Olivia se quedó atónita. Inconscientemente apretó los puños y su rostro se tensó con nerviosismo. Ese collar del que hablaba… debía ser el mismo que ella le había quitado del cuello aquel año. —¿Qué pasa? ¿En qué piensas?— La voz de Edward la sacó de golpe de sus pensamientos. Olivia disimuló y respondió con calma: —Nada. Sólo me sorprendió. No esperaba que este pendiente tuviera relación con la familia Campbell—. —Podría ser el destino—. Los ojos de Edward brillaban cálidos; era la primera vez que hablaba de “destino”, una palabra que nunca antes había tomado en serio. El ánimo de Olivia se volvió complejo. Tras despedirse del señor Campbell, aún seguía pensando en ese collar mientras conducía de regreso a casa con los niños. El destino, en efecto, parecía disfrutar burlándose de

