Miranda Medina se tambaleó hacia atrás, con el pecho subiendo y bajando frenéticamente como si hubiera corrido por su vida y a punto de desplomarse. Sus ojos buscaban desesperadamente algo a lo cual aferrarse, algún punto estable en medio de aquel caos, pero todo a su alrededor se sentía extraño, hostil, como si el mundo entero se hubiera girado en su contra en un solo segundo. El temblor en sus manos era tan intenso que apenas podía controlar sus movimientos. La tablet, que un instante antes era el centro de su estrategia, se deslizó de sus dedos y cayó al suelo con un golpe seco que retumbó como el eco de una campana que anuncia el final de una era. La pantalla quedó boca arriba, repitiendo sin piedad la escena de su ruina, mostrándole una y otra vez la verdad que no

