Semana -1: Día -3

1398 Words
El día anterior sonaba tan divertido el tener una cita en la heladería, pero ahora que podía verlo esperando por ella los nervios se estaban apoderando de su mente. Su actitud positiva se estaba desvaneciendo frente a su creatividad que le planteaba diferente escenarios en donde las cosas no terminaban bien. Suspirando afianzó su agarre sobre la correa de la crossbody que había decidido llevar con ella y volvió a caminar en dirección al chico alto que esperaba sentado mientras algunas personas que estaban de paso lo observaban. Él pudo verla acercándose a él con su típica sonrisa que la hacía entrecerrar los ojos. Su piel resplandecía blanca bajo el sol, sus ojos tenuemente verdes brillaban con curiosidad y su andar apresurado la hacían ver como una niña en lugar de la adulta que realmente era. ―Llegaste, creí que iba a quedarme pegado al asiento ―bromeó, lo que le hizo recibir un pequeño golpe en el brazo de parte de Ella. ―Estaba editando algunas escenas de mi novela y perdí la noción del tiempo. ―¿Novela? ―Hace poco renuncié a mi trabajo en oficina para seguir mi camino como escritora de novelas web. Dicho esto prosiguió contando la historia de cómo fue que descubrió que tenía talento para ello, de cómo pasaba sus horas laborales creando vidas alternas para ella y sus compañeros de trabajo. Todo había comenzado cuando un día tuvo un sueño que parecía bastante real, en él ella no estaba trabajando en una oficina, estaba de vacaciones cerca del mar. Ahí una persona se acercaba a su camastro y le hablaba de forma cariñosa, como si fueran lo suficientemente cercanos como para ponerse apodos cursis de pareja. A una semana de haber tenido aquel sueño que no dejaba de recordar, abrió un nuevo documento en blanco y comenzó a escribir aquella visión mientras sus dedos se movían con agilidad sobre el teclado. Poco a poco el relato fue tomando forma y se nutrió con ideas nuevas. Aquel texto pasó de ser un sueño a convertirse en la inspiración para la primer historia que subiría a una plataforma web. Cien lectores asiduos fueron su primer público, pero el éxito llegó rápidamente y su novela llegó al final. No tuvo que esperar demasiado para que un correo de la plataforma llegara a ella, un contrato extenso venía adjunto en el que especificaban los términos y condiciones para la publicación digital de la novela. Sin planearlo, su carrera pasó de ser una oficinista a una escritora con suerte y mucho talento. Llevaba publicadas un par de obras más y en su computadora de escritorio descansaban muchos documentos con ideas nuevas pero sin completar. ―¿Entonces puedo leer tus obras? ―interrogó André mientras una empleada del establecimiento les entregaba una hoja enmicada que contenía el pequeño menú del que disponían en la tienda. ―¡Ni lo pienses! ―exclamó Ella llamando la atención de algunos ojos curiosos. ―No quiero que mis conocidos lean lo que escribo. ―Supongo que debes ser mala, por eso no quieres dejarme leerlas. ―No es eso, no soy buena aceptando la crítica de aquellos que me conocen. Si se tratara de un desconocido no podría importarme del todo, pero alguien cercano estaría juzgandome directamente y, por lo tanto, la crítica sería contundente. ―Miedos de artistas, supongo. ―Háblame de tu vida ¿Que pasó con el André que ansiaba estudiar arquitectura? Los ojos verdes de la castaña resplandecían con curiosidad, realmente ansiaba escuchar aquel relato que hasta el momento le era desconocido. Aquel intercambio de miradas se vio interrumpido por la chica del servicio, quien con libreta en mano se acercó para pedir la orden. Ella pidió una malteada de fresa y una rebanada de pastel tiramisú, mientras que André se conformó con un banana split. Después de aquella inesperada pausa Ella volvió a centrar su atención en André, tal vez aquella historia le ayudaría a ampliar su panorama para la historia de Miguel y Celeste. El inicio de la historia Ella lo conocía, se había enterado que André había aplicado su solicitud para dos universidades distintas, pero el resto era inédito para la chica. André había recibido la respuesta de la universidad especializada en artes visuales, su portafolio había sido suficiente como para hacerlo merecedor de un lugar en la carrera de fotografía y edición digital. A pesar de que sus padres querían que continuara con el linaje de la familia estudiando arquitectura, él decidió trazar su propio camino hacia la carrera de sus sueños. Su padre se había negado a pagar esa escuela, a darle cabida en su familia a un fotógrafo; así fue como el joven rentó un pequeño estudio y comenzó a trabajar en empleos de medio tiempo mientras estudiaba. Las becas de la universidad fueron un gran apoyo económico y, al ver que no le estaba yendo tan mal en la vida sus padres volvieron a acercarse a él y los dos últimos años de la carrera fueron ellos quienes se hicieron cargo de todo. Un inicio escabroso lo llevó a ser la persona que era actualmente. No se arrepentía pero siempre se quedaría con la idea de que las cosas podían haber llegado a su destino sin haber tenido que ser tan complicadas, pero eso no tenía por qué saberlo Ella. ―¿Y entonces eres de esos que toman la foto para el carnet? ―se burló la castaña mientras la chica del establecimiento colocaba sus pedidos sobre la mesa. ―Que graciosa, voy a diferentes eventos de moda y celebridades y soy quien toma fotografías. ―¿Eres un paparazzi? Atrévete a seguir a Britney y terminarás con un bate en la cabeza. ―Claro que no, soy fotógrafo de pasarelas y esa clase de eventos OFICIALES ―puntualizó para evitar confusiones. Ambos se quedaron callados mientras comían, de vez en cuando ella utilizaba el tenedor con el que estaba comiendo el tiramisú para robar un poco del helado de André, pero también le invitaba de su postre. Para su sorpresa fue André quien pagó la cuenta antes de que ella pudiera ofrecerse a dividir el gasto entre los dos. No habían acordado que él la invitaría, pero André no dejaría que Ella pagara por su propia comida. Después de dar un paseo por el parque mientras continuaban la charla sobre su pasado, Ella se dio cuenta de que André había pasado por muchos momentos complicados con su familia, así que tendría que darle un empujoncito para volver a unir esos lazos entre todos ellos. ―Ya está anocheciendo, creo que es hora de que te lleve a casa ―comentó el chico mientras Ella volvía a la realidad. Rehicieron juntos el camino de regreso a casa. De vez en cuando se empujaban el uno al otro para molestarse y no hacer el recorrido de forma aburrida o monótona. Al llegar a una barda de cemento relativamente baja Ella subió tranquilamente, abrió los brazos como si fueran un par de alas y continuó caminando mientras intentaba mantener el equilibrio. Siguieron avanzando mientras André se debatía entre ayudarla o dejarla seguir su camino, pero entonces ella perdió un poco el equilibrio y buscó apoyo en el hombro de su acompañante. Después de aquel susto André le ofreció su mano para transmitirle un poco de confianza y estabilidad. Ambos continuaron andando, uno al lado del otro, sin dejar de tomarse las manos; por lo menos se mantuvieron así hasta que llegaron a la casa de Ella y entonces André tuvo que soltarla para poder ir a su propia casa. ―¿Y que tal estuvo la cita? ―interrogó Ammy al escuchar que alguien cerraba la puerta. Ella se sobresaltó y llevó una mano hacia su corazón debido al susto. ―Me asustaste. Para tu información eso no fue una cita, solamente salimos para ponernos al día. ―Pero hubo helado. Una pareja y helado combinados forman la cita perfecta. ―Para tu información no hubo helado, fue un tiramisú. ―Todo un golpe de calorías para conquistar tu corazón. Ese sujeto se anotó unos puntos extra. Ella dejó de discutir y se dirigió directo a la ducha para poder bañarse mientras recordaba cada una de las escenas vividas esa tarde. Ya se ocuparía de darles a Celeste y Miguel una buena cita fuera de la oficina.
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