CAPITULO 3

3166 Words
III. BREVE CLASE Unas de las cosas que más odio en éste mundo tan patético, es tener que hacer algo obligado; hacer algo porque sino habrá serias consecuencias, eso sobra y basta para que yo me ponga del peor humor. Justamente ahora me encontraba con Estela, caminando en total silencio y con muchísimo fastidio hacia la biblioteca del instituto para buscar unos cuantos libros y darle la breve clases que la molesta profesora me asignó. Ayer después que nos presentamos, quedamos que a la hora del receso iríamos para estudiar. Y bueno, ya había llegado el día siguiente. Me sentía muy extraño andar con una chica que no fuera Amelia o Sarah —mi hermana— y muchos menos con una chica totalmente desconocida. Yo ya le había comentado sobre esto a Jonás ayer por teléfono, por sí acaso Amelia me viera con la albina, no fuese a pensar cualquier otra cosa que no fuera lo que realmente era. Aunque Amelia no fuese mi novia teníamos como esa obligación de decirnos —casi— todo lo que haríamos cada uno. Ambos entramos en biblioteca, aún conservando nuestra distincia y nos dirijimos a la mesa vacía más cercana que encontramos. Estela se detuvo al otro extremo de la mesa mientras observaba en silencio cada unos de mis movimientos. Eso me incómodo un poco pero lo disimulé. Coloqué mi mochila sobre de la mesa y de ella saqué mi cuaderno de castellano junto con otros útiles. Estela aún se encontraba en el extremo observandome detalladamente todo lo que hacía. —Puedes tomar asiento e ir sacando tus cosas, mientras tanto, yo busco unos libros— le dije tratando de no sonar como un orden y disimulando mi molestia. Ella asintió y prosigio a realizar lo que le acababa de mandar. Me alejé de la mesa y me fuí hacía unos de los estantes con pasos laxos, dónde yo sabía que se encontraba los libros de castellano. No tarde nada en conseguir unos tres libros que realmente buscaba y necesitaría, y al tenerlos en mis manos, me dirijí hacia la mesa donde se encontraban Estela. La albina ya había sacado todas sus cosas; cuaderno y lápices, y también tomado asiento. Se encontraba dibujando o ¿Escribiendo? algo en una pequeña libretica que parecía como un ¿Diario?. No le tomé importa. Coloqué los libros sobre la mesa haciendo un leve sonido al colocarlo y pude ver cómo la chica se sobre saltó, metiendo rápido y disimuladamente la libretica en lo que estaba haciendo quien sabe qué, en su mochila que estaba a un lado de su silla en el suelo. Fruncí el ceño y mire extrañado su acción. Ella notó que yo la había visto y sus mejillas se tornaron de un color más rojas pero no dijo ababsolutamente nada. Arrimé una silla hacía mi y me senté en ella, a una distancia igualmente considerable entre nosotros. —Con estos libros será suficiente— dije tocando los libros y rompiendo el silencio. —De acuerdo. —asintio ella. Le expliqué unas cuantas cosas primero antes de utilizar los libros; ella hizo unas cuantas anotaciones sobre lo que yo le decía en su cuaderno de clases. —...luego de esta evaluación, hay que hacer un informe escrito la cual las notas van juntas. Y creo que se tiene que entregar para la otra semana arriba.— le expliqué lo que había prestado atención cuando la profesora dió la clase por primera vez. —Gracias, pero Zack, eso ya lo había dicho la profesora ayer para que yo lo supiera. — me recordó sonriendo. Era sierto, la profesora ya lo había dicho y yo la había ignorado, y por esa razon ahora mismo andaba pasando pena. —Lo se. — mentí en un balbuceo. —solo lo estoy aclarando por si hay alguna duda de tu parte— me excuse. Ella no dijo nada, solo me miró con una cara como si lo que le acababa de decir le hubiera causado mucha gracia. En ese momento no se me ocurrió alguna otra cosa que decir o hacer, solo nos quedamos mirándonos a los ojos; ella con su expresión de diversión y yo con mi cara de bobo. —¿Interrumpo algo? — alguien preguntó a un lado de mí. Quité la mira del rostro de Estela y en el momento que girara mi cabeza hacia donde provino la voz de la persona, no me dió ni de mirarla porque esa persona ya se encontraba besándome. No tenía ni que ver a la persona para saber de quién se trataba; Amelia. Me he dado cuenta que esto ya se ha vuelto algo constante. Ahora siempre Amelia me está tomando de sorpresa. Le devolví igualmente el beso, tan apasionado como siempre. Estoy seguro que esto duró tan solo segundos pero yo lo sentí de largos minutos. Nuestros labios se movían en una perfecta sincronía, a pesar de no estar enamorado de ella, me gustaba como besa. Tanto así que se me había olvidado que Estela se encontraba presenciando esa romántica e incómoda escena, pero tampoco me importaba lo que pensara esa chica. Nos separamos y ambos recuperamos el oxígeno. —¿Que haces por estos lados? — inquirí, mirándola a los ojos. —Le pregunté a Jonás por tí y él me dijo que estarías aquí. — me respondió ella mirando por unos segundos a Estela. Lo sabía. Sabía que ella le preguntaría a Jonás por mí. La conozco tan bien. —Lo supuse. — confesé— Cómo ya sabes, estoy cumpliendo con lo que la profesora de castellano me asignó. — le conté, dándole una mirada a Estela para que Amelia entendiera mejor. Amelia también le dió una mirada a Estela la cual no supe descifrar pero conociendo a Amelia me imagino que su nivel de celos deben estar ahora a 100%. —entonces, te veo al entrar a clases. — se despidió alegremente, dandome un corto beso en mis labios, se dió la vuelta y se fue por dónde vino. Suspire sin quitar la mirada del trasero de Amelia mientras se alejaba; deslize mi cuerpo hacia bajo sobre la silla quedado mi trasero a la orilla de la misma, mis piernas extendida y la parte de mis hombros recostado al respardar. Perdí totalmente mi mirada en el caminar de la chica que siempre me besaba. Sabía que Amelia era muy bonita pero realmente no me había puesto a detallarla. Hoy tenía puesto unos pantalones de blue jean muy ajustados a su cuerpo, una franela blanca igual de ajustada y unos botas negras de plataforma a nivel de sus tobillos. Su cabello risado rojo, le caía suelto a nivel de su cintura. Realmente era muy bonita. —¿Es tu novia? — Estela me preguntó, sacándome de mis pensamientos. Tanto así me había perdido en mis pensamientos que ni me acordaba que ella estaba a mi lado. Al reaccionar, me enderece rápidamente en la silla y estrujé mi cara con mis manos. —No lo es— respondí. —¿Y como si no es tu novia, te besa así? — inquirió ella con el ceño fruncido. —¿Has escuchado la etiqueta de amigos con derechos? —ella asintió — eso es lo que realmente somos; amigos con derechos. —Te ves muy enamorado— comentó —Pero no lo estoy. —negué — solo me gusta. —aclare pensativo. Era sierto, solo me gustaba. —¿Y gustar no es lo mismo que estar enamorado? — preguntó confundida. —Realmente no se si estoy equivocado pero para mí, gustar es como fijarse nada más en su físico; gusterte solamente su apariencia, como una atracción pero enamorado ya es otra cosa; es tener sentimientos reales, es agradarte todo de esa persona, tanto su físico como sus sentimientos. Es estar completamente loco o loca por esa persona; eso para mí es estar enamorado. — le expliqué lo que para mí significa. Siempre he pensado eso; que estar enamorado y gusta son dos cosas muy diferentes. No sé si estaré equivocado o no, pero nadie me saca esa idea de mi cabeza. Ella me miró con gran asombro, cómo si jamás se le fuese ocurrido eso. —Tiene mucho sentido, jamás había pensando eso de esa forma. — dijo asombrada. —Asi que solo me gusta. —Concluí. —¿Alguna vez te has enamorado? — inquirió ella con su vista al frente a igual que la mía. No lo había pensando. He conocido a muchas chicas y tenido varias pretendientes pero no me he sentido enamorado, de hecho, creo que jamás en mi vida. —Siendo sincero, no. — suspiré en melancólica — ¿Tu sí? — pregunté voltean mi cabeza para mírala. —Creo que tampoco — respondió en un todo muy bajo, girando también su cabeza hacia mí. Nuestras miradas se encontraron —Entonces estamos iguales— dije indiferente encogiendo mis hombros. Estela iba a decir algo pero en cuanto abrió su boca para pronunciar las palabras, sonó el timbre avisando que el receso ya había culminando, y la interumpió. —¿Tan rápido ya hay que volver? — pregunté con fastidio a la nada mirando hacia arriba, para luego empezar a recoger mis cosas. —¿Y en entonces como quedamos con esto? — inquirio señalando los libros sobre la mesa. —los dejábamos ahí— respondí indiferente. —aqui en la biblioteca hay una mujer encargada a recoger los... —me refiero a que ¿Cómo quedamos con la clase que me estabas dando? — aclaró, interrumpiendome. — mañana es la evaluación y si soy sincera, no tengo todo claro. Ah claro. Eso. No le había dado ni la cuarta mitad de lo que debería saber para la evaluación ni para el trabajo. —Si quieres puedes ir a mi casa después de clases. — le ofrecí amablemente. —¿Y en dónde es? ¿Es muy lejos de aquí?— preguntó preocupada. —No vale— repliqué para que no se preocupara. Le expliqué muy bien como llegar a mi casa y ella lo entendió perfectamente. Luego sin decir nada más, Estela guardo sus cosas también. Ambos nos levantamos de nuestros asientos, colgué mi mochila en unos de mis hombros y nos dirijimos a la puerta de la biblioteca para salir. Cómo hoy también había amanecido con mucho fastidio y sin ganas de entrar de nuevo a clases, así que mi plan de hoy sería el mismo de siempre: escaparme. De hecho no tenía ni ganas de que nadie fuese a mi casa y muchos menos ha darle clases como si yo fuese un profesor. Pero no tenía más opción. No tener más opciones me hacía enojar mucho. Crucé primero la puerta y luego lo hizo Estela atrás de mí. Sin volverla a mirar y sin despedirme seguí con pasos laxos a lo contrario donde se encontraban nuestro salón hacia la salida. —¿A dónde vas? — preguntó Estela confundida, acercándose hacia mí. —Me voy — respondí muy obvio. —Pero aún quedan unas clases — me informo con algo de preocupación. Genial. Ahora tenía otra persona que me preguntara hasta la más mínima cosa que haría. Otra chica como Amelia. —Lo se, pero no me importa. Solo me voy. — dicho ésto, le dí la espalda para seguí caminando. —¿Siempre haces eso? — me preguntó antes de que yo me alejará más. No le respondí en seguida solo seguí mi camino. Ella se quedó parada ahí, al frente de la puerta de la biblioteca, con su pregunta en el aire, mirando como yo me alejaba cada vez más. Y antes que yo doblada en el pasillo, gire mi cabeza hacia ella y le regale una torcida y cínica sonrisa. —Si. —Le respondí en alto a su pregunta de hace unos segundos para que ella pudiera escuchar. Luego doble en el pasillo y dejé de verla. [...] Creo que nací para esto; para montar en skateboard y no es por presumir pero yo sé que lo hago muy bien. Después de escaparme de la institución, me fui a mi casa y me cambié de ropa para ir a patinar a escondidas. Mis padres había llegado a casa el sábado de viaje y a pesar de que tengo un truco para cruzar con la skateboard por la puerta trasera para que ellos no me vieran entrar ni salir, hoy me costó bastante pero al fin logré salir. Tenía puesto unos jeans holgados un poco rotos, con una sudadera negra. También tenía puesta unas de mis mil gorras; color blanca y unos tenis de igual color. Mis padres critican mucho mi manera de vestir, más que todo mi papá, él dice que mi vestimenta es la de un vago sin padres. Lo que el más detesta es que yo usé las gorras. Mi padre es un hombre muy místico, con dinero que se la da que es perfecto. Es el Don perfecto. Se cree el mejor y que su manera de prohibirme todo lo convertirá en el papá maravilloso que tanto él desea ser, pero si supiera que comete unos errores peores de los que normalmente yo hago Y sin olvidar a mi madre, ella es una mujer como lo es mi padre; Doña perfecta y elegante. Y a pesar de que ella no me regaña ni me habla feo como lo hace mi padre, es igual a el. Son tal para cual Mis padres son ese tipo de padres que no dicen groserías, se visten elegante y viven en una linda quinta en la urbanización más costosa de la ciudad. Son esos que no le importa nada más que su perfecto trabajo la cual le quita todo su tiempo y que le genera cientos de dólares. Y sí, soy de una familiar como mucho dinero. Pero ¿De que sirve el dinero si no tengo su cariño? Es como si solo ellos estuvieran para darme comida, ropa y techo en dónde vivir pero no para un lindo consejo sin la necesidad de gritarme o hablarme a los golpes como si me odiaran o le molestará mi presencia. Tengo todo lo lujos que me quiera dar, menos el lujo de tener una padres preocupados y responsables. Sarah, ella era muy diferente. Ambos éramos muy unidos y nos queríamos muchísimo, cuando éramos niños decíamos que jamás nadie nos podrían separan porque si nacimos juntos debíamos estarlo para siempre. Ella decía que yo era su hermano favorito y yo le respondía claro boba, soy el único que tienes. Pero algo si pudo separarnos: su muerte. Se supone que yo también debía morir ese día y no es porque estuvimos juntos en situación sino porque no sabría vivir sin mi hermana, pero creo que sí lo he logrado, a pesar que me ha costado muchísimo. Montaba ahora mi skateboard, camino a mi casa; corrijo, camino a el lugar la cual las dos personas que me dieron la vida hacen que lo deteste. Venia del skatepark, patinando un rato para estar lo más lejos de esas dos personas, pero ya tendría que volver porque se supone que ya a esta hora me tocaría salir de clases y no podría llegar ni antes ni muy después para que aquella dos personas no me comenzarán a molestar. Al llegar a dos casas antes de la mía, detuve la patineta para llevarla en la mano. Tendría que esconder el skateboard entre una arbustos que estaban en el patio de mi casa para luego entran por la puerta trasera y asegurar que ninguno de mis padres se encontraran cerca para luego devolverme a busca mi skateboard, entrar y esconderla en dónde siempre lo hago. Me detuve en seco cuando estuve más cerca de mi casa y pude divisar a una chica sentada en la orilla de la acera frente de mi casa. ¡Cielos! Se me había olvidado que Estela vendría. No sabía exactamente qué hora era, pero si sabía que la tenía esperando al menos unos treinta minutos. Continúe caminando y cuando estuve tan solo a unos pasos de ella, notó mi presencia y pude ver en su rostro algo que no supe descifrar. —Crei que estarías en tu casa—musito al yo acercarme. —nunca dije a dónde iría— escupí amargamente. —Por eso dije; creí.— recarcó lo que dijo, a un tono igual al que yo usé, mientras se levantaba de la acera y se arreglaba la falda de pliegues que le llegaba un poco más arriba de sus rodillas. No le dije más nada, estaba muy preocupado que ella haya tocado la puerta y me hubiese delatado que me había escapado del instituto. Caminé hacia el jardin de mi mamá y en unos de esos arbustos, escondí mi skateboard. Estela se acercó hacia mí y aproveché a pregúntale antes de entrar a mi casa: —Cuando tocaste la puerta ¿Que les dijiste a mis padres cuándo te dijieron que yo no estába? —No te preocupes que ellos tampoco están.— respondió con un tono amargo. Que raro. Ya no estaban. Sarcasmo. Me acerque hacia la puerta delantera y Estela hizo lo mismo —ya que ellos no se encontraban no hacía falta entrar por la trasera— y de unos de mis bolsillos saque mis llaves y abrí la puerta. Antes de entrar, me gire hacia Estela —No te molesta que mis padres no estén ¿O si? — pregunte por si a ella le fuese a incomodar. —No. — respondio en un ladrido —¿Tampoco me debe molestar que me dejen esperando? — ironizó con amargura. —No uso celular ¿De acuerdo?— me excuse— No sabía qué hora ya era. —hice una pausa— tampoco te hice esperar mucho. —Si claro— dijo en sarcasmo, girando sus ojos. Ella estaba muy colorada, no se si porque molesta luce así o porque cada vez que me ve se pone roja. En fin, no podría negar que se veía muy tierna. Suspiré, tratando de controlar mi mal humor y relajarme, le hable lo más dulce que pude: —Discúlpame. —se giro hacía mi con su rostro más rojo y sin ningún rastro de enojo.— Te explicaré, así se lleve toda la noche. Y si es de acompañarte hasta tu casa, lo haré. — le ofrecí, regalandole una sonrisa. Ella sonrió como si lo que hubiese dicho le fuese encantado demasiado y no dijo ni hizo más nada que observarme. Luego de unos segundos de silencio, aún sosteniendo la perilla de la puerta, empuje la puerta hacia delante abriendo espacio en gesto para que ella entrara. Ello lo captó y con la pena reflejada en su rostro; entró. Después de ella, pase yo, cerrando la puerta detrás de mí. Ok, pero si mirarnos cara a cara puede llegar a volverse algo incómodo, no podría imaginarnos los dos solos en mi casa. ☆☆☆☆
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