Cobardía y Frustración.

1542 Words
Marcus Parker observaba a las personas ir y venir desde su lugar en aquella solitaria esquina del concurrido bar. Mientras divisaba los distintos rostros que desfilaban ante él, se perdía en sus pensamientos. Había escapado cobardemente de la cita en casa de los Spencer y de su reencuentro con Pamela. Aún no se sentía preparado para verla de frente, mucho menos para entablar una conversación. Su separación en el pasado había sido abrupta y desastrosa por lo que se sentía preocupado por aquel encuentro. Le enojaba admitir que secretamente sentía miedo de la reacción de Pamela, tenía miedo de que cuando sus ojos se volvieran a encontrar, aquella mirada dulce y cálida hubiera desaparecido. La había lastimado, lo sabía muy bien, le había quedado claro aquel día cuando se enteró de su repentina partida. Ahora tenía temor de ver la verdad, de enfrentar las consecuencias de sus actos. - ¿Por qué me llamaste?.- Un joven de pelo castaño se sentó a su lado. - Queria un poco de compañia.- Suspiró dejándose caer hacia atrás en su asiento. - Tu hermana me ha llamado varias veces preguntando por ti. Se escucha muy enojada. - ¿Le dijiste donde estaba?.- Le lanzó una mirada furtiva. - Tranquilo.- Sonrió al ver la inquietud en su amigo.- Me dijiste que si me preguntaba dijera que no sabía de tí. Dime algo ¿Por qué estás huyendo de tu hermana? - No estoy huyendo de mi hermana.- Tomó su bebida y la llevó a su boca para darle un sorbo.- Solo estoy retrasando un encuentro. - No entiendo.- Lucía confundido. - No necesitas entender.- Negó. Ambos hombres se quedaron viendo a la mujer que caminaba hacia ellos con una coqueta sonrisa y pasos lentos. El ajustado vestido de lentejuelas dibujaba su silueta curvilínea, sus piernas eran largas y regordetas, su cintura su cintura pequeña hacía contraste con sus caderas, su firme y redondo pecho se asomaba levemente por su escote y su rojizo pelo caía como una cascada carmesí sobre su espalda hasta terminar en su redondo trasero. Era una mujer hermosa, seductora y atrayente, tanto que logró llamar la atención del castaño quien dibujó una sonrisa al verla acercarse a su mesa. - Buenas noches.- La voz de la joven era suave y un poco ronca. - Buenas noches.- El de pelo castaño sonrió. - Mi amiga y yo queriamos saber si se encontraban acompañados.- Apuntó con su dedo a una joven de piel acaramelada e igual de sensual que ella. - No, solo estamos mi amigo y yo.- Golpeó con su codo a Marcus quien seguía en silencio observando a la joven. - ¿Qué les parece si nos reunimos?.- Sonrió con una pizca de coquetería.- Nosotras también estamos solas.- Creo que podríamos pasarla bien. - Por mi no hay problema.- El castaño dirigió su mirada hacia Marcus.- No sé qué opina mi amigo. - ¿Que dices guapo?.- La joven se acercó a Marcus y con su dedo picó su mejilla.- ¿Te gustaría algo de diversión? ……… - ¿Puedo pasar?.- Ella Parker se detuvo a la entrada de la habitación. - Adelante.- Pamela sonrió suavemente. - Ya vamos a regresar a casa.- Caminó hasta la más joven y se sentó junto a ella al borde de la cama.- Los gemelos ya están dormidos y tu hermano tiene una reunión mañana temprano. - Está bien.- Rodeó los hombros de la mayor con su brazo.- Me divertí mucho esta noche. - ¿En verdad la pasaste bien?.- Se quedó viéndola con cierta duda. - La pasé muy bien.- Suspiró.- Puede que no lo creas pero extrañaba reunirme con mi familia. - Pam…- Dudó un poco en lo que estaba a punto de decir.-...Sobre Marc… - Creo que no hay nada que hablar sobre tu hermano.- Sonrió. - No sé por qué ese tonto no vino esta noche.- Negó.- Hubiera tenido la oportunidad de disculparse. - Sé muy bien el porqué no vino.- Se levantó de su sitio y caminó hacia la ventana.- No vino porque en realidad no le interesaba hacerlo. - No digas eso.- Caminó hasta ella.- Mi hermano es un tonto pero… - Elly.- Se giró y mostró una leve sonrisa.- No necesitas hablar por él, no necesitas excusarlo. Se muy bien quién es Marcus Parker. - No sé como pero encontraré la manera de que ese idiota… - No…- La interrumpió.- Se que lo quieres hacer por nuestro bien pero no.- Negó.- Cuando tu y Cam tuvieron sus problemas y mi hermano se comportó como un patán, yo no interferí.- Sostuvo los hombros de la mayor.- No estoy diciendo con esto que te veo como una entrometida, solo estoy diciendo que las cosas entre tu hermano y yo…solo las podemos resolver entre nosotros. - Entiendo.- La envolvió entre sus brazos.- Me siento muy orgullosa de ti Pam, se nota que has crecido bastante. - Así es.- Sonrió.- Crecí…y ya no soy la niña de tiempo atrás. En otro tiempo, quizás 2 años atrás, sin duda alguna Pamela Spencer hubiera aceptado la ayuda de su cuñada. Incluso le habría pedido que interviniera y de alguna manera arrastrara a su hermano mayor hasta a ella, incluso hubiera utilizado las influencias de los Parker para hacer que su hijo hiciera lo que ella quisiera pero el tiempo había transcurrido y con él muchos cambios llegaron. Ya no era una chiquilla infantil y caprichosa, había cambiado y aunque la razón fue dolorosa, de alguna manera le agradece a Marcus Parker por provocar tal cambio. Ahora era una mujer madura la cual sabía cómo actuar, la impulsividad que la caracterizaba, había sido dejada atrás. No podía negar que aquella noche más que lastimarla, la actitud de Marcus Parker provocó en ella un gran enojo. Aunque no se lo mencionó a su cuñada, muy dentro de sí albergaba el anhelo de escuchar por lo menos una disculpa pero con lo que había visto aquel día, le quedaba más que claro que dicha disculpa jamás llegaría. No pensaba arrastrar a Marcus hasta ella si este no lo deseaba. Si lo que este en realidad quería era mantenerse alejado, entonces le daría el gusto. ……… Los sonidos lascivos que provenian de aquella habitación se podían escuchar con claridad. Los gemidos y chillidos descarados de una emocionada joven llegaban hasta el solitario pasillo del lujoso departamento. Esa noche, dentro de aquel departamento situado en el 14 avo piso, 4 personas disfrutaban de lo que para ellos se podría llamar una noche de diversión. Dos de las habitaciones del lugar se encontraban siendo invadidas por personas que guiadas por la pasión y excitación daban rienda suelta a sus instintos. Dentro de una de estas habitaciones, el cuerpo de una gimiente joven era aplastado contra un gran ventanal, su desnudo trasero se pegaba al cristal con más presión cada vez que su cuerpo era embestido. Sus largas piernas se tensaban alrededor de la cintura de su acompañante y sus largos dedos se enterraban en el n***o mientras sus hinchados labios se entreabrian dejando escapar los gemidos de forma descarada. Con cada mordida en su blanca piel o cada roce de la húmeda lengua sobre sus puntiagudos pezones, la mujer soltaba un lascivo chillido sin importarle que no eran las únicas personas en aquel lugar. Las fuertes embestidas que propinaba aquel duro m*****o sobre su punto sensible la había hecho perder la última pizca de vergüenza. El hombre que la poseía, en aquel momento parecía una bestia hambrienta de la cual solo quería saciarse. Sus agresivos besos, sus mordidas, la forma en que sus largos dedos se enterraban en su blanca piel provocando un leve dolor, aquellas salvajes y certeras embestidas las cuales poco a poco hacían que su vista se nublara más y más, todo eso le demostraba que aquel hombre no solo estaba descargando su deseo sino una secreta frustración. Marcus Parker se encontraba perdido en el blanco cuello de su acompañante, aunque aquel perfume que llevaba le resultaba un tanto molesto y pesado, lo soportó gracias a que en aquel instante había bloqueado la mayor parte de sus sentidos. No escuchaba los lascivos sonidos que escapaban de los labios de la joven, ni siquiera sentía como las largas uñas se enterraban en su espalda dejando un rojizo rastro, parecía completamente ausente a su entorno. Cuando su cuerpo y el placer llegaron a su punto máximo, Marcus atacó de forma furtiva los labios de la joven, introduciendo su húmeda lengua acallando los gemidos y cortando la respiración. Fueron besos voraces, besos que en lugar de asustar a la chica, solo la excitaron mucho más y la llevaron al borde. Pronto el movimiento de sus caderas se hizo errático y un repentino cosquilleo recorrió su cuerpo completo, en ese instante Marcus cortó con aquel beso. Gruñendo sobre los entreabiertos labios de su acompañante y de forma inconsciente susurró mientras se corría. - Pam…- Recitó entre jadeos.- Pam…- Terminando de recitar estas palabras y en un estado tembloroso enterró su rostro en el rostro de la consternada chica. - ¿Pam?.- La chica preguntó con voz agitada. - ¿Qué?.- Marcus salió de su trance al escuchar aquel nombre salir de los labios de la chica. - ¿Acabas de llamarme Pam?
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