V. MAESTRO DE SKATEBOARDING
Montaba sobre mi skateboard, rumbo a la institución. Agradezco que no esté prohibido, porque a pesar de que la institución no quedaba nada lejos de mi casa, me gustaba mucho transportarme sobre ella.
Me veía muy cool montando en ella.
Mis padres no se encontraban en casa desde ayer en la mañana. Habían salido a quien sabe dónde a hacer quien sabe qué, cosa que casi nunca me informaban lo que harían, aún yo teniendo dieciocho años recién cumplidos, ellos aún me miraban como un niño al que no le incumbe las cosas de adultos.
Esa era la manera de pensar de mis padres; principalmente de mi padre.
—Al fin te veo, hermano— saludo alguien mientras se acercaba hacia mí.
Gire mi cabeza hacia donde provino la voz mientras desaceleraba el skateboard.
—¿Que hay? Jonas— pregunté en forma de saludo, al ver de quién se trataba.
—No te ví ayer en la institución.
Ah claro. Ayer había faltado a la institución, no porque no pude asistir sino porque no había amanecido con muchas ganas de asistir. Mis padres no lo sabía porque claro, ellos habían salido en la mañana y no me vieron faltar a clases.
Existían días que amanecía muy contento y animado, pero hay otros que ni ganas de patinar quiero. Ayer había sido del día donde amanecí sin ganas de existir, y hoy todo lo contrario.
—No tenía ánimo de ir, así que me quedé en casa. — mentí.
No me había quedado en mi casa, había salido a Mi Lugar Secreto, a sacudirle un poco el polvo al lugar y relajarme un largo rato a solas. Pero obviamente que eso no se lo contaría a Jonás porque nadie sabía de ese lugar.
—Amelia me contó que después de no verte en la institución, fue a tu casa y no saliste, de hecho, que nadie salió.— contó mientras aún yo montaba en mi skateboard lentamente para no dejarlo atrás.
Eso sí que no lo tenía imaginado y mucho vemos salir al encuentro. Cómo había salido de casa, obvio que no podría haber salido a recibirla.
—Si, bueno, mis padres no se encuentran ahora en casa y yo estaba durmiendo— farfullé cabizbajo—, así que no la escuché.
—Desde que andas con la nueva te veo más extraño. — confesó encogiendo los hombros.
—¿Más extraño?— pregunté ofendido —Será que he mejorado; ¡Saque un 19 en castellano! — expresé asombrado aun por la nota.
—¿Realmente crees que has mejorado?— pregunto en enfasis— Ayer faltaste a clases, mientes constantemente, ya ni te veo durante horas— comenzó a nombrar cada una de mis faltas— ¡Ya ni siquiera vas a mi casa ni yo a la tuya! —chillo —te llevaron a la dirección porque te entraron rayando obscenidades en la pared.
—Eso no lo cuentes porque aun no había llegado Estela— señale lo último que el nombró
—¿Y el resto de las faltas? Ya ni miras a Amelia.
Era cierto, si había cambiado un poco con tan solo unos días, pero no le daría la razón a Jonás.
—No podría cambiar como dices en tan solo unos días. —negué
—Es lo que tú crees pero no es lo que tú ves.
—¿Insinuas que voy de mal en peor?— pregunté enojado. —Porque yo creo...
—Ya déjalo así— me interrumpió— solo lo decía para que te dieras de cuenta, pero ya veo que te enojaste. —finalizó para luego marcharse.
Yo no era el único que había cambiado, porque a Jonás también lo veo muy distinto. Pero lo mejor que podía hacer hoy por mí seria marcharse de mi lado ahora mismo, porque había despertado con mi pie derecho y el ya lo había arruinado, así como lo había hecho Amelia hace unos días.
Inhale profundo tratando de volver a mi ánimo de antes que Jonas se me acercara y continúe sobre mi skateboard a una velocidad más acelerada.
Me detuve sobre el skateboard cuando estuve en la puerta principal de la institución, presione unos de sus extremos con mi pie para que así, ella se elevará y yo tomarla con mi mano del otro extremo.
No me dirijí directo al salón de clases porque debía guardar mi skateboard. Así que me caminé hacía mi casillero y lo abrí para guardarla.
—Holis— me saludo alguien, recostandose sobre el casillero que estaba al lado del mío.
Gire mi cabeza para ver quién era.
Estela.
—Hola— le devolví el saludo, alegremente mientras acomodaba mi skateboard en el interior de mi casillero.
—¿Que estás haciendo?— preguntó con curiosidad, mirando hacia el interior de mi casillero.
—¿Que no ves? Guardo el cuerpo descompuesto de mi víctima de hace unos días— bromeé.
Ella río.
—Estas loco— bromeó también entre risas.
Juro que en algún momento la grabaré riendo.
—¿Y tu qué hacías?— inquirí más serio, cambiando el tema.
—Pues te ví y decidí acercarme. —confeso encogiendo los hombros. —me preguntaba cuándo podríamos empezar a realizar el trabajo escrito de castellano.— dijo, separándose del casillero dónde estaba recostada.
—¿Que tal el domingo? —propuse
—Me parece genial— aceptó alegremente— pero ¿Podría ser en mi casa? Porque mi mamá me castigo durante unos días por aquel día que llegue a la media noche. —conto avergonzada.
—Por supuesto. No hay ningún problema. — sonreí. Ella iba a decir algo pero la interrumpí,—: pero con una condición...
—¿Ah sí? ¿Cuál?— preguntó interesada mientras cruzaba los brazos y levanta una de sus cejas.
—Debes acompañarme a un lugar después de clases.— finalice cerrando mi casillero, con una sonrisa cínica.
[...]
—Si fuese sabido que vendríamos para acá, no fue venido a la fuerza.— dijo Estela al llegar al lugar al cual le había condicionado.
—¿Por qué lo dices?— pregunté interesado en su respuesta.
El lugar que la había llevado al finalizar las clases, había sido el skatepark. Quería compartir mi gran talento sobre la tabla de madera con ella, o mejor dicho, quería que supiera lo genial que lo hacía.
—Siempre he querido aprender a montar en ella— señaló mi skateboard la cual tenía en mi mano —pero nunca he tenido a alguien que me enseñe.
—Pues hoy es tu día de suerte.—comenté con ego.
—¿Lo crees así?— pregunto con burla en su rostro.
—Claro que lo creo. Yo seré tu maestro.— le informe alegremente.
—Veo que naciste para dar clases: primero la de castellano y ahora de skateboarding.— bromeó sonriendo.
—No.— negué —Nací para montar en skateboard— corregí, soltando el skateboard al suelo y subirme en ella —te lo demostraré.
Me alejé de ella hacia al interior del skatepark, montado en la patineta. Hice una cuantas piruetas la cual estoy cien por ciento seguro que la dejo asombrada.
Luego regrese hacia ella, sobre mi skateboard.
De verdad que su cara reflejaba asombro.
—¿Y que tal?— pedí su opinión al estar cerca de ella.
—¡Asombroso! — chilló de alegría.
Lo sabía. Sabía que la dejaría asombrada. Es que nadie puede negar que lo que hago sobre ese pedazo de madera con ruedas era genial.
—Gracias, gracias.— hice reverencia.
—¿Quien te lo enseñó? — preguntó curiosa.
Suspire con melancólica para luego comenzar a contarle:
—Realmente nadie en específico. Un diciembre, a mi hermana y a mí, nos regalaron un skateboard a cada uno, y como no sabíamos usarlas decidimos venir para acá todos los días a observar como lo hacían los demás. Y bueno, así aprendimos.— conté tristemente.
—Que linda historia— dijo tratando de animarme.
—Y bueno, tu historia será: un chico lindo que conocí en mi último año en la institución, me enseñó a montar tan bien en skateboard.—imaginé, tratando de desviar un poco el tema de Sarah, con la voz fina.
—¿Quien te asegura que así lo contaré? —preguntó riendo.
—No es necesario que nadie lo asegure porque yo sé que así será —bromeé también entre risas.
—Que ingreido— giro los ojos en broma.
Ambos sonreímos.
Ambos bromeamos.
Ambos reímos.
—Ven, permite enseñarte—empujé suavemente el skateboard más hacia ella, invitandola a qué subiera.
Ella lo pensó por un momento antes de montarse en ella con mucho cuidado.
Extendí mi mano hacia ella para que la tomara y no su fuese a caer. Su mejillas se volvieron mucho más rojas que ya las tenía e hice todo lo posible para aguantar la risa por su enrojecimiento. Al final tomo mi mano con mucha pena y al subirse completamente sobre la tabla, está se movió un poco haciendo que el cuerpo de Estela perdiera equilibrio y soltará mi mano para tomar rápidamente mi antebrazo y sostenerlo con fuerza.
—Tranquila, no te vas a caer—hablé al ver que se había asustado, sujetando también su antebrazo.
—La primera vez que lo intentaste ¿Te caíste?— preguntó observando el skateboard bajo su pies.
—Claro que me caí— confesé—Pero tú no lo harás porque tú si tienes a alguien que te enseñe cómo se deber ser.
—Gracias. —agradeció sonriendo, subiendo lentamente su mirada para encontrarse con la mía.
Le devolví la sonrisa.
Por el tambaleó de Estela, el skateboard volvió a moverse, haciendo que ella quitará su mirada de mis ojos y la bajara hacia la tabla, sosteniendo cada vez más con fuerza mi antebrazo y levantando su otro brazo horizontalmente para mantener equilibrio. Con la mismas fuerza que ella ejercicio contra mi antebrazo, yo sostuve el suyo también.
[...]
Tenía mucho tiempo sin ir a la casa de algún compañero de clases a realizar un trabajo del colegio. Sí iba a la casa de Jonás y de Amelia, pero era a divertirnos viendo películas o comiendo pizza o cualquier cosa, no a hacer tarea.
Había llegado el domingo y después de las 4pm tendría que ir a la casa de Estela. Así habíamos quedado.
Decidí pasar a comprar una lata de Coca-cola antes de ir a la casa de Estela, para tomarla mientras caminaba hacia allá. También compré una bolsa de Doritos XXL para comer mientras realizabamos el trabajo.
Amo los Doritos. A pesar de que no soy de comer mucho y menos fuera de la hora, me encanta comer siempre cuando pueda, una bolsa de Doritos. Los originales, no con picante.
No me traje mi skateboard porque mis padres estaban en casa y no quería perder el tiempo tratando de salir a escondidas con ella.
Caminaba tranquilamente, balanceando la bolsa de Doritos y dando sorbos a mi lata de Coca-cola.
Hoy llevaba puesta una de mis gorras, color negra con una Z bordada en blanco. Una camisa blanca holgada y unos jeans con tenis negros. De unos de mis hombros colgaba mi mochila vinotinta, en dónde llevaba cosas que seguramente necesitaré para el trabajo escrito. Tenía puesta una cadena plateada sin ningún dije ni adorno.
Cuando estuve enfrente a la casa de Estela, me detuve y la contemple. Era una casa de dos pisos — contando plata baja— de color blanca muy sencilla. Tenía una cerca de madera igualmente blanca. Un pequeño jardín era lo primero que te daba la bienvenida al llegar; flores de varios colores y otras plantas decorativas sin flores. Los ventanales no eran muy grandes.
Caminé hacia la puerta, subiendo unos tres escalones, y toque suavemente la puerta de color marrón claro, ya que no contaban con un timbre, la cual la misma tenía una ventana con un cristal opaco.
Noté que su familia estaban algo obsesionados con el color blanco. Así como lo soy yo con el color n***o y el azúl.
Al no recibir ningúna respuesta, volví a tocar, está vez con más fuerza que la anterior, ya que supuse que no habrían escuchado. Esperé. En unos segundos la puerta marrón se abrió, revelando a una mujer alta e igualmente albina. Podría decir que así lucirá Estela en unos años más.
Unos ojos igualmente verdes intensos me miraron, primero con confusión pero enseguida como si recordara algo.
—Oh— expresó la mujer— Tu debes ser Zack, el amigo de Estela. Ella me dijo que vendrías a realizar una tarea de clases. —Recordo alegremente.
Espera ¿Dijo amigo? ¿Realmente ya éramos amigos?
—Asi es señora. Soy yo. — confirme con una sonrisa.
—Adelante— ordenó, abriendo más la puerta en gesto a que pasará. — Soy la mamá de Estela. Helena — se presentó.
Ah claro, su mamá. De verdad que eso no se podía negar. Ambas eran idénticas.
—Muchas gracias— musité apenado mientras pasaba.
Cerro la puerta enseguida que entre —Estela se encuentra por allá, —Señalo el sitio mientras me informaba— sigue por ese pasillo, en la segunda puerta frente a las escaleras.
Le regale una tímida sonrisa a Estela adulta —Gracias— y caminé a pasos lentos hacia donde ella había señalado.
Si el exterior de la casa de Estela era sencilla, el interior lo era igualmente. La cocina daba con con la sala al fondo, lo que más dividía era una mesa isla de cemento y cerámica muy bien elaborado la cual al rededor había bancos altos de madera. La cocina se venía equipada como debía ser, con su nevera, estufa, y todos el resto de los trastes. La sala tenía un mueble largo acompañado de dos pequeños, todos de un color marrón muy claro una alfombra blanca cuadrada con manchas negras tipo animal pring. La cerámica del piso era un color beige y las paredes del interior de la casa de color turquesa con blanco. Una tv al frente de los muebles y un estante de libros a un lado.
El pasillo que la mamá de Estela había señalado quedaba al frente de la puerta principal, al igual que las escalera de madera color clara.
Todo era sencillo pero lindo.
Caminé derecho hacia donde la señora había señalado, con pasos lentos y con pena. Le pase por un lado a las escaleras y seguí hasta la segunda puerta, cómo la señora me había dicho y la única que estaba abierta.
Vi a Estela de espalda, sentada en un banco de madera no muy alto enfrente de una mesa, se notaba que estaba escribiendo algo. La habitación parecía cómo el lugar de hacer tarea, porque había una laptop plateada sobre la mesa, aún lado. Un estante con muchos libros y varios cojines de *pugs por toda la habitación. Las paredes eran de color rosa pastel y el techo blanco. No era su cuarto porque por ningún lado había una cama.
Me recosté del marco de la puerta y carraspe mi garganta, para hacerle notar mi presencia y darle un sustito. Ella se sobre salto y giro rápidamente su cabeza hacia donde ella supuso que vendría el sonido y pudo verme ahí, recostado bien relajado al marco de la puerta.
Ella sonrió —me volviste asustar.— se quejo sin ningún rastro de enojo. Su cara estaba palida.
Me despeje del marco de la puerta, metí la mano que no tenía la bolsa de Doritos en unos de mis bolsillos de mi pantalón y caminé con pasos laxos hacia el interior de la habitación. Ya había botado la lata de refresco antes de llegar.
—no fue mi intención— mentí con una sonrisa de burla, para que notará que no era cierto lo que le decía.
—Si, claro— dijo en sarcasmo levantándose del banquito, ya notando que la había asustado intencionalmente.
Ella tenía puesto uno shorts no muy cortos de jeans un poco holgados con una franela ajustada al nivel del comienzo del shorts de color amarilla pastel y unos tenis. Su cabello rubio estaba recogido con una cola alta.
—He notado que te pones muy pálida cuando te asustan — señale su rostro.
Ella las tocó en asombró como si eso no lo supiera — creo que un simple hola estaría mejor que un susto como saludo.
—Hola. — sonreí cínicamente.
—Un "hola" sin tener que asustarme primero— aclaró sonriente.
De acuerdo Estela, tenlo por seguro que te seguiré saludando con un sustito.
*Risa cínica.
—¿Qué hacías?— pregunté caminando el tema.
—Ah— expresó como si recordara algo. Se dió la vuelta hacia la mesa donde ella estaba hace unos segundos y tomó la hoja y me la ofreció. —Estaba adelantando la introducción del trabajo escrito.— dijo— si no te molesta, claro. Quiero que la leas y me digas que te parece.
Tomé la hoja con mi mano desocupada y la observé— Claro— acepté leerla— y no me molesta que la hayas adelantado— le dije con una media sonrisa.
Obviamente que no me molesta, para nada. Más bien es un gran trabajo que realmente me ahorra.
Gracias por eso, Estela.
Me dedique unos segundos a leer con mucha determinación lo que ella había escrito en el trozo de hoja de rayas.
Me pareció maravilloso lo que había plasmado ahí. Unió perfectamente palabras, describió muy bien el objetivo del trabajo (cosas que deben llevar una introducción) y realizo un espectacular final.
En pocas palabras, me encantó lo que había escrito.
Ella me miraba muy ansiosa como una niña pequeña a lo que fuese a decir. Me pareció muy graciosa y tierna a la vez.
—¡Me encantó! —exclame contento, sin quitar la mirada de el trozo de papel.
—¡Hurra! —celebro de una manera muy infantil.
—¿Eres escritora? O ¿Quieres serlo? Porque eres muy buena en esto — confesé, mirándola a lo ojos, extendiendo la hoja hacia ella.
Ella tomo la hoja y bajo la mirada como con vergüenza —Bueno... Me encantaría serlo. Amo escribir, pero las personas ven eso como algo muy inútil, así que deje de hacerlo.— musito tristemente.
—¿De que estás hablando?— pregunté en aludido — Eso es algo genial. —anime. Ella elevó la mirada— aunque yo no sea fan de la lectura, se que escribir no es inútil.
Era sierto, no me agradaba del todo leer, pero solo se que no algo inservible. No imagino la vida sin los escritores, porque sin ellos obviamente no existieran los libros y sin los libros ¿Cómo aprenderíamos cosas nuevas?
—¿Tu lo crees?— preguntó
—No lo creo. Es sierto.— corregí lo dicho por ella —¿Tu padres piensan así de mal?
—Mis padres no, pero el resto de las personas sí.
—No le hagas caso al resto de las personas; son unos tontos. — masculle.
Ella sonrió ampliamente, pero aún podía notar su tristeza— Agradezco tu consejo. Lo tomaré en cuenta— agredecio.
—Y...¡Traje Doritos!— canturree elevando y agitando la bolsa cambiando el tema al ver que para ella le resultaba algo triste hablar sobre eso.
—¡Amo los Doritos!— chilló en alegría.
—¡Igual yo!
—Pero es que ¡¿A Quien no le gustan?!
Ambos reímos sin parar durante unos segundos.
—Ven, toma asiento— me ofreció, señalando unos de los *pugs, en cuanto dejamos de reír. Ella se sentó en el banco donde hace unos minutos estaba sentada.
Me acerque al que más estaba cerca, lo arrimé hacia una lado de Estela y me senté.
[...]
Gracias al adelanto de Estela, podremos terminar más rápido el trabajo escrito. Ya habíamos realizado un poco más de la mitad de lo que sería el desarrollo del trabajo.
Aún sentado al lado de Estela, al frente de la mesa, mire una fotografía que se encontraba sobre la mesa al lado de la laptop. Era ella, pero con unos 4 años más o menos, con su mamá. Ambas idénticas. Ojos verdes, cabello rubio y mejillas rojas.
—Eres igual a tu mamá.— Comenté observando la fotografía.
Ella la miró también— Lo sé. No saque nada de mi papá.
Quité la mirada de la foto y la fijé en ella — ¿Y tu papá? — pregunté, refiriéndome en dónde se encontraba él ahora.
—Trabajando— respondió un poco triste. —Viene los fines de semana.
Algo que teníamos en común. Nuestros papás nunca estaban en casa. No creo que sea una coincidencia.
—Mis padres tampoco se la pasan en casa— conté.
—Simpre trabajando ¿No?
—Simpre trabajando— confirmé.—pero al menos tienes contigo a tu mamá. La mía trabaja igual que mi papá. —dije tristemente.
—Bueno, sí. Tengo conmigo a mi mamá pero igualmente mi papá me hace falta.— hizo una pausa— A veces me siento sola.
Bueno, si Estela a veces sentía sola estando con su mamá, entonces ya no se ni que siento al no estar mis padres conmigo.
Volví mi mirada a la fotografía y noté que ambas se encontraban en una playa, pero obviamente que aquí en Oxford no había playas, así que ¿Venían entonces de otra ciudad? ¿O tan solo habían viajado para conocer la playa?
—¿Vienes de otra ciudad? — inquirí curioso, sin quitar la mirada de la fotografía.
—Si, soy de Lancaster. — respondió.
Sabía que tendría que venir de algún otro sitio, lejos de Oxford.
—¿Y como llegaron hasta acá?
Ella suspiró con melancólica. Podría notar muy claramente la tristeza en su rostro.
¿Habría pasado algo malo en su pueblo natal que se vinieron?
Quité mi vista de la foto y busque la mirada de Estela. Estaba preparando a lo que me fuese a contar.
Quería saber si había pasado por algo doloroso; algo doloroso como me pasó a mí.
☆☆☆☆