—¿Y si tal vez vuelve a repetirse? ¿No tuviste una recaída en tres años, verdad?— Olivia le tomó la mano de inmediato; estaban frías, sin un rastro de calor. —Tú misma lo dijiste. Es sólo que... tal vez—. Alayna parecía tranquila, pero en sus ojos astutos se escondían demasiadas historias. Muy pocos en el mundo conocían su pasado, un pasado que la avergonzaba lo suficiente como para condicionar el resto de su vida. Tras un largo silencio, Olivia desvió la mirada hacia la cocina, donde Kevin recogía con seriedad las partes comestibles de las verduras. Entonces giró la cabeza y preguntó a Alayna: —Entonces, ¿piensas decírselo?— Ella negó con la cabeza y parpadeó: —¿Para qué? ¿Quién sabe si después de la cena no rompemos?— Olivia suspiró, conmovida por ella. La comida estuvo lista en

