—A mí también me gusta estar aquí —sonrió Jennifer con picardía—. ¡Tienes razón! No estabas en apuros en absoluto. Además, encontraste al señor Campbell al regresar. El verdadero amor es mucho más difícil de encontrar. —Sí, lo es… —Olivia giró la cabeza hacia Edward, que en ese momento conversaba con Hans sobre el proceso de construcción del puente de piedra. Involuntariamente, sonrió. La fiesta Al anochecer, el Hotel ST organizó un cóctel con música al aire libre en el césped, como ceremonia de bienvenida para los invitados. Jennifer lucía un vestido de noche color lila. A sus más de cincuenta años seguía siendo elegante y atractiva. —Señor Campbell, señora Jones, quiero presentarles a una amiga mía. Ella también es de aquí; nos conocimos en Estados Unidos. —¿Alguien de aquí? —pregu

