Capítulo 2

1717 Words
Jev estuvo en la habitación como unos veinte minutos más, me hizo hacer algunos estiramientos con mis piernas aún en la cama. Luego de eso, podía sentir un poco más firmes los músculos en mis piernas, me pidió que me sentara e intentara ponerme de pie. Lo hice me puse de pie y se sentía bien, poder estirar mis piernas, todo lo anterior lo hice sola, él no puso una mano en mí luego de haberme recogido del suelo. Aún permanecía en la silla y desde ahí me daba órdenes sobre cómo caminar con cuidado. -Bien- dice observando los movimientos de mis piernas- al parecer ya están un poco más fuertes. Yo camine hasta una ventana de cristal que había en la habitación y mire por ella, esperaba ver un cielo o algunas estructuras. En cambio todo lo que vi fueron rocas a la distancia y luces artificiales. - Vamos debes conocer todo el lugar.- dijo Jev acercándose un poco a la ventana también. Me puse un par de botas negras que habían dejado al pie de la cama y salimos. Las puertas eran todas de metal, todo el lugar parecía una vieja mina. El suelo era en rocas, techo en rocas, a donde miraba solo había rocas. Todas las personas vestían de la misma forma, todos color n***o, algunos me miraban con rareza y murmuraban. Llegamos a un salón donde habían mesas y cocinas. El me explico que era donde las personas que vivían allí solían reunirse a comer; las horas de las comidas serían 6:00am, 1:00pm y 5:00pm. Me explico que también podía llevar la comida a mi habitación. Pasamos por un corredor muy estrecho en donde lo que había debajo era un precipicio sin fin, pero frente al precipicio había una enorme cascada de agua. Podía ver que tenían un mecanismo para utilizar toda esa agua en este lugar. No pregunté nada, el no me hacía sentir muy bienvenida, así que decidí guardar todas mis palabras para mi. Asome un poco mi cabeza hacia un lado para ver nuevamente el precipicio. - Si caes - me miraba de forma molesta- no hay forma de que sobrevivas y tampoco nadie te ayudaría. Así que mejor sigamos adelante. Solo asentí y seguimos caminando. Llegamos a otro salón, este era mucho más enorme que el primero. Habían muchas cosas de luchas. Habían pizarras de tiro al blanco. En el medio del salón habían unas colchonetas negras, este salón a diferencia del resto estaba mucho más iluminado. - Aqui entrenamos a nuestros nuevos reclutas- dijo observándome. -Reclutas para que? - Como podrás saber - sonríe amargamente- nuestro mundo ya no es igual que antes. Hay criaturas extrañas ahí afuera, hay tormentas eléctricas que pueden matar a cualquiera que no sepa cómo protegerse, y personas que nos cazan. Mi mente no funcionaba como debía, así que no tenía ningún recuerdo sobre eso. Ni siquiera sentía que fuera algo terrible, porque no sabía cómo podía ser antes de como es ahora. - Tenemos que salir en muchas ocaciones a buscar suministros, - el continuo hablando y caminando - gasolina, cómida, medicinas. Yo soy quien dirige al equipo y soy quien entrena a los nuevos. El se detuvo en la puerta por donde habíamos entrado y me miro, esperando alguna reacción o recuerdo de mi parte. No sabia porque iba a decir esto, pero algo me decía que debía hacerlo. - Quiero entrenar. - le dije. Su rostro fue de confusión. - Quiero ser parte de tu equipo- continúe. - De ninguna forma - su rostro era molesto como siempre- acaso no te has visto? Eres demaciado pequeña, y tus manos son algo delicadas. - me miraba de arriba a bajo casi con desprecio. - Eso no importa- comencé a decir- todo eso podría cambiar con el entrenamiento. - No- dijo rotundamente- solo pondrías en riesgo al equipo; con entrenamiento o sin él serías un estorbo. - Pero yo… - comenzó pero el me interrumpió. - Debes ir a el área de medicina- me entregó un papel- y como ya sabes volver a tu habitación, entonces ya no debo estar contigo. Dijo eso y salió por la puerta sin esperar nada más. Estuve allí un par de minutos más, pensando en lo imbecil que podía ser ese hombre, lo que tenía de guapo lo tenía de odioso, así que era demasiado. Cuando una voz me distrae. - El es así con todos- dice la voz masculina tras de mi. Lo veo sonreír y quitarse unas vendas de sus manos, es un chico un poco más alto que yo. Tiene un piercing en su ceja derecha, su cabello n***o, no es muy corto y está algo alborotado. Su complexión física se parece mucho a la de Jev, solo que esté chico es más delgado. Yo solo estoy ahí mirándolo. - Disculpa estaba aquí cuando ustedes entraron y no pude evitar escucharlos- me tiende su mano- soy Will. - Hola - le doy mi mano también- soy Isabell. - Asi que ese es tu nombre- sonrie y tiene una sonrisa muy linda - todos estuvimos muy ansiosos con tu llegada. - Siento haber ocasionado todo eso - me siento un poco irritada hasta ahora Jev solo me había hecho sentir como una intrusa y ahora este otro me decía eso- no planeaba terminar aquí arruinando la rutina de cientos de cavernícolas. - Hey! - sonríe maliciosamente- calma no nos ofendas. Es solo que no estamos acostumbrados a encontrar personas con vida allá afuera y mucho menos traerlos aquí si no son de los nuestros. - Bien- estoy algo a la defensiva- yo tampoco acostumbro a estar bajo una cueva con personas que no conozco y sin memoria. - Oye! - el chico pone sus manos en mis hombros - todos aquí tenemos una historia y algún trauma causado por todo lo que sucedió. Siento haberte echo sentir incómoda. - No creo que alguien pueda hacerme sentir peor de lo que lo hizo tu amigo. - Jev? Mi amigo? - se ríe con ganas- no lo somos. Vamos te acompañaré al área de medicina. Al cabo de unos minutos Will caminaba conmigo. Y pudimos ver a Jev con un grupo de personas, Will lanzó un saludo con su mano hacia el, pero el solo lo miro con la única mirada que tenía, quizás le dedicó un poco más de su mal humor. Cuando llegamos al área de medicina, nos esperaba un hombre mayor de cabello blanco y lentes. Will se despidió, y yo me quede con el doctor, el me hizo algunos chequeos y algunas preguntas. Al cabo de unos minutos entro una mujer de unos 40 años, su complexión física era increíble, su cabello era n***o y su corte era hasta la barbilla. - Hola Rose, - saludó el doctor- Mira quien ha vuelto. - Me alegra verte tan bien, Chica- dice la mujer con su rostro amable. Yo solo me quedo allí mirándola y le dedico una sonrisa tímida. - Su nombre es Isabell- dice el doctor. - Isabell es un nombre fuerte- se sienta en una camilla - Creo que Jev se equivocó por primera vez. Ellos ríen, pero a mi me llama la exención el nombre de Jev. Empezaba a guardar algunos sentimientos no muy buenos en contra de él. - Jev? - Oh si- dice Rose sacando algunas frutas secas de su bolsillo y comiéndolas- Jev es quien te encontró y te cargo todo el camino. Dijo que no lo lograrías, que parecías muy débil, que no debíamos malgastar tiempo contigo. - Pero en cambio mírala- dijo el Doctor- acaba de despertar hoy y ya está caminando y luce bastante saludable. Ellos estuvieron contándome sobre el día que llegue aquí, como me encontraron casi sin vida. Cómo Jev a pesar de que decía que yo no sobreviviría seguía viniendo a ver cómo continuaba mi recuperación. Rose me contó que uno de esos días el doctor no pudo estar en su oficina por que estaba enfermo, nadie quería acercarse a mí porque era una extraña que venía de afuera. - Jev estaba molesto - decía Rose aún comiendo sus frutas secas- el no podía creer que las personas de aquí pudieran ser tan ridículas y no querer estar contigo en una misma habitación, solo porque venías de afuera. “Así que hizo algo que nadie esperaba; el se ofreció, yo no pude porque también estuve enferma. El solo entró aquí y se quedó todo el día y noche contigo, al día siguiente, yo me sentía un poco mejor y decidí venir a ver cómo estabas, pero lo encontré acostado en una silla a tu lado. Nunca le he dicho que lo vi esa mañana, yo solo me di la vuelta en silencio y salí. Supongo que todos te hemos tomado algo de cariño, eres como una pequeña ave que hemos rescatado y ahora te vemos volver abrir las alas.” Esa noche fui de vuelta a mi habitación, había estado toda la tarde en el area de medicina con el doctor y Rose. Al menos sabía que habían algunas personas a las que le agradaba. Mi habitación era pequeña solo tenía una cama en una esquina y en la otra un lavabo con dos toallas y la ventana. En una puerta, al lado de la ventana había un pequeño baño, solo había un pequeño retrete y una pequeña ducha en una esquina. Toda la ropa y zapatos extra, estaban guardados en cajas debajo de mi cama. Me di un baño, al agua salía fría, pero no me importo. Al salir me puse una camisa enorme que encontré entre las cajas y me recosté. Al par de unos minutos todas las luces de afuera se apagaron, pude verlo por mi ventana. Mis pensamientos se quedaron vagando en el entrenamiento, en el rotundo “no” de Jev y la historia que me había contado Rose. Tenía un poco de sentido que Jev no quisiera entrenarme, de esa forma no pondría en peligro a “su ave” como me había llamado Rose. Decidí que no permitiría que ese “cariño” me impidiera entrenar como yo quería. Y mañana volvería a insistir, y haría que me entrenara el u otra persona, pero nunca mas estaría entre la vida y la muerte.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD