CAPITULO 1

2423 Words
I. YA NADA IMPORTA Nada importa. Ya nada me importa. Todo me parece tan patético que ni tengo la mínima intención de intentar algo de nuevo, ni siquiera por el bien de mi pobre y triste vida. Soy todo un fracaso; la vergüenza de mi padre y la tristeza de mi madre. "Eres un caso perdido" eso es lo que mi padre siempre me dice, pero claro, él no sabe cuánto me duele en el corazón escuchar eso de su parte, pero creo que tiene razón. Y a mamá... Yo solo le doy lastima a ella. Nada me importa ya, tanto así que ni ellos. Y pues claro, yo tampoco les importo ya que ninguno de los dos hace nada por ayudarme ni apoyarme, ni siquiera son capaces de averiguar lo realmente me sucede. Todo cambio hace dos años cuando Sarah, mi melliza, murió en un accidente con su skateboard, después de ese día nada fue igual. A según mis padres, lo que a ella le pasó fue mi culpa, pero en realidad nada fue como ellos creen. Ahora estoy solo, a pesar de que tenga muchas personas a mí al rededor nadie es como lo era Sarah o mis padres antes de que ella se marchara de este mundo. —Una falta más de su parte y queda suspendido ¿Le quedo claro, Russell?—me advierte él director del instituto dónde yo curso el último año, sacándome de mis pensamientos. Claro, cómo podría omitir mi comportamiento en el colegio. Está es la tercera o ya cuarta vez, no lo sé, que me llevan a la dirección en tal solo 3 meses que llevamos de clases, ya que mi conducta no es la mejor que digamos. No puedo negar que soy un grosero con los profesores solo porque les caigo mal a todos y todos me caen mal a mí, me saltó las clases que más me aburren, discuto con algunos compañeros y me encanta usar gorras dentro del instituto, la cual están prohibidas, pero mi rebeldía es mayor y las uso de todas formas. Estaba en mi hora de receso perdiendo el tiempo con este viejo tan fastidioso, por una tontería. A pesar que no soy un mal estudiante —académicamente— ya no le pongo las mismas ganas como lo hacía hace unos dos años atrás. Mis notas pasaron de ser exelente a regular, pero eso tampoco les importa a mis padres. La manera de olvidar un poco por lo que he pasado es al montar en mi skateboard, lo cual amo hacer siempre, porque me ayuda a olvidar la basura que soy, pero mi padre me lo tienen prohibido por lo que le pasó a mi hermana, cómo si me fuese a suceder lo mismo que ella. Ignorando que literalmente fue su culpa. Así que tengo que salir a patinar a escondidas, y como ya no me importa nada, me vale poco desobedecer a mis padres, específicamente a mi padre. —¿Quedo claro? — el director volvió a repetir al no recibir ningúna respuesta de mi parte, sacándome nuevamente de mis vagos pensamientos. Asentí con la cabeza de la mala gana y proseguí a levantarme de mi asiento para salir de su oficina y alejarme de su asquerosa presencia. Salí enojado de ahí, cerrando de un golpe la puerta detrás de mí. Pude escuchar como el director me llamo desde el otro lado de la puerta en forma de regaño, pero solo lo ignore. Mi mejor amigo, Jonas, se encontraba a unos pasos de la puerta de la dirección esperando a que yo saliera y le contara lo que me dijo el director. Es un metiche payaso —ya que a todo le busca un lado chistoso— pero agradable persona. —¿Que te dijo el tío ese?— me preguntó Jonas acercándose hacia mí, enseguida que me vió salir. —deja de creerte español—le comenté con fastidio, volteando los ojos, por su manera de decir el 'tio'. El siempre cambia las palabras de nuestro país por las de otros. —bien...¿Que te dijo el director?— Dijo él con énfasis, arreglando su pregunta. —Una falta más de su parte y queda suspendido ¿Le quedo claro, Russell?— repito lo último que el director me dijo en manera burlona. —El no entiende tu fabulosa manera de divertirte,—burla—que aburrido es.—bufó Me habían llevado a la dirección porque me encontraron rayando obscenidades en una pared del instituto y eso obviamente está prohibido. Sí, lo sé, por la manera más estúpida que existe. —Deja de molestar, Bell. No estoy de humor para tus chistes— me quejé y traté de alejarme de él. Realmente no estoy de humor. Me encontraba enojado, por razones no específicas. Creo que me estoy volviendo bipolar, porque a veces me enojo o me entristesco sin ningún motivo, o tal vez si lo hay; el mundo es patético. —que odioso— me dijo haciendo un puchero para luego alejarse de mí. Bueno, describiré a mi mejor amigo, Jonas Bell; es un gran chico de cabello marrón con ojos del mismo color que de todo saca un chiste, un poco molesto pero comprensivo. El entiende perfectamente mis cambios de humor repentinos y no me juzga. Lo conozco desde muy pequeño y siempre ha sido como es. Tuvo un pequeño e inocente romance con mi hermana Sarah, mucho antes que ella falleciera y esa es la razón por la qué el entiende más. Cuando Bell se alejo de mí, seguí mi camino. No tenía intenciones de entrar a a clases después del receso, porque cuando me enojaba, todo me fastidiaba, hasta mi materia preferida: matemáticas. Sí, cómo ya dije: no soy un mal estudiante académicamente, así que me encanta las matemáticas. En eso que caminaba directo a la salida del instituto, alguien tiró suavemente de mi brazo haciendo que me voltiara hacia esa persona... —Oye, Rus. Se trataba de nada más ni nada menos que Amelia Brown; una chica peliroja muy hermosa de ojos grises, alta y con un buen cuerpo. Ella y yo somos algo así cómo amigos con derechos, porque aunque no tenemos la etiqueta de novios igualmente nos besamos, nos celamos, peleamos y todo lo que hacen unos novios. Yo iba tan sumergido en mi ira que ni note que le había pasado por un lado. Iba a saludarla igualmente, pero en cuestión de segundos ya se encontraba comiendo mis labios. Ella tiene esa costumbre de cada vez que me ve después de unas horas, me besa como si el mundo se fuese acabar o si tuviera años sin verme. Pero eso no me molesta para nada, más bien lo disfruto bastante. Así que le devolví igualmente el beso. Mis amigos siempre me dicen que soy tonto por no pedirle el empate a Amelia, ya que tanto me gusta, pero mi respuesta siempre es que no quiero comprometerme con nadie ahora —ni nunca—. Segundos después, ella suelta mi boca y yo logro recuperar el aire. —Hola, Amelia— le devuelvo el saludo en un jadeo, al terminar de besuquiarnos apasionadamente. —¿A dónde ibas tan apresurado que ni me notaste?—me pregunta ella, acariciando mi cabello y mirando mis ojos y yo los suyos. —no iba apresurado, solo sumergido en mis pensamientos—le aclaro. —¿Y que hacías caminando hacia la salida?— inquiere señalando hacia donde yo me dirija. Y aquí vamos, ya va empezar a hacerme todo tipo de preguntas para saber el motivo por el cual estaba por escaparme del colegio y luego sus charlas para que yo tomé conciencia de lo que haré estará mal. Decidí no responder a su absurda pregunta por la sencilla razón que es tan obvio que sí me voy a escapar. Al no recibir ningúna respuesta de mi parte. Cambió su pregunta por una más sensata: —vamos Zack, ¿Ahora que sucedió? —me llevaron a la dirección—le confesé sin más rodeos.— otra vez. —¿Y ahora que hiciste? ¿Volviste a discutir con Ryan? Ryan es un compañero de mi salón la cual no soporto; bueno, realmente no soporto a casi nadie, pero él es uno de ellos que menos soporto. Ya llevó 3 años seguidos estudiando con él. La razón es porque es un gran idiota que se la da de buenote y siempre me está buscando problemas, y yo por supuesto, le sigo la corriente y casi siempre terminamos cayendonos a golpes. —No. — le respondí refiriéndome a qué no fue Ryan. —Está vez fue porque me encontraron rallado obscenidades en una pared.— le cuente encogiendo mis hombros restándole importancia. —¿Es en serio Zack? ¿Obcenidades? —me preguntó ella en forma de regaño. —no es tanto la obcenidad sino el hecho de rallar la pared.— le dijo en forma muy obvia. —También ibas a jubilarte, ¿Sierto?— me preguntó muy seria levantando una de sus cejas —vamos a Amelia, no me hables como si tú tampoco lo hayas hecho.— ataqué con molestia rodeando mis ojos. Amelia en varias ocasiones me había acompañado en mis escapes, aventuras y locuras, pero yo sé que ella lo hace como si su obligación fuese cuidarme de cualquiera de las estupideces que hago. Además hoy era viernes, así que ¿Para que preocuparse tanto si me escapó? Los viernes se debería salir temprano. —claro—confiesa —pero no lo hago seguido, de hecho se pueden contar... No quería seguir hablando con ella y mucho menos seguir escuchando sus regaños. Lo único que quería era escaparme del colegio, llegar a mi casa, tomar mi skateboard y salir a escondidas a patinar un rato. Quería salir a olvidar la basura que soy. —¿Sabes Amelia? Realmente no quiero conversar sobre esto ahora, ¿Si? —le confieso elevando la comisura de mis labios. —quiero llegar a mi casa... —tranquilo, no tienes que darme explicaciones. —me interrumpe acariciando mi mejilla con su mano. — anda, no te delataré. Al ella terminar de decir eso, le regalé una cálida sonrisa como un gracias para darle un corto beso en sus rosados labios y seguir mi camino. [...] Apenas eran las cuatro y media de la tarde, y se supone que a esta hora aún debía estar en clases, porque la hora de entrada al instituto es al medio día y salimos a las seis. Mis padres no se encontraban en casa, lo cual no es nada extraño, ya que ambos trabajan en una línea en un aeropuerto y casi siempre están de viaje, y por esa razón es muy raro que se la pasen el casa. Su trabajo no era así en un pasado, pero como ya dije, todo cambio cuando Sarah falleció, supongo que su manera de no recordarla demasiado es estar lo más lejos pasible de casa o de mi, ya que yo soy igualito físicamente a ella y eso es muy obvio porque éramos mellizos. Cómo me hace falta mi hermana; mi querida hermana, Sarah. A veces siento enloquecer en la soledad y vacío de mi casa; en la necesidad tan grande de un cálido y amoroso abrazo de mis padres que signifique 'estamos aquí' o 'no estas solo'. Me coloqué unas de mis gorras de color negra y al salir de mi habitación me dirijí al fondo de el largo y oscuro pasillo que da con mi cuarto, para llegar a la puerta de un pequeño armario que mis padres utilizan para guardar cajas con cosas que no usan. Ahí, en ese armario que está en el fondo, entre esas cajas y cosa que mis padres guardan, tengo escondido mi skateboard. Mis padres no saben que yo la tengo ahí y muchos menos que yo aún la uso a escondidas. Pero ¿Que padres no se dan de cuenta lo que su hijo hace o no hace? Ellos. Ellos son los únicos que no saben nada de mí. Corro la puerta plegable de la misma y remuevo varias cajas para poder sacar de entre ellas mi skateboard de madera, color negra con varias pegatinas pegadas a la misma por la parte de abajo, tenía un estilo Tumblr. Ya al tener en mis manos la patineta, salgo de mi casa por la puerta trasera, para ir un rato al skatepark. Un skatepark es un área que está diseñada con rampas y obstáculos para patinar en skateboard. Tengo el privilegio de que en la ciudad donde vivo hay una y aunque no quede muy cerca de mi casa, disfruto el trayecto hasta allá en mi skate. . Después de patinar, tengo otra parada que hacer; un lugar en dónde me encanta pasarla solo. Cerca de mi casa, unas personas millonarias iban a construir un gran edificio, pero por razones del dueño, no siguieron la construcción, así que solo queda la base de lo que sería el edificio. Suena raro pero sí, me encanta estar solo en lugares como si estuvieran abandonados. La base del edificio la construyeron hasta donde sería el sexto piso. Desde ahí puedo ver mi casa y una pequeña parte de dónde yo vivo. En ese sexto piso, es donde yo siempre realmente me la paso, hay un mueble tamaño grande que quien sabe cómo llego ahí pero yo igualmente me siento en el, tengo un cajas de madera que utilizó como unas mesitas que sobre ellas tengo unos retratos de mi hermana conmigo, no hay ningún bombillo pero no hace falta porque con la luz de la luna y el de la ciudad, se mantiene un poco alumbrada. Mantengo el lugar limpio —sin basura— pero el polvo es mi compañía de siempre ahí. Jamás he llevado a nadie conmigo para allá ni siquiera a Amelia, de hecho, nadie sabe que yo voy todas las tarde-noches. Lo tomo algo demaciado personal como para invitar alguna persona o contarle esto a alguien, ya que este es mi lugar para desahogarme y llorar hasta donde más no poder. Justamente ahora mismo me encontraba en ese lugar, acostado en el gran sofá, boca arriba mirando el techo que se le ve los bloques por la falta del frizado; neutro, sin ninguna expresión en mi rostro, solo con mis ojos bien abiertos y mi pecho subiendo y bajando por mi respiración. Este sitio lo llamo Mi Lugar Secreto. Solo mío. ☆☆☆☆
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD