CORA
Un nuevo día inició dejando que mi semana de estudio en la academia empiece, hoy voy a estar hasta las cuatro de la tarde, practicando con mi profesor Lucas Pérez, un grandiosos hombre con barba y enfundado en su traje de forma casual cada vez que lo veo, siempre aprendo a conocer más de la vestimenta de los hombres, ya que mi mejor amiga me dice lo que usa cada día, lo hace a modo de broma a veces no comprendo su actitud de chica tan relajada.
Ahora me encuentro, con mi Nana desde los diez años, como tal supo tenerme paciencia cuando mis Padres no pudieron, por causa del accidente que tuve dónde perdí la vista, con pesar recuerdo ese día era un día de primavera íbamos de viaje mis Padres y yo en el auto, en ese tiempo papá era solo un simple gerente de la empresa que en la actualidad maneja mientras él iba manejando mamá y yo escuchamos la radio donde pasaban canciones buenas de baladas dejando huellas grandes en mi ese género y no pienso cambiarlo, porque es mi favorito.
Por su parte llegamos a una gasolinera para ingresar combustible en el carro pequeño, que tenía de color azul oscuro, mi papá hizo su labor al salir y llenar el tanque; para después de veinte minutos volver a encender el motor del carro logramos salir con éxito estaba fascinada con mamá disfrutando de la música; cuando siento un leve giro brusco del lado derecho, estaba en el izquierdo del asiento trasero mientras mis Padres estaban uno de piloto y el otro de copiloto, el leve giro me asustó detalle la ventanilla, encontrando el problema.
Un auto extraño estaba compitiendo con otro, mi papá los trato de alejar retrasándose; pero fue en vano porque al próximo giro llegó por uno de los dos carros que golpeó el nuestro, sacándonos del camino de la carretera grite por instinto; al ver cómo mamá lo hacía y papá nos mandaba a cubrirnos, así lo hicimos que al rodar el auto tantas veces quedamos boca abajo y el auto hacia arriba.
Mi cuerpo pequeño estaba adolorido, porque no se podía mover por nada tenía un golpe fuerte en mi cabeza, dónde sangraba el mismo y mi visión se nublo rápido al tener un desmayo inmediato, sin conocer más nada de la situación o de mis Padres. Luego de tanto tiempo, logro despertar y al darme cuenta que no pude ver nada, comencé a llorar sin parar, las enfermeras escucharon el sonido de mi llanto que no cesaba, estaba asustada y más al no ver nada todo lo tenía n***o nada podía ver qué me quedé muda, hasta que mi recuperación se fue dando, hasta que mis Padres llegaron lo noté por sus voces; pero la noticia que les dio él doctor los dejo devastados, pero aún así me abrazaron y lloraron en medio de el abrazo de los tres, pero mi voz no salía el shock fue tremendo y más en la edad de doce años.
Cerré los ojos por instinto, cuando siento que mi Nana, me despierta de mi letargo colocándome de pie con cuidado y dándome entrega del bastón que uso, para estar orientada al caminar con cuidado salí del dormitorio y ella siguiéndome al estar afuera me esperaba el chófer Bruce lo percibí por el aroma de su vestimenta, ya que todos los día come galletas de coco, que le prepara mi Nana sabiendo que eso lo delata lo llamó al ya haber bajado los simples escalones pequeños que tenemos en la entrada de la casa.
— Señor Bruce. — hablé alegré, sin mirar a ningún punto, tenía ya mi bolso corto conmigo.
Ya había desayunado, y tenía puesto un vestido veraniego de color rosa pálido y tacones plateados siendo plataformas muy cómodas para estos momentos, la voz de mi chófer la noto.
— Vaya señorita Koj, es increíble su instinto de conocer ¿Quién es la persona? — comenta alegre, por su tono de voz.
— Eso se lo debo a Dios, porque cuando nos falla uno, los demás se agudizan y se perfeccionan más. — Puntualizó con amabilidad pero siento la sonrisa de mi chófer.
— Siempre me gana en tener respuestas para todo señorita, bueno debemos llevarla no puede llegar tarde a la academia de música. — agrego, que sólo asentí dejándome guiar por mi chófer que me abrió la puerta e ingresé sin problemas.
(…)
En unos treinta minutos, logramos llegar a la academia Sonata infinita; es tan buena que todos desean entrar, pero debes pasar por una prueba de admisión, antes de entrar yo lo hice aún siendo ciega no pasa desapercibido que debes hacerlo, es una regla que ellos tienen la cual respeto; todo debe hacerse como es debido sin importar de donde vengas o a qué te dediques. No obstante, logramos llegar y baje con cuidado Bruce me espero detrás de la puerta al ser abierta por él, me ayudó a salir y comencé la marcha hoy iba a estar trabajando en mis eventos que debo presentarme, ya sea en grupo o individual.
Al estar dentro de la academia, me despedí antes recordándome Bruce el compromiso que tengo con mis Padres al venirme a buscar, fruncí los labios, tratando de sentirme tranquila, en ese tipo de eventos y más si es una cena; para compartir con gente tan fría y sin nada de emoción, pero decidí olvidar ese asunto, dando mis pasos con comodidad, hasta lograr llegar al salón, que siempre trabajo con mi profesor Lucas, la melodía me cayó a mis oídos, que rápidamente se sintieron alegres al sentir la melodía de Chopin uno de los clásicos, que me encanta oír fui despacio por todas las sillas que seguro estaban bien ordenadas en fila y me senté casi cerca del piano de roble que tenemos, no conozco mucho su tamaño pero si su color en n***o, gracias a mi amiga que no me recibió en la puerta es seguro está ocupada o no pudo venir.
Ya después tendría tiempo, para hablar con ella; al salir de mi hora de ensayo, aunque la voz de mi profesor me saca de el relax en que estoy dejando de tocar el piano.
— Buenos días bella dama. — sonreí por inercia.
— Gracias profesor buenos días. — respondí devuelta, al percibir su aroma a vainilla su favorito al tener en su hogar, son cosas que me permite conocer a las personas y diferenciarlas.
— Por nada Cora, ya que llegaste tenemos trabajo que hacer, tenemos dos horas de ensayos solos, antes de dar mi clase de herramientas de melodías en el pizarrón con mis alumnos de inicio. — Me informo lo que debíamos hacer, enseguida me puse de pie, dejando mi bolsito solo en el asiento que siempre uso.
— Estoy a su orden profesor Pérez. —
Logré oír su risa suave, que me contagio de gran manera; allí me dirijo al gran piano, se sentó a mi lado derecho y comenzamos el ensayo; soy una estudiante que se esmera por dar lo mejor, que no dude en oír bien los parámetros o reglas en cada sonido, que me decía mi profesor amaba como me ayudaba tenía la paciencia y la vocación de dar clases sin importar las tantas veces que debía repetirnos y volver a comenzar, por estos detalles me siento feliz de la carrera que tome entregando el corazón en lo que uno ama, mi sonrisa se amplió al estar haciendo la melodía, que me pido elaborar con mis dedos tan pequeños y suaves.