Héctor
Después de la larga siesta que tome me perdí el almuerzo y fui solo a cenar y eso porque mi amigo Martín toco mi puerta, para cerciorarse si no morí dentro de la habitación, siempre suele ser dramático cuando le conviene, la cena fue buena y comí bastante soy un hombre que no piensa en la medida, sino en la calidad, como mucho sin importar ¿cuánto deba pagar? Mi amigo no es así, como lo crucial claro con buena porción, solo que para mí gustó no llega.
Pasando de lado la cena, me llevo directo al bar y nos encontramos en la barra disfrutando el mejor Brandi de este país es suave, pero no tiene la clase que posee la cerveza Española, es incluso hasta mejor cosa que guarde para mí, no suelo ser grosero con nadie, a menos que resulte irritante para mi mente o trabajo.
Al tercer trago, noto que Martín carraspea, enseguida lo observó ajustando mis gafas de lentes de marca.
— ¿Me decías algo? — pregunto.
— Veo que estás muy analítico esta noche, el dormir no te ayudo a despejar tu mente. — consulto, bebiendo de su copa de licor y refrescar su garganta.
— Digamos que me conoces por pensar mucho Martín, y que lo haga no debe angustiarte. — fui directo, ganándome su sonrisa de lado estaba jugando conmigo.
— Puede ser Héctor; además quieres diversión esta noche o prefieres para otro momento. — al decir eso, me deja pensando si tomar o no, la proposición de tener una mujer en mi cama.
Me puse a mirar por todo el bar, a una buena candidata, pero nada me convencía así negué volviendo a ver a mi amigo, que estaba riendo por mi reacción, el muy idiota siempre lo hace.
— No pasó; además no hay nada, que me de ese incentivo de querer follar con una mujer, creo que será para otra ocasión Martín. — termine de hablar, antes de beber todo el licor y pedir una cerveza Española.
— ¡Bah! Que aburrido Héctor, pues yo me voy a divertir con esa rubia de allá. — indico con la mirada, fui cauteloso al mirar en la dirección que me señaló.
En una mesa apartada de muchas, estaba una rubia muy llamativa, con un vestido rojo y tacones plateados, se notaba el exceso de maquillaje; bufé por lo bajo, regresando la vista a mi cerveza, ese estilo de mujer no me va, suelen ser una putas, yo buscó mujeres más fuertes y con una gracia genuina al dar su entrada en cualquier lugar, eso cautiva a un hombre; pero hay pocas que tienen ese don de pensar con más elegancia y pureza sin necesidad del maquillaje.
— Bueno disfruta Martín, pero tomaré tu auto necesito aire fresco, y como tal tú me trajiste aquí, en tu auto deportivo. — Informe mi condición y él quedarse frunciendo el ceño.
— Sabes que mi «hijo»; no te lo voy a dar, además pide un taxi genio. Quiero impresionar a esa cosita y la llevaré a un hotel. — la osadía con la que habla, no me sorprende ya estoy acostumbrado.
Me reí por un momento, al conocer como le llama a su auto, es ridículo aunque es bueno dejarlo vivir sus locuras tiene veinticinco años quiere seguir viviendo la locura, hay que dejarlo seguir; así que me terminó de tomar la cerveza, para colocarme de pie sacando mi billetera pagando la cuenta de ambos; sin importarme que él se niegue.
— ¿Porque haces eso? Héctor sabes que yo…
— Sé que tienes dinero de sobra, pero soy tu invitado al menos déjame pagar la cuenta, solo cuídate iré por un taxi necesito madrugar mañana, tengo que ir a buscar mi apartamento. — Afirme interrumpiendo, demostrando la mirada seria.
— De acuerdo Héctor, nos vemos mañana. — fue lo último que dijo, que asentí con un movimiento de cabeza, para darme vuelta e irme fuera del establecimiento.
Para cuándo estuve afuera, la multitud de gente iba y venía por toda la calle, siendo estás asfaltadas y bien cuidadas las aceras, detalle la hora en mi reloj de muñeca, siendo casi las doce de la noche volví la mirada al frente, dónde enseguida localicé un taxis aquí los carros son pintados en color blanco y n***o con su letrero, que indica la información, le silbé algo que hago en mi país el auto se detiene rápido al lugar; donde me encuentro ingreso al mismo, le digo la dirección y él de señor calvo algo mayor avanza sin dudar a ruta que le pedí hacer.
(…)
El recorrido fue rápido, el taxis me dejó enfrente de la residencia de la familia Donato, le pagué dejando algo de propina extra y el señor agradeció con mucha gentileza, di la vuelta para llegar a la entrada, que al hacerlo tocó como es debido espero los minutos, dónde la ama de llaves me abre con una sonrisa de lado, me recibe y yo le correspondo me deja pasar para seguir mi recorrido.
Sin embargo; cuando estoy a punto de subir las escaleras, escucho las voces de los Padres de Martín reír y hablar como también otras voces que desconozco, con las manos en mis bolsillos elevo las cejas curioso por saber, pero después negué en mi interior, ya que no es mi casa para tomarme la atribución de conocer la dichosa visita que tiene la familia de mi amigo, pero noto la voz de la ama de llaves sacarme de mi trance.
— ¿Desea algo señor? —
La miro y niego enseguida.
— Nada señora, solo que escuche voces en la sala supongo. — le di entender mi duda.
— Pues los señores Donato, recibieron una visita de la familia “Koj”, junto con su hija. — hablo como si nada, me quedé algo intrigado por ello.
— Oh… ya entiendo, gracias por decirme y también me disculpó por buscar saber. — Sugerí amable, pero ella negó tratando de darme a entender que no importaba.
— No hay problema señor Héctor, espero tenga una buena noche. Me despido. — culminó y le di un asentimiento.
La vi irse al área apartada, dónde seguramente están los empleados de la casa y sus habitaciones; me quedé un momento ahí recordando las palabras del ama de llaves, pero después, decidí ir a dormir en el momento que llegue al cuarto, cerré la puerta y fui a darme una ducha, para refrescar mi cuerpo me quite toda la ropa, luego entre al baño llenando mi cuerpo de esa agua caliente, que me relaja y calma cualquier ansiedad que pueda tener.
Al pasar una hora, estaba con la pijama puesta; que consistía de Mono de chándal en color gris y guardacamisa en n***o estire un poco mis brazos ejercitados, dándome cuenta que debo ir al gimnasio para mantenerme en forma y no dejar que la flacidez llegué, en eso me fui directo acostar organizando la cama dejando ese espacio despejado y único a dormir está di boca arriba meditaba lo que puedo hacer, para mejorar mi música y comenzar a escribir nuevos sonidos para mí instrumento de aire, deseo dar lo mejor y no dejar que la bendita disquera me quite; lo que por derecho deben reflejar en mis álbunes sin necesidad de agregar cosas que no van con mi género de música; enseguida se me vino a la mente un buen proyecto de trabajo y gran concentración sin ser molestado, sonríe en mi interior porque mañana será un gran día y lo voy aprovechar al máximo, no por algo soy Héctor Caldera, el mejor saxofonista de mi país y toda Europa.