CAPITULO 4

3558 Words
IV. CLASE EXTENSA. —tu casa es muy linda— opinó Estela al entrar a mi casa y observaba detalladamente. He notado que eso es algo que ella suele hacer siempre; detallar las cosas con mucha determinación. —Gracias— respondí mientras también observaba mi misma casa. Siendo sincero, llevaba toda mi vida viviendo en esta casa y jamás la había realmente detallado. Podría decir que era muy hermosa. Una sala muy amplia, repleta de cuadros con paisajes pintados en ellos y otros con fotografías, había una alfombra negra peluda en el centro de tres sofás color crema, que se encontraban en casi el medio de la sala. Una lámpara en cada una de las esquinas y una colgando del techo. Dos paredes que se encontraban de frente estaba pintadas de color crema y las otras dos de color n***o. La cerámica de suelo era de mármol blanca muy reluciente, tanto así que podría ver tu reflejo en ella. Realmente todo era muy bonito. En mi mente comenzaron a viajar los recuerdos que tenía con mi hermana y con mis padres cuándo no eran como lo son ahora. Antes todos éramos felices y unidos; éramos una hermosa familia. ¿Quien iba a pensar que cambiaría todo de la noches a la mañana? —¿Te encuentras bien? — Estela me preguntó, sacándome de mi modo observador, haciendo que girara mi cabeza hacia ella, la cual se encontraba mirándome. Mis ojos se había humedecido un poco al recordar aquello y no me había dado cuenta. Las seque rápidamente mis ojos y suspiré en melancólica—De toda mi vida que llevo viviendo en esta casa, jamás la había detallado.— confesé mientras mi vista viajaba del rostro de Estela hasta cada cosa que adornaba la sala. — realmente es linda. —¿Hablas en serio? —Hablo en serio—afirme. Ella, sin decir más nada, quitó su mirada de mí y viajo hasta unos de los cuadros que se encontraban guindando en una de las paredes, pude ver cómo su ceño se frunció un poco y camino cautelosa hacia el cuadro. —¿Es tu hermana? —pregunto al estar en frente del antes mencionado — o mejor dicho ¿Tu melliza? —corrijió — porque son muy idénticos. Mi melliza... —Sí. Es mi melliza— musité tristemente. —¿Dónde está? —inquirió quitando su vista del cuadro para luego mirarme a mí. No iba darle explicaciones a ella tan solo para matar su curiosidad, mucho menos a una desconocida, además, es tema era muy doloroso para mí y lo menos que hubiera querido era poner a llorar. —Vive con mis abuelos en otra ciudad— respondí de una manera odiosa, girando hacia mí izquierda donde quedaba como otra especie de sala más pequeña qué la otra, en el cual estaba un gran televisión pantalla plana, un mueble largo y una mesa donde yo siempre hacia los pocos trabajos del colegio. Y en realidad era sierto. Sarah vivía con mis abuelos en otra "ciudad", ya que ambos de mis abuelos por parte de mamá había fallecido muchos antes que ella. Los tres vivían juntos en el lugar que hay después de la muerte. Me lanzé sobre el largo mueble marrón que había en esta otra pequeña sala quedando con mi espalda y cabeza sobre la misma con mis piernas colgando. Estela me siguió hasta donde yo estába con el ceño mucho más fruncido y con una pizca de enojo. —¿Que sucede contigo? —demando irritada. Me senté de un solo golpe en el mueble y la mire también con el ceño fruncido. —no sucede nada conmigo ¿O acaso no te conformaste con la respuesta que te dí?— ataque molesto. —No me refiero eso. — aclaró— Es por tu mal humor. —¿Y eso que; que tenga un mal humor? —¿Siempre eres así? —giro los ojos. —no, no siempre lo fuí. Lo soy desde que Sarah murió. — respondí rápidamente en un ladrido sin darme cuenta lo que decía, pero cuando lo hice, supe que le había contado lo que menos hubiese querido. Su rostro se relajó y noté una pizca de tristeza. —Sarah es tu melliza... — musito pensativa. No quería empezar a hablar sobre ella; no quería contarle lo que sucedió con ella. No quería revivir el momento. Mi mal humor se esfumó y llegó la tristeza. Pasé mis manos por mi cara en gesto de frustración y mire en reloj que estaba en la pared. 6:15 pm. —Son las seis y cuarto, deberíamos empezar ahora.— dije tratando de cambiar el tema. —De acuerdo— aceptó, acercándose a la mesa que estaba en frente de el largo mueble donde yo me encontraba sentado. Coloco su mochila sobre la mesa y se sentó decentemente en el suelo al frente de la mesa. Me pareció de muy mala educación permitirle que se sentará ahí habiéndo suficiente espacio en el mueble para los dos, así que me arrime hacia la orilla, dejándole un espacio para que ella se sentará ahí. Ella notó el gesto, se levantó del suelo y se sentó en el espacio que le había dejado. —Gracias. — agradeció al sentarse. Yo solo le regale una ligera sonrisa de labios cerrados la cual me salió un poco entristecida. Ella sacó un cuaderno y un lápiz de su mochila y se preparó a anotar todo lo que yo le fuese a decir acerca de la clase. Está vez si no hubo ningún tipo de interrupción y pude darle a Estela todo lo que debería saber para la evaluación de mañana y mientras yo me explicaba, alla iba anotando cada cosa que yo le decía y en ningún momento dejó de prestarme atención. Los minutos pasaron y ni los noté. Me sentía también muy concentrado en lo que le decía a la albina, de hecho, esto hasta me sirvió para repasar y que no se me fuese a olvidar algo a la hora de la evaluación. La incomodidad que yo creí que estaría entre nosotros, no estuvo presente en ningún momento. Tenía muchísimo tiempo que alguien no prestaba atención a lo que yo decía, a pesar que tengo a mi mejor amigo y Amelia, ellos no me prestaban tanta atención como Estela lo estaba haciendo. Pero claro, no debía ilusionarme tanto porque se trataba de algo que a ella le convenía; estudiar para la evaluación. De seguro ni esta chica deseaba ser mi amiga. El sonido cuando un auto se estaciona llegó a mis oído, haciendo que me detuviera en lo que le leía a Estela y, desde donde estaba sentado, observé el auto n***o de mi papá a través de la ventana por un espació que la cortina no cubría. Mis padres. Habían llegaron de quien sabe dónde. Quité mi vista de ahí y continúe con lo que le estaba leyendo a rubia, y sin preguntarme nada, solo siguió escuchando lo que continúe a decirle. Unos segundos después, escuche el sonido de las llaves cuando la introducen en la cerradura, seguido del mínimo rechinar de la puerta al ser abierta. Primero entro mi padre y seguido de él, mi madre. El hombre vestido de un traje n***o solo siguió su camino sin ni siquiera mirarme. —Cariño llegaste... —Me saludó mamá enseguida que entró y al notar a Estela su voz disminuyó —Con una chica — musito para si misma. —Ella es Estela — la presente en tono un poco odioso sin quitar la mirada del libro que me encontraba leyendole a Estela. —Mucho gusto linda— dijo mi mamá a la albina. Estela le regalo una tímida y muy linda sonrisa de boca abierta: —mucho gusto igualmente, señora. Elevé la vista hacia mi mamá y le dí una mirada fugaz que decía ¡MARCHATE!. —Los dejo— despidió mi mamá al entender la mirada que le acababa de dar y dicho ésto, siguió el mismo camino de mi padre. —Tienes los ojos de tu madre.— comentó Estela al momento que mi mamá que fué. —Todos dicen eso.— le dí la razón. —Es porque es cierto. —claro que lo es —volví a darle la razón. Y sí era sierto. Yo había nacido con los ojos de mi mamá. Unos ojos verdes muy claro que con el sol podrían tornarse como un tono gris. Mi vista viajo del rostro de Estela, hacia el reloj, que se encontraba el la pared a la derecha de ella. Wow. ¡Eran casi las 12! ¿En qué momento había pasado tanto tiempo? —No es por correrte Estela, pero ya es casi media noche y si te voy... —¡¿Media noche?!— expresó asombrada interrumpiendome y girando su cabeza para mirar también el reloj. — ¿En qué momento paso tanto tiempo? Lo mismo que yo me había preguntado. —No lo se. —admití — y creo que ya te dije todo lo que debería saber. — hice todo lo posible en no sonar odioso y lo logré. —De verdad te lo agradezco mucho, Russell— agradeció en una enorme sonrisa, diciendo mi apellido énfasis. —No hay de que, Marcus— imite la forma en que dijo lo anterior. Ambos nos sonreímos y sentí fallecer, porque de verdad que su sonrisa era muy hermosa. Tenía los dientes muy derechos y blancos. Duramos así por tan solo unos segundos; ambos sonriendo, mirándonos cara a cara; yo observando su hermosa sonrisa y ella seguramente mis ojos. Cuando reaccionamos, ella tomo cada una de sus cosas y las guardo rápidamente dentro de su mochila. Al ella recoger todo, nos dirijimos a la puerta principal para salir. Abrí la puerta y le permití que saliera primero. En el momento que crucé la puerta principal, un frío horrible golpeó contra mi cuerpo y pude notar que a Estela también sintió ese frío, ella se abrazó a si misma tratando de entrar en calor. Ella llevaba puerta una falta beige de pliegues un poco más arriba de sus rodillas, con una franela negra y tenis blancos. No tendría que esperar a que me dijera que tenía frío para notarlo, porque si yo con jeans y sudadera lo sentía terriblemente no podía imaginar el frío que ella tendría con esa ropa. —Espera un momento — avise para luego volver adentro de mi casa en busca de alguna chaqueta para ofrecersela. Me dirijí hacia la pequeña sala de dónde veníamos, la cual en la pared había un perchero dónde ahí colgamos nuestras chaquetas. Tomé la mía más cercana y salí rápidamente de nuevo de la casa. —Póntelo — se la ofrecí al salir, mientras cerraba la puerta detrás de mí. —No tenías que... —Es lo menos que puedo hacer.— le interrumpí con una sonrisa. Ella, con mucha pena, tomo la chaqueta y se la colocó después de pensarlo durante unos pequeños segundos. —Gracias — dijo al tenerla puesta. No le respondí con palabras sino le dí una sonrisa de labios cerrados, para luego comenzar a caminar rumbo a su casa, la cual ella ya me había dicho donde quedaba. —Me caes bien — dijo mirando al oscuro cielo. —¿Por qué? Si soy odioso. — pregunté, frunciendo en ceño. —Pero tienes lindos gestos. ¿Tengo lindos gestos? ¿Había sido eso un cumplido? —¿Ofrecerte una chaqueta lo ves como un lindo gesto? —¡Claro que lo es! —hizo una pausa— al menos para mí lo es. Realmente esta chica era muy diferente al resto de las demás chicas, porque hoy en día, para ellas, un lindo gesto es tener s3x0 o cosas así. Me dió demaciada curiosidad la razón por la cual no quitaba su mirada del cielo, así que me atreví a preguntar: —¿Que tanto miras en el cielo?— pregunté cambiando el tema, mientras también miraba el cielo. Ella no me respondió, sino que siguió mirandolo al igual que yo mientras caminaba e ignoró mi pregunta. —¿Jamás te lo han dicho?— inquirio quitando por fin su vista del cielo para fijarla sobre mí. —¿Jamás me han dicho que? — pregunte confundido a su pregunta. —Que tienes lindos gestos. —completo para que yo entendiera. Siendo sincero, no. Jamás me lo han dicho, porque jamás le había hecho a alguien lo que a ella le llama un lindo gesto. —No. —negué. —Entonces seré la primera que lo haya dicho. — comentó alegremente. —Y no tan solo la primera que me lo hayas dicho, sino la primera a la que le haya hecho un lindo gesto. [...] Ya había llegado la hora de alistarme para ir a la institución y de verdad que hoy estaba muy entusiasmado por asistir, supongo que es porque me sentía bien preparado para la evaluación. Me vestí de lo muy casual como siempre, con unos jeans azul claros y una franela holgada azul marino, con unos Converse negros y una gorra del mismo color. Tomé mi mochila, y sin despedirme de mis padres que se encontraba en la sala grande haciendo quien sabe qué, salí de mi casa. No había almorzado, pero no me importó porque me podría comprar cualquier cosa en el comedor de la institución. Nunca he sido alguien de comer mucho y menos de importarme si comían o no. Pero a pesar de mi falta de apetito, no lucía flaco ni nada por el estilo. El tiempo estaba muy fresco hoy; el cielo estaba de un azul muy claro y sin ningún rastro de alguna nube gris, de verdad que no parecía medio día sino aún las diez de la mañana. La institución quedaba a unos diez minutos, más o menos, de mi casa, así que no necesitaba ningún tipo de transporte para llegar. Caminaba muy relajado y alegre, algo que en mí era un poco raro. Me sentí de muy buen humor. Hoy había amanecido con bueno humor. Al estar cerca, la primera persona que divisé fue a Amelia, la cuál se encontraba parada en la entrada, mirando a todas partes como si buscará a alguien. Me buscaba a mí. Ella al verme, su rostro se volvió muy serio, tanto así que supuse que estaba muy enojada. Pero la pregunta era ¿Por qué? Seguro ya se había enterado que la nueva fue a tu casa, y estaba celosa. Hablo mi subconsciente. Cuando estuve a tan solo unas centímetros de distancia, me sorprendió demaciado su reacción: Rompió por completo los centímetros que nos separaban y sus labios fueron directos hacia los míos. Me besó como siempre lo hacía; tan apasionado como ella solo lo saber hacer. Creo que estoy ya me estaba fastidiando o ¿Aburriendo? En seguida que nos separamos, ella tomo mi rostro en sus manos y suspiro. —Sabes que aunque no tengamos la etiquetica, eres mío. No quería empezar de nuevo con ese tema, estoy de buen humor y no lo quería arruinar con nuestras peleas de solo amigos con derechos. —Ya hemos hablado de esto, Amelia— masculle girando los ojos mientras me zarfaba de sus manos. Ya yo le había sido sincero, que lo que ambos teníamos realmente no significaba mucho; que solo éramos amigos con derechos. Nada más eso. De verdad que yo ahora no quería nada serio con nadie, de hecho, creo que ni siquiera nunca. No quería comprometerme con nadie. No soy el tipo de chico que se enamora. —Con el tiempo, se que cambiarás de opinión.— aseguro muy firme para luego girar sobre sus pies y marcharse. Yo seguí mi camino hacia el salon de clases, con un poco de mal humor, todo gracias al estúpido comentario de Amelia que tanto me molestaba escuchar de su parte. No podría negar lo hermosa que ella era en su totalidad pero tampoco sería alguien con quién quisiera formar una —quizás— futura familia o talvez algo un poco más serio. Caminé directamente hacia el salón y entré enseguida que llegué, sin ni siquiera tratar de disimular ahora mi mal humor. Al entrar, la primera persona con que mi vista chocó fue con Estela. Se encontraba sentada en el mismo pupitre de anteayer y ayer, con su mandíbula afincada en si mano izquierda, escribiendo algo en su libretica. Me preguntaba que tanto escribía en esa libreta y porque la llevaba con ella a todas partes, pero obviamente no se lo preguntaría. Seguro sea su diario. El salón no se encontraban completamente lleno, solo unos cuantos sentados y otros de pie charlando con otros compañeros. Caminé al pupitre vacío que estaba a su lado, y al estar a tan solo unos pasos, ella elevó lentamente su mirada y al verme me regaló una alegre y contagiosa sonrisa mostrando las perlas blancas que tenía como dientes, haciendo que mi mal humor de hace uno segundos se esfumara de una manera increíble. Le devolví la misma alegre y contagiosa sonrisa. —Hola— y saludé mientras me sentaba a su lado como anteayer. —Te veo muy alegre— Bromeó como saludo. Aunque era algo que es sierto. —Tambien lo he notado— Le seguí la broma. Ella río. Era la primera vez que oía su risa. Era la primera vez que mi respiración se detenía por la risa de alguien. Era la primera vez que alguien causará eso en mí. Era la primera vez... —Hazlo otra vez— pedí sin aún poder recuperar el aire, admirado por su risa, sin ni siquiera darme cuenta de lo que salía de mi boca. Pero bueno, ya lo había hecho. —¿Que vuelvo a hacer?— preguntó confundida, frunciendo el ceño. —Vuelve a reír. —¿Que haga qué? — preguntó soltando una risita tímida, pero lo que pregunto lo hizo no porque no lo hubiese escuchado sino como si no lo creyera. Su risa era algo que... Algo que... Algo que no sabría explicar. —Ya lo hiciste. —señale, refiriéndome que inconscientemente hizo lo que pedí. Ella iba a decir algo pero en ese momento la profesora de castellano entró y la interumpió: —Buenas tardes, alumnos.— saludo al entrar — Cómo ya saben, hoy les toca la evaluación y espero que todos estén preparados. Vamos a empezar ya mismo porque le aseguraré que no será muy corta que digamos y para que todo terminen a tiempo, se empezará ahora mismo. —informo ella— así que los quiero ver con su pareja y nada más sobre sus pupitres su hoja de examen, lápices... La profesora siguió hablando pero sentí el mundo volverse en cámara lenta y el sonido del los alrededores desvanecerse cuándo sentí a alguien susurrar entres risitas a mi oído: —Gracias. Estela. [...] Los minutos pasaron y ya nos habíamos tocado entregar nuestra evaluación y estoy seguro que nos había ido muy bien, al menos me sentí muy seguro al momento de responder las preguntas. Esperábamos todos en silencio, mientras la profesora corregía las evaluaciones e iba llamando para entregarla a el perteneciente. El que iba recibiendo la evaluación corregida, iba saliendo a la vez del salón, porque tocaba química y tendríamos que ir al laboratorio. Mas de medio salón les habían entregado la evaluación y salido en seguida. Estaba seguro que seríamos los últimos en darnos la evaluación porque creo que fuimos los últimos en entregar, ya que nos tomamos tiempo en responder cada preguntas de una manera muy sabía. Y sí, no me equivoqué. Fuimos los últimos en recibirla. Ambos nos levantamos hacía la profesora en cuanto ella nos llamó y juntos recibimos la evaluación con la calificación rallada en grande con bolígrafo rojo. 19. Habíamos obtenido un diecinueve. Una gran alegría corrió por mis venas, y fue como si jamás hubieses sacado buenas notas. Claro, la razón era porque no llevaba mucho tiempo que sacaba una nota así porque nada me había importado. —Es una muy buena nota.— comentó Estela alegremente. —¡Claro que lo es! — chillé. —Felicitaciones, la mayor nota la obtuvieron ustedes dos. — nos felicitó la profesora, contándo. —¡Maravilloso! — celebro Estela. Luego de eso, ambos caminamos hacia la puerta del salón, le dí espacio para que Estela pasara primero y cuando yo la cruzé, la profesora me llamó: —¡Russell! Me detuve y gire mi cabeza hacia ella —dígame, profesora— le dije sin regresarme al interior del salón. Como Estela había escuchado cuando la profesora me llamó, se detuvo también a esperarme. —Si deseas, puedes cambiar de compañero y volver con el que antes tenías para realizar el trabajo escrito.— ofreció ella mientras se acercaba a mí. ¿Acaso ella había cambiado de parecer? —No, gracias — dije sin más. —¿Estás seguro? — preguntó ella. Quité la mirada de la profesora y giré mi cabeza hacía a Estela que se encontraban esperándome a tan solo unos pasos de mí. Y sí ya había empezado está evaluación con ella, ¿Cómo podría reemplazarla? —Mas seguro que nunca— confirme, mirando fijamente con una sonrisa a la chica rubia. ☆☆☆☆
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD