Quería decirle a cualquiera que me preguntara que lo primero que sentí hacia el hombre que me dejó en el momento en que más lo necesité, cuando por fin había encontrado la manera o la fuerza de encontrar valor en mí para luchar contra todo, que lo desprecié, que lo odié, que sentí deseos de gritarle… pero no fue así. En vez de eso, aprecié con tristeza su cabello y ahora su barba de días, incluso el traje n***o con la corbata de rayas sofisticadas. No lo odié, sabía que lo extrañaba. Y en vez de gritarle, sonreí una vez más, terminé mi trabajo, rodé sobre mis talones y me fui.
Aunque no quería enfrentarlo ni acusarlo de nada, todavía me sentía exactamente igual que esa mañana cuando terminó todo, haciendo todo lo posible por manejar las incontrolables lágrimas en medio de las personas que caminaban por la acera, así como ahora intentaba hacer lo mismo con los comensales.
Busqué a Elisa, ella y su rizado cabello de afro eran imposibles de ignorar, así que no fue difícil de dar con ella.
—¿Podrías cubrirme por un momento? —le pedí, sin haber controlado la urgencia de mi voz a punto de quebrarse.
Elisa frunció el ceño, y me miró con preocupación.
—Claro que sí babé, ¿estás bien? ¿Necesitas un Analgésico?
Le sonreí para que no se preocupara demasiado, pero esa podía ser una buena excusa para escaparme el tiempo suficiente de tener que ver a Wyatt nuevamente.
—Sí, gracias.
Elisa me acompañó hasta el baño de mujeres con su bolso y me entregó una pastilla cuando la encontró.
—Voy a volver al trabajo, ya sabes, la bruja—Elisa rodó los ojos, ella se refería a Evelyn—. Haré todo lo posible para cubrirte.
—Eli, por favor, ¿puedes evitar decirle a Emma? Ya sabes que hará un escándalo porque te lo dije a ti y no a ella primero.
Elisa sonrió.
—Amigas tóxicas, que seríamos sin ellas.
Entonces me quedé sola en el baño. Me volví hacia el espejo horizontalmente largo que cubría los cinco lavamanos que había. Dejé la pastilla sobre el mesón de granito marrón y me lavé la cara cuando me di cuenta de que estaba muy sonrojada. Probablemente Elisa no se dio cuenta de eso porque hay poca iluminación dentro del restaurante. Pero fuera, en la terraza, estaba segura de que él se dio cuenta, siempre solía decir que le gustaban mis sonrojos.
Cerré los ojos con fuerza, intentando borrar las cosas lindas que alguna vez me dijo o compartí con Wyatt, sintiéndome como una verdadera tonta. Y entonces miré la pastilla, y deseé que pudiera ser capaz de hacerme olvidar todo, en vez de simplemente aliviar el dolor. No, ninguna pastilla ha sido capaz de controla ese dolor que ahora volvía revolucionado.
Caminé hasta el dispensador de papel y me sequé las manos y el rostro mojado. Entonces volví al espejo aliviada de que el sonrojo hubiera desaparecido. Solté mi cabello, ahora estaba más largo, me había crecido un montón. Estaba un poco por debajo de los hombros. Volví a recogerlo en una coleta alta para enrollarlo como si se tratara de una cebolla, y decidí salir del baño.
Tan pronto como pasé la puerta del baño alguien me tomó del brazo y comenzó a arrastrarme por el pasillo en donde estaban los baños. Al final había una muy pequeña habitación que funcionaba como armario de limpieza que no contaba con una puerta. Wyatt me movió rápidamente hacia adelante, pero con su mano controlando mi cintura, evitó que me lastimase al estar de espaldas a la pared.
La luz en el pasillo era poca, así que apenas podía iluminarnos, y Wyatt era alto, así que su sombra me envolvía como si se tratara de una capa protectora. Pero volví a la realidad, con él no estaba segura, con él corría el peligro de ser lastimada nuevamente. Así que levanté mis manos y alejé su mano de mi cintura.
—Tengo que ir a trabajar—me limité a decir, usando toda mi fuerza de voluntad para sonar indiferente a su intoxicante cercanía.
—No me voy a mover de aquí, creo que ya lo sabes—me advirtió.
No levanté mi rostro, preferí enfrentar esta situación sin mirarlo a los ojos.
—Yo no voy a su lugar de trabajo y lo arrastro hacia un lugar oscuro por diversión.
—Quiero saber cómo estás.
—Envíe un mensaje como el resto del mundo entonces.
—Tú no contestas ni mis llamadas.
—¿Y le parece que tenga sentido hacerlo? ¿Qué quería que le dijera? —me mordí la lengua para recordar que estaba diciéndole cosas que me llevarían a soltar otras de las que verdaderamente me arrepentiría—. Hágase a un lado, tengo que volver al trabajo.
—¿Cómo has estado?
Me crucé de brazos, procurando así, controlarme.
—Estoy bien.
—Sydney—de nuevo, pronunciando mi nombre como si le doliera, como si hubiera sido yo la que cortó la cuerda que nos unía—. Lo lamento, yo no quise…
—Pero lo hizo, y está bien. De hecho, estuvo perfecto lo que lo haya hecho. Usted lo dijo, me recordó que yo siempre creí que no iba a funcionar, que se ibas a dar cuenta de que usted y yo no estábamos hechos para estar juntos.
—¿Por qué me hablas de esa forma? Como si fuera tu jefe.
Levanté mi rostro finalmente, porque quería ver sus ojos cuando me escuchara.
—Porque eres alguien superior a mi estatus, ¿no es lo que decía todo el mundo? —todo estaba oscuro, pero pude ver el brillo de desconcierto en su mirada. Yo no quería lastimarlo, pero no había una forma de que pudiéramos estar juntos y que alguno de los dos no saliera lastimado, y ahora mismo yo decidía no ser nunca más la victima—. ¿Ellos decían que no tengo el derecho de estar con alguien como usted? Voy a respetarlos y a evitar pasar de esa línea. Pero yo he cambiado y también tengo mis reglas, y de ahora en adelante es usted quien no tiene el derecho de volver a mi vida.
Lo rodeé rápidamente, y caminé rápidamente por el pasillo. Pero Wyatt volvió a llamarme y aunque no quería, no pude evitar detenerme.
—Sydney, no estoy buscando arruinar tu vida una segunda vez, porque sé que lo hice y lo lamento. Pero…
Se quedó en silencio antes de continuar. Siempre supe que debió haber una razón mayor como para que él terminara con todo de esa forma tan precipitada. Me volví hacia Wyatt, a espera de su respuesta. Ahora que la luz de las bombillas del pasillo nos iluminaba, volvía a verlo claramente y eso hizo que mi corazón llorara un poco más por la expresión de dolor marcada en cada facción de su rostro.
Pero no estaba dispuesta a volver en el tiempo, no cuando me costó salir del recuerdo de esa mañana en la empresa.
—Te felicito por tu empresa—dije para cambiar de tema—. He visto que las cosas van bien. Mándale mis saludos a Peyton, por favor.
Entonces continué mi camino sin mirar atrás, una vez más.
Tan pronto como amaneció, me levanté temprano para ir a correr. Después de haber actuado frente a Emma toda la noche como si nada hubiera pasado, porque lo que menos quería es escuchar a alguien más diciéndome lo que ya sabía, que tenía que alejarme de Wyatt, me sentí exhausta y enojada cuando me metí al baño de nuestro apartamento y lloré todo el tiempo que estuve bajo la ducha. Sé que cuando mencioné a Peyton actué un poco fría, pero en realidad la extrañé demasiado y me preocupaba cómo la pasó mientras su padre enfrentó la situación de la empresa.
Desde que comencé a trabajar en el restaurante, empecé a correr por las mañanas, así como también mejoré mi alimentación. Emma me ayudó mucho a aprender a divertirme de nuevo, de actuar como una chica normal. Pero Taylor me ayudó a encontrar un propósito por el cual pude salir de mi depresión después de ser el hazme reír del mundo. Se convirtió en el hermano mayor que nunca tuve, pero que siempre deseé.
Cuando volví al apartamento me di una ducha y me cambié de ropa, tenía una cita para desayunar con Carly antes de que se fuera al trabajo. Luego de lo que sucedió pasé la primera semana de haber terminado con Wyatt, oculta de todos, incluso de Carly, pero después de que Emma se contactara con ella y llegara al apartamento regañándome como sé que lo hubiera hecho mi madre, todo volvió a la normalidad. Quise pedirle perdón por no decirle lo que ocurrió entre Wyatt y yo desde un principio, pero ella siempre esquivó esa conversación, Carly eliminó el tema como si nunca hubiera pasado para no hacerme sentir mal.
Cuando comencé a preparar el desayuno Emma se levantó, se sentó sobre uno de los bancos junto al pequeño mesón de nuestra cocina y bostezó.
—¿Sabes? Lo estuve pensando mundo Syd. Creo de verdad que deberías aplicar para Lehman Collage. Vi tu mirada cuando la Sra. Asiática te dijo que esperaba verte por allá nuevamente.
Sonreí mientras la vi negativamente.
—Es la Sra. Young. Y sí, admito que estaba emocionada—pero la verdad es que Wyatt nuevamente me había hecho olvidar todo, como si lo demás, si no se traba de él, no tuviera importancia para mí.
Estaba tan enojada e indignada conmigo misma que batí con fuerza la masa para los panqueques. Porque, ¿cómo se atrevía a tomarme sin mi permiso y preguntarme cosas como si tuviera el derecho de recibir una respuesta?
—Sydney, cálmate—me advirtió Emma, mirando con preocupación el bol en el que mezclaba la masa—. ¿Qué te sucede? Desde ayer estas más extraña que de costumbre.
Me reí y la miré acusadoramente.
—¿Entonces crees que soy extraña?
—La mayor parte del tiempo. Pero así te quiero.
Dejé en libertad la masa de la que abusé y encendí la hornilla para comenzar a preparar los panqueques.
—¿No tenías que desayunar hoy con Carly? ¿Por qué haces el desayuno? —preguntó Emma.
—Es para ti.
Emma sonrió.
—Cielos, eres como una madre.
—No solo es para ti, quiero que le lleves algunos a Liam. Trabajar en Powell no se debe haber hecho más fácil.
Emma se encogió de hombros pensativamente.
—Está acostumbrado. Además, tiene esa idea en la cabeza de que en algún momento lo van a ascender. Se esforzó mucho para poder entrar a Powell y convertirse en parte del equipo de Marketing, así que no sé cómo decirle que la empresa en la que está es una mierda y que no vale la pena.
Mientras observaba al panqueque asarse sobre la sartén antiadherente que Carly nos regaló cuando me mudé con Emma, pensé lo contrario de mi amiga. ItaPowell era una gran empresa, no era justo catalogarla de forma equivocada solo por lo que pasé con su dueño.
—Por cierto, recuerda lo que haremos esta tarde—mencionó Emma.
Asentí, recordando la nueva actividad deportiva en la que comenzamos a incursionar juntas. Desde que tenía más libertad, desde que comencé a ver la vida de forma diferente, pensé que podía aprovechar mi juventud y hacer todo lo que se le ocurriera a mi cabeza, sobre todo, lo que me distrajera de Wyatt.
Alguien tocó a la puerta, así que Emma fue a abrir.
—¡Eres tú! —exclamó Emma emocionada—. Tenemos que contarte todo sobre cómo le fue a Syd en la universidad. Ven, pasa.
Taylor apareció junto a Emma. Cualquiera se daría cuenta de que era policía, siempre vestía Jeans oscuros y camisas negras, grises o azul marino. Usaba lentes de sol cuadrados, y había en sus ojos una mirada aguda, como si todo el tiempo estuviera buscando una forma de averiguar lo que estás pensando. Supongo que era cosa de policías.
—Buenos días, Syd—me saludó Taylor, como siempre, de forma educada. Cuando se sentó junto a Emma frente al mesón, olisqueó un poco y sonrió—. Eso huele muy bien.
—¿Quieres? —le ofrecí—. He preparado mucha mezcla.
Me sonrió de vuelta.
—Gracias Syd. Y bien, entonces, ¿cómo te fue en Lehman?
—Bueno—sonreí tímidamente mientras echaba más mezcla de los panqueques sobre la sartén—. Es una escuela muy bonita.
—Y enorme—resopló Emma—. Caminamos demasiado. No sé cómo la Sra. Young pudo caminar tanto con esos tacones. Hermosos, pero dolores tacones.
Me reí, recordando en contra de mi voluntad la última noche que pasé con Wyatt, cuando asistimos a la gala de Isabel Ferdinand, porque usé unas sandalias que, aunque no tenían mucho tacón, me cansaron mucho, y, sin embargo, lo hice a un lado cuando Wyatt me invitó a bailar. Quería sentirme molesta, pero en vez de eso solo quería volver a ese perfecto instante de mi vida.