenzo Cedeño llegaba al taller con los dos cafés, conversaban mucho, se reían y poco a poco la comodidad entre ellos se hacía presente. Lorenzo le dijo a Virginia que en dos días terminaría la remodelación y quería invitarla a la inauguración del local, ella le informó que ya estaba invitada porque su padre había conocido al dueño, entonces Lorenzo le preguntó:            –¿Tu padre conoce al dueño? ¿Cómo sucedió eso?            –Mi padre vino a dar una vuelta los días que me quedé en casa por el ruido, entonces conoció al dueño quien le dio un recorrido y lo invitó.            –¿Entonces vendrás a la fiesta?            –Sí, vendré con mis padres.            –¡Excelente! Lorenzo pensó que sería una oportunidad perfecta de pedir permiso para salir con ella. Llegó el día de la inauguración, la invitación era para las 5:00 pm, mi abuela Virginia y mis bisabuelos María Teresa y Vicente Castillo, se prepararon para estar puntuales en el local a la hora señalada: Virginia se arregló muy bien por la ilusión de ver a Lorenzo en la fiesta y cuando entraron y su padre lo saludó cordialmente, lo miró con asombro ¡Lorenzo es el dueño del restaurante! Y le caía bien a su papá. Lorenzo no perdió tiempo así que les dijo:            –Señor Castillo, señora Castillo quisiera pedir su permiso para invitar a salir a su hija Virginia.            –Primero deberíamos saber qué opina ella –alegó su madre.            –Yo estoy de acuerdo, quiero salir con él –expuso tímidamente Virginia.            –Entonces tiene nuestro permiso –concluyó su padre. Así inició la relación de Virginia Castillo con Lorenzo Cedeño, paralelamente Lorenzo se mantenía al frente de su restaurante el cual cada día sumaba clientes por la excelente comida a precios accesibles, algunas veces debían esperar afuera mientras se hacía un lugar en el interior. Al mismo tiempo Virginia se destacaba en el diseño y confección de trajes de novia, sobre todo después de que fue elegida por una de las jóvenes más distinguidas de la ciudad para que elaborara su traje de boda y el de la recepción. En las crónica sociales se mencionaba que su espectacular traje fue obra de Virginia Castillo, así que otras damas de alta sociedad que no querían ser menos, también la contrataron para sus trajes, Virginia se vio obligada a buscar ayudantes por tanta demanda que tenía.  No descuidaba su romance y cuando Lorenzo pidió su mano fue un día muy feliz para ambos, hijo de madre soltera porque cuando fue concebido su padre estaba casado, ella lo acompañó a la cena que se organizó para celebrar el compromiso. Se casarían en un año a partir de esa fecha y Virginia suele contar que tenía tantas ideas para su propio vestido de novia que gastó hojas y hojas de papel, tratando de decidirse por uno. Finalmente escogió y comenzó su confección. El día fijado para la boda Virginia estaba deslumbrante, recogió su largo cabello en dos clinejas que rodearon su cabeza y las adornó con diminutas flores silvestres, se veía angelical y el hombre que la esperaba en el altar, era la viva estampa de la elegancia, formaron una hermosa pareja, la ceremonia fue sencilla, la fiesta muy animada y los nuevos esposos partieron en un viaje por tierra para recorrer varios pueblitos pintorescos de las afueras de la ciudad. Regresaron con la gran disposición de trabajar en sus negocios y apoyarse incondicionalmente, Lorenzo hizo una puerta de comunicación al fondo de los locales por donde se colaba en las mañanas con la tasa de café para su amada y por donde pasaba Virginia para almorzar juntos cada tarde, continuaron atendiendo sus negocios, el restaurante tenía muchos clientes y el taller se mantenía muy ocupado, en ambos locales se vieron en la necesidad de contratar más personal y una revista de moda estaba interesada en hacerle un reportaje a Virginia porque sus diseños eran innovadores, lo que estaba llamando mucho la atención. Estaba muy ocupada preparando todo para la entrevista cuando entró Lorenzo con la acostumbrada taza de café y Virginia le imploró que se la llevara, tampoco quiso almorzar porque todo olía a cebolla, Lorenzo sonrió y en la tarde les comentó estas reacciones a su madre y a su suegra, los tres concluyeron en que había un bebé en camino. Lorenzo llevó a Virginia al médico y confirmó el embarazo, Virginia adelgazó mucho los primeros meses porque solo comía frutas y vegetales verdes, lo demás: ¡Olía a cebolla! Con el reportaje la clientela aumentó, entonces Virginia adquirió otro local muy cercano que serviría para almacén y despacho. Se sentía muy satisfecha, su sueño de niña lo hizo realidad a los 18 años y ahora a los 21 gracias a su ingenio y dedicación era muy reconocida, aunque se retiraría unas pocas semanas para dar a luz a su bebé, que resultó ser una niña a quien pusieron el nombre de Valeria, hermosa, tenía la piel canela de su madre con los ojos grises de su padre>>.          
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD