CAPITULO 2

2920 Words
II. LA CHICA NUEVA Que fastidio. Hoy tenía fastidio como siempre, ya que era lunes, y los lunes se deben llegar mucho más temprano que el resto de los días de la semana. No sé realmente para qué, pero bueno, hay que cumplir. Y para variar, en la primera hora tenemos una evaluación en el área de castellano, la cual es muy "importante" y no puedo faltar a esa hora o llegar tarde, al menos que quiera perder esa nota y no es algo que me convenga en estoy tiempos, por mi papá. Amelia y yo nos encontrábamos en la esquina del pasillo en dónde se encontraba nuestro salón, besándonos apasionadamente como siempre lo hacemos. Luego de unos segundos de constantemente besuqueo, como ella pudo se separó de mí. —Zack, deberíamos entrar al salón. —dijo, tomando mis rostro es sus manos. No le hice caso a lo que ella dijo y continúe besándola. Pero ella me volvió a apartar en gesto como si esto le incomodara y mirándola extraño, le pregunté: —¿Sucede algo?— fruncí mi ceño y la mire a los ojos. —bueno... —su voz se fue desvaneciendo —Sí — pronunció de repente en un tono mucho más alto —ahí viene la profesora. Deberíamos entrar ahora mismo. —señaló hacía detrás de mí Gire mi cabeza hacía dónde ella aún señalaba, y sí, ahí venía la profesora. —De acuerdo, entremos. —acepte al final. Ya dentro del salón, me senté junto a Jonás porque Amelia se fue a sentar con sus amigas, a una larga distancia de la mía pero eso no me molestaba, ya que no éramos novios —aunque no era tampoco motivo de molestarse—. La profesora de castellano entró al salón, enseguida que el último alumno tomó asiento, pero ella, algo fuera de lo habitual, no entró al salon sola como de siempre. Hoy, la profesora Patridge entró acompañada de una chica; una chica albina, digo, no era una rubia cualquiera ya que su cabello se tornaba de un amarillo muy claro, ya casi llegando al color blanco. Tenía muchísimo tiempo que no veía a alguien así. El cabello liso y rubio de la chica le repasaba sus hombros. Tenía unos ojos verdes, no como los míos sino un verde mucho mas intensos. Era alta, pero no más alta que yo; también delgada. Le calculé a la chica unos 17 o 18 años. Por micro-segundos, la mirada de la chica y la mía se encontraron. De verdad que sus ojos eran tan verdes que parecían dos piedras de esmeraldas. Sus mejillas tenía un color carmesí a igual que sus orejas, supongo que por lo blanco que es ella, o ¿Acaso se había sonrojado al verme? Tache de mi mente ese pensamiento. —Muy buenas tardes, alumnos. —la profesora saludo para luego continuar—: Hoy tendremos una nueva integrante a la clase. —dijo refiriéndome a la chica albina —¿Tu apellido cariño? —pregunto en un tono muy bajo hacía la chica. —Marcus. —respondió ella. No sé sí su repuesta la dió para todos o solamente a la profesora, porque lo dijo muy bajo, casi inaudible. No entiendo porque los profesores nos tienen que llamar a nosotros por nuestro apellido, para eso no nos hubiesen puesto nombres. Me parece tan formal llamar a alguien de esa manera. —Marcus— repitió la profesora está vez para que todo el salón pudiera escuchar. —puedes tomar asiento— le ordenó a ella. La albina, hizo una leve asentimiento con su cabeza y caminó hacia el frente donde había un asiento vacío. En cuanto la chica tomó asiento,la profesora se puso a dar una breve clases de lo que sería la evaluación para que la chica nueva se pusiera al día. Marcus, se había sentado a mi izquierda a nivel de mi asiento y lo que la separaba de el mío era otra columna de pupitres. No podía dejar de ver cómo ella se encontraba tan concentrada en lo que profesora estaba hablando. No quitaba ni un segundo su mirada hacía al frente. —¿Te parece linda? — Jonas susurro a mi oido, haciendo que me volteara bruscamente hacia él. —¿Que? ¡No! ¿Estás loco? — exclamé también susurrando. —pues, llevas rato mirándola.— me informa relajado. Realmente no sabía que tanto tiempo llevaba observándola pero estoy muy seguro que no llevaba rato. Así que me defendí: —Eso no es cierto— farfullé, negando con la cabeza. —suenas nervioso. —tampoco es sierto.— volví a negar. —no le diré nada a Amelia, tranquilo. Eso me hizo enojar—primero, Amelia no es mi novia; — aclare —segundo, no tienes nada que ocultar porque ni siquiera la estaba observando— mentí. —mientes— canturreó él. —no miento— volví a mentir. —si lo haces— insistió él. —no lo hago. —que si lo haces— canturreó pícaramente, en voz bajá. —¡Que no!— El fue tan insistente que me hizo perder la poca paciencia que me entregaron al nacer y soltará en voz alta, dando un golpe a mi mesa, tanto así que todo el salón volteo a vernos. En seguida la profesora se indignó por esa falta de respeto de interrumpir su breve clases: —¡Russell! — me regaño en un grito —No me sorprende que seas tú. Ahora mismo ustedes dos se me separan— me señaló para luego señalar a Jonás que se encontraba sentado a mi lado porque íbamos a realizar la evaluación juntos. Pero al ver que ninguno de los dos hicimos un intento por levantarnos de nuestro asientos, volvió a ordenar —: Ahora mismo. —Profesora Patridge, nosotros dos vamos a realizar la evaluación juntos, no ...— trato de explicar Jonas muy relajado, la razón por la cual no nos podríamos separar pero la profesora lo interrumpió. —Eso a mi no me importa. Ustedes dos son unos falta de respeto, así que ahora mismos los dos se cambian. — escupió la profesora a los dos; luego su mirada cayó sobre mí y me ordenó—: usted Russell, se sienta con la chica nueva y realiza la evaluación con ella. —iba a quejarme pero la profesora no me lo permitió — sin protestar, además, me haría usted un favor al sentarse con ella, así no tendría que volver a dar la clase. —Pero...— traté de hablar nuevamente pero la profesora me volvió a interrumpir. —¿A usted le cuesta mucho entender una orden, sierto?— me regaño ella, ya muy enojada. — ¿O prefiere que lo envíe a la dirección nuevamente? Podría jurar que me acaba de amenazar. No me quedo otra que tomar mi mochila y levantarme de mi asiento sin poder protestar nada más, e ir a sentarme con la chica nueva. No quería que me enviaran a la dirección porque recuerdo claramente cuando el director Cox me dijo que la próxima vez me expulsaría. Tomé el pupitre vacío más cercano que había y lo arrimé hacía el lado derecho de la chica. Solté mi mochila sobre la mesa de mi pupitre y me senté de muy mala gana. Tenía algo llamado ¿Pena? No sé porque pero me sentía muy apenado por darle esa primera impresión de mí a la nueva. Yo no soy así; yo no sufro de pena. Sentía una mirada sobre mí, proveniente del lado en dónde la chica se encontraba sentada y con toda la pena que tenía, me atreví a mirar hacia ella girando lentamente mi cabeza para luego encontrarme con la verdosa e intensa mirada de la chica, la cual me observaba detalladamente y en el momento que nuestra miradas se encontraron, ella me regaló una ligera y apenada sonrisa de labios cerrados. En ese momento, sentí como mi respiración se detuvo, como si no supiera respirar. Pude fijarme que ella tenía una pestañas muy larga y no parecían postizas; también se encontraban muy rojas sus mejillas al igual que sus orejas. Usaba unos zarcillos muy pequeñitos, casi ni se podrían notar. Reaccione en el momento que escuche a la profesora dar alguna información y quite la mirada de su rostro. —... Por esa razón, dejaré para el miércoles la evaluación que correspondía para hoy. — informó a todos para luego dirijirse hacia mí —: así que, Russell me encantaría que con ese tiempo que les dí, lo utilize para que le dé a la joven —señalo a Marcus— la breve clases que usted me interumpió. —supe que en su interior, la profesora estaba riendo por vengarse. Luego ella quitó su mirada de mí y se volvió a todos —Lo que a continuación escribiré en la pizarra, será los puntos que deberán incluir en el trabajo escrito que sigue después de la evaluación del miércoles.— informo ella— les recuerdo que esas dos evaluaciones van juntas... La profesora continúo con su aburrida información pero yo, cómo siempre, no le preste atención. Solamente saqué de mi mochila que había puesto sobre mi pupitre, mi cuaderno junto con mi lápiz, y empezé a notar en él enseguida lo que la profesora escribió en la pizarra. Me supuse que Marcus estaría haciendo lo mismo que yo ahora, porque ya no sentía la mirada de ella sobre mí. Después que la profesora anoto todo lo que iba a llevar el trabajo escrito en la pizarra, se despidió de nosotros y salio del salón. No supe porque no nos hizo la evaluación hoy ni tampoco se fue sin darnos alguna clase —ya que nunca le prestaba atención a lo que la profesores decían—, yo solo sabía que ahora tendría que darle la clase a la nueva por mi interrupción. [...] Salimos a la misma hora de todos los santos días, creo que no había ninguno que no se salga justo a las cinco y media de la tarde, sin que yo me escape. Pase todas clases sentado al lado de nueva sin decir nada y sin volvernos a mirar, ya que gracias al idiota del profesor de física no tuvimos los 20 minutos que nos corresponde de receso porque su clases se las consumió. Y en realidad, tampoco hice el esfuerzo de cambiarme de asiento, no me incomodaba para nada su compañía. Supuse que la clase ya había terminado cuando el profesor de biología tomó toda sus cosas y salió del salón, dejando una cosas escritas en la pizarra. Varios compañeros que ya habían terminado de copiar todo, hicieron lo mismo que el profesor; tomando sus cosas y saliendo del salón, de hecho, ví a Amelia salir con sus amigas. Yo obviamente ni tenía copiado siquiera la mitad de lo estaba escrito en la pizarra. Me atreví a girar mi cabeza hacia la chica albina para ver qué estaba haciendo, si ya había terminado de copiar o no; pero no, aún se encontraba muy concentrada copiando lo que el profesor había dejado escrito en la pizarra, se podía notar a simple vista que le gustaba mucho el estudio. Quité la mirada de su perfil y la baje hasta su libreta, tenía una letra corrida muy bonita, seguro era ordena, porque dicen que cómo es su letra es su nivel de orden. Pero noté algo ¿Era zurda? No podría serlo porque yo la había visto en la clase de castellano escribiendo con la derecha, así que entonces era ¿Abidiestra? Eso me asombraba aún más. Tenía mucho tiempo que no había visto una persona albina y ahora mucho menos a una abidiestra, y esta chica tenía esa dos características juntas. Tampoco podría excluir sus verdes ojos, era un verde demasiados intensos, creo que podria decir que tampoco había visto un color de ojos así. Quité la mirada de su libreta y cuando la volví a subir a su perfil, algo que también hizo ella al mismo tiempo que yo, y sin querer nos quedamos observando detalladamente el uno al otro. Mi corazón se aceleró y me quedé paralizado, por el hecho de que me pilló husmeando su libreta y por otros micro-segundos nuestras miradas se volvieron a encontrar. Reaccione inmediato bajando la mirada un poco apenado y me levanté rápidamente de mi asiento para luego meter todas mis cosas dentro de mi mochila y salir del salón. Crucé la puerta y me detuve a un lado de la misma porque pensándolo bien, eso fue algo bastante estúpido, alejarme de esa forma. Mi corazón latía a millón y ni sabía porqué. Jamás me había comportado de una forma así con una chica y ahora no se que me pasaba. No sé porque había reaccionado así. Estaba arrepentido por eso, pero ya había salido del salón y si regresaba a dentro se vería aún más raro, así que ¿Que podría hacer? ¿Discúlpame? Nada, no haría nada; no tengo que hacer ningún intento por discúlpame, porque realmente no había hecho nada malo ¿Verdad? ¡Cielos! ¿Por qué me hago preguntas a mi mismo? —¿Sucede algo, Zack? —la voz de Amelia sonó a mi lado. Nuevamente no había notado su presencia, cuándo salí del salón. Ella había salido primero que yo, supongo cuando salió se había quedado por el pasillo y me había visto salir de esa forma. —realmente no.— trate de responder sin sonar nervioso pero falle en eso. —Te ví salir de una forma muy extraña del salon. —creeme, no sucede nada.—hable más tranquilo para que ella me creyera. —de acuerdo. ¿Y si vienes a mi casa? —ofrecio ella cambiando el tema. Por el rabillo de mi ojo pude divisar a alguien salir del salón, así que voltie hacía allí y pude ver a Marcus salir y sin ni siquiera notar mi presencia, dobló para seguir por el pasillo al contrario donde yo estaba. —Lo siento Amelia, pero ahora no puedo. Tengo... — tartamudie pensando que mentira decirle para no ir a su casa, y no era porque no me agrada la idea sino porque tendría que ir atrás de Marcus —Tengo que hacer algo que el director me pidió...— mentí descaradamente— y luego haré algo con mi papá. La cara que Amelia puso me dió a entender que no me había creído. —¡Esta muy bien!— expresó muy contenta. Espera ¿Que? ¿Amelia se creyó todo lo que le dije? —okay, entonces nos vemos mañana— despedí apresurado a qué ella se fuera para ir atrás de albina y que Amelia no lo notará. —nos vemos— despidió dándome un corto beso en mis labios, para darse la vuelta e irse. Su comportamiento era muy extraño. Ella no era el tipo de chica que me dejaría ir así de fácil sin que tenga que darle una muy pero muy buena explicación. Pero bueno, no es momento de pensar en la peliroja. Gire sobre mis pies, y al mirar que la chica nueva ya no se diversaba por el pasillo, aceleré el paso para llegar lo más rápido a la otra esquina de la misma. Al llegar a la esquina, doble hacia el pasillo de la derecha donde se encontraban los casilleros con la seguridad de que allí tendría que estar y si, ahí la encontré, de perfil, guardando unas cosas en su casillero. Desacelere el paso y caminé lo más relajado que pude hacia ella. No creo que ella haya podio notar que yo me dirijia a ella porque la puerta del casillero no se lo permitiría al menos que hechara su cabeza un poco hacia atrás, ya que le cubría la parte izquierda de su rostro. Me detuve a unos tres pasos —mas o menos— de ella, pero como supuse, no había notado aún mi presencia. —Hola. — me límite a decir. Dió un mínimo salto de susto, porque claro, no se había imaginado que alguien llegaría a ella ahora. —¡Ay Díos! — chillo ella con el susto, mirándome — de veras que me asustaste. Reí por lo bajo porque me causó mucho gracias lo palida que se puso por tanto solo un mínimo sus to— lo siento, no fue mi intención— me disculpe un poco apenado. —Tranquilo— dijo, volviendo a lo que estaba haciendo. —Se que mi primera impresión que te dí no fue la mejor — confesé. Orgullo por el suelo. — así que, perdón. —no te preocupes por eso — me dijo, cerrando su casillero y girandose para quedar cara a cara. —Queria hablarte sobre la clase de castellano, ya que la profesora que pidió que te diera el resúmen. — fuí directo al grano sin dar mucho rodeos. — todo por mi interrupción— masculle para mí mismo. — solo que no te puedo asegurar que sea un muy buen profesor — confesé levantando la comisura de mis labios. —Tranquilo, con cualquier cosa que me expliques, estará bien. Haré todo lo posible por entender. —animó. —¡Cielos! — expresé, recordando algo. — Que mal educado soy. No me he presentado — pronuncie extendiendo mi mano hacia ella, aun más apenado — Me llamo Zack. Ella extendió también su mano, tomó la mía y juntos la estrechamos. — Y yo, Estela. ☆☆☆☆
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD