Semana -1: Día -2

1649 Words
Ammy se levantó temprano para preparar el desayuno. Solamente abrió un paquete de pan tostado, encendió la cafetera y bajó el frasco de mermelada de fresa de la despensa. Ya era la segunda vez que tocaba la puerta de la habitación de Ella pero su hermana se negaba a siquiera avisar que no tenía planeado salir de ahí, al parecer había pasado toda la noche sin poder tomar un descanso apropiado. No podía haber acertado con alguna otra conjetura. Ella se encontraba sentada frente a la computadora tecleando más capítulos y escenas para su historia, le había dedicado toda la noche y madrugada a esa novela. Su esfuerzo estaba dando los frutos deseados, ya tenía el comienzo atractivo para su nuevo regreso a la plataforma. Las escenas estaban encajando lentamente en ese texto que guardaba en más de una carpeta. «Una cabellera roja ondeaba por los pasillos de la oficina mientras los tacones marcaban el ritmo acelerado con el que casi corría la secretaria del Director General de la agencia. La joven de veintiocho años viró hacia la derecha para tomar el ascensor de los directivos en lugar del de los empleados. Necesitaba llegar a la oficina lo más pronto posible para darle la noticia a su jefe testarudo que se negaba a levantar el teléfono que sonaba en su escritorio. Agradecía el no llevar una falda o vestido en aquel momento, aunque los tacones le resultaban molestos pudo haber sido peor de haber llevado alguna otra prenda que no fueran sus pantalones formales. En su camino se despojó del saco y ató las mangas al rededor de su cintura. ―Parece que alguien tiene prisa, esperaré al siguiente ascensor ―comentó uno de los directores al ver a la secretaria ahí dentro. Celeste no pudo decir nada, sólo hizo una leve reverencia para agradecer la amabilidad y continuó ascendiendo mientras con los tacones golpeteaba el suelo con prisa. En cuanto las puertas se abrieron mostrando su lugar de trabajo ella descendió y corrió nuevamente por el pasillo hasta la puerta de la Dirección. Esta vez no se tomó el tiempo para alisar las arrugas de su pantalón, colocarse el saco adecuadamente o tan siquiera retocar su peinado, todo lo que hizo fue gritar el nombre de su jefe para llamar su atención y lograr así que su vista se despegara de los documentos que parecía estar revisando. ―Señorita Moore, después de dos años trabajando para mi creo que es normal que recuerde los principios básicos de la etiqueta laboral y uno de ellos, quizás el más importante, es el de tocar la puerta antes de entrar― reprendió el jefe en tono apacible. ―Lo sé, soy consciente de las reglas pero vine a decirle algo urgente ya que se niega a responder mis llamadas. Su madre viene en camino a la empresa Después de dar la noticia Miguel finalmente apartó la mirada de los documentos y se quedó observando a su secretaria. No estaba poniendo atención a nada, sus ojos estaban fijos en ella solamente porque era quien tenía frente a su campo de visión, en realidad su mente estaba trabajando acelerada trabajando en algún plan para evitar que su madre entrara al edificio de la redacción. Tendría que bajar a la recepción para indicar que le sirvieran el café y se quedaran entreteniendo a su madre hasta que él pudiera salir con algún pretexto creíble que la hiciera salir de ahí para evitar la molestia del personal y la de él mismo. Al parecer su mañana se encontraba un poco más ajetreada de lo que pensaba, pero le gustaban los retos y estaba feliz de poder enfrentarse a su madre después de que prometiera no volver a verlo por haber arruinado la cena que su madre tenía organizada con la chica que pensó que sería adecuada para él. Lentamente se puso de pie y caminó en dirección a Celeste. Tal vez algunas mujeres se verían tentadas a ofrecerle todo a su jefe, pues no era un secreto que aquel sujeto poseía ciertos rasgos que lo hacían atractivo ante las miradas de las féminas que podían trabajar directamente con él., pero en Celeste esos encantos no funcionaban. Ella conocía perfectamente la personalidad autoritaria de Miguel y eso en automático era un repelente para ella, era lo que necesitaba para mantener su distancia con él. ―Llama a la recepción y diles que lleven a mi madre a la cafetería , necesito que la entretengan un poco para poder ir a verla. Es una orden. ―Como usted diga― Celeste hizo una nueva reverencia y caminó hacia el teléfono en su escritorio para realizar la llamada y dar las indicaciones bajo la atenta mirada de su jefe. Estaba un poco cansada de que él vigilara cada uno de sus movimientos y que pusiera atención a cada palabra que recitaba, pero lo soportaba porque la paga era buena y el estatus laboral era un plus para su currículum». ―¿A caso piensas morir de hambre ahí dentro? ―gritó Ammy aporreando la puerta con preocupación, ya que su hermana ni siquiera daba una respuesta. Ella salió de su estado de trance y dejó de teclear con rapidez mientras su mente volvía al lugar donde físicamente se encontraba. Se estiró sobre la silla y su espalda crujió a modo de protesta por haber pasado tanto tiempo sentada frente a la computadora, acto seguido volteó hacia el reloj de pared que marcaba casi las diez de la mañana. Bien, ya había perdido el sueño gracias a Celeste y Miguel, eso solamente indicaba que su novela iba a funcionar si la había absorbido durante tanto tiempo sólo para redactar el inicio perfecto de su historia. Finalmente Ella salió de su recámara luciendo un rostro cansado y los ojos irritados por la luz artificial de la pantalla a la que estuvo observando toda la noche y gran parte de la mañana. Atravesó el pasillo hacia la cocina y se sirvió una taza del café frío que reposaba en el vaso de la cafetera, quizá lo habría calentado de no necesitar permanecer despierta lo que restaba del día. ―Ella, dile a tu "no novio mejor amigo" que necesitamos de sus dotes de fotógrafo para realizar la evidencia para sostener la mentira. ―Sé que estoy adormilada y todo, pero estoy segura de que aunque estuviera despierta seguiría sin encontrar sentido en lo que dices― respondió la chica mientras untaba la mermelada en el pan tostado. ―Sí, para que todos crean que son una pareja debemos mostrar la evidencia de que llevan mucho tiempo juntos, lo cual nos lleva a tomar fotografías de las diferentes citas que han tenido. ―Pero no hemos tenido ninguna cita porque recién nos volvemos a encontrar. ―Para ser escritora tu mente fabrica historias de forma lenta. Ve a vaciar tu closet y busca ropa bonita. Dame tu teléfono para que pueda contactar a André. El chico estaba llevando a cabo una sesión de fotos en el estudio de su compañera, le estaba haciendo un favor solamente por los años que habían estudiado juntos porque no obtendría ningún centavo de aquel trabajo inesperado. Ese siempre había sido su problema, no podía decir que no cuando alguien le pedía ayuda, ya fuera porque realmente quería colaborar o porque terminaba sintiendo lástima por las personas que no podrían realizarlo todo por su cuenta. Estaba probando los nuevos lentes que recién había recibido esa mañana cuando su teléfono comenzó a vibrar sobre el escritorio donde reposaba el material para la sesión. El nombre de Ella resplandecía en la pantalla tentándolo a responder la llamada aunque se encontraba en medio del trabajo, solamente tomaría unos minutos. Cogió el teléfono y deslizó su dedo sobre el símbolo verde para darle paso a la voz animada de Ella. ―Buen día Ella. ―Ya veo que no esperabas mi llamada― respondió Ammy fingiendo decepción en su voz. ―Tranquilo, no le diré a mi hermana lo desesperado que estabas por hablar con ella, pero necesito pedirte primero un favor...o más bien voy a hacerte yo el favor. ―¿De qué se trata esta vez? ―su voz había pasado de ser animada a transmitir algo de frialdad. ―Vas a realizar una sesión fotográfica de la cita perfecta con mi hermana. Si tienes tiempo más tarde me gustaría que nos viéramos los tres en la heladería de siempre. ―Por supuesto, ahí estaré. Tal y como lo había prometido, tuvo que acelerar su trabajo para poder asistir al punto de encuentro antes de la hora acordada. No tuvo que esperar demasiado, pues unos minutos después el par de hermanas llegó corriendo como si realmente se les hiciera tarde. Las mejillas sonrosadas de Ella delataban el esfuerzo físico que había hecho para estar ahí a tiempo, pero lo que era más obvio aún era la mirada de ternura que André les estaba dedicando a Ella y lo cuál solamente parecía entretener a Ammy. Serían memorables los días que pasarían juntos de vacaciones en la casa de los abuelos del chico, eso ya estaba decidido. ―No perdamos el tiempo, prepárense para ser fotografiados. Algunas de las fotos tendrán que tomarlas ustedes con su teléfono para que no parezca que todo el tiempo hubo otra persona presente en sus citas ―advirtió la menor. Los tres se pusieron manos a la obra para realizar la sesión de fotos. El tiempo pasó entre cambios de ropa, peinado y locaciones. Todo era perfecto mientras el par se divertía tanto que no parecía que estuvieran fingiendo para crear la atmósfera de una cita verdadera. Para Ammy era más que satisfactorio ver a su hermana siendo tan cercana a un chico después de haberse pasado toda la vida estudiando o trabajando y sin darse la oportunidad y el tiempo para hacer amistades verdaderas.
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