5. Capítulo

2113 Words
Después de hacer la investigación, Milenka marcó el número que le había dado Valentina y la llamó. No tardó en respónderle la llamada, estaba ahí, al teléfono, hablando de lo que había conseguido en la web.  —Tenemos suficiente material, podemos empezar a redactar sobre lo que entendemos, la verdad es bastante interesante el tema, ¿verdad?  —Sí, un poco —dijo con franqueza.  Después de todo Literatura era pan comido ante tanta ciencia, números y formulas que le parecían incomprensibles. La morena rio al otro lado de la línea.  —Es que no suenas emocionada, ¿tanto odias la secundaria?  —No es eso, Tina. Bueno, solo algunas cosas, pero en serio este tema de literatura también me despierta cierta curiosidad —intentó convencerla.  —Vale, te creo. ¿Empezamos?  —Sí —expresó suspirando.  Así transcurrieron las siguientes dos horas, sin comer, sin poder probar bocado de su almuerzo. De seguro Lili, aunque amorosamente, subiría y le daría una reprimenda por ello. Y fue eso lo que exactamente ocurrió.  —Milenka, ¿por qué no has comido? Sabes que no me gusta que te saltes la comida, además te hice algo delicioso.  Había entrado a su habitación, preocupada. La mencionada pronunció un lo siento y prometió bajar en unos minutos. Valentina al otro lado escuchaba la conversación.  —De acuerdo —emitió antes de salir.  —¿Esa era tu mamá? —cuestionó la chica. Milenka quiso que eso fuera cierto, desafortunadamente Lili solo era la Nana, pero su amor hacia ella había traspasado a lo grande, la sentía una mamá, no como Giselle, su fría y despectiva madre.  —No, Lili es la señora que se encargó de mí desde que estaba pequeña, mi Nana —explicó. Y todo era cierto.  —Oh, entiendo. Cuando estábamos en México, mamá era la Nana de una bebita rica. Nunca hemos sido de mucho dinero, así que mamá tomaba el trabajo que se le ofreciera, siempre que era digno, por supuesto —se apresuró en decir —. Así que sé exactamente lo que es una Nana, ya entiendo por qué se preocupa de ti. —Sí. ¿Continuamos? —cuestionó, no quería seguir la conversa, mucho menos que Valentina mencionara algo o le preguntará sobre su mamá.  —Sí, claro.  Al cabo de un rato ya habían terminado la tarea y se sintió satisfecha. Se despidió de la muchacha y antes de bajar a almorzar, se quedó otro rato frente a la laptop, había aparecido un aviso en el que señalaba lugares de Italia. De dio click al enlace y lo leyó un rato.  »Grotta di Nettuno, una increíble cueva natural situada en el Cabo Caccia, es otro de los lugares que ver en Cerdeña más imprescindibles. Considerada como una de las excursiones estrella de la isla, durante la visita guiada por esta cueva, de más de un kilómetro de longitud, podrás ver grandes formaciones calcáreas de estalactitas y estalagmitas y un lago de agua salada de más de 100 metros de largo. Para llegar a la Gruta de Neptuno puedes contratar una excursión en barco desde la cercana Alguer o ir en coche o autobús hasta Cabo Caccia y bajar las más de 600 escaleras talladas en la roca hasta la entrada de la cueva. El horario de visita es de 9 de la mañana a 7 de la tarde y en temporada alta, al tener un cupo limitado de visitantes, lo mejor reservar cuanto antes la excursión en barco. Otra de las paradas obligatorias si recorres Cerdeña en coche de alquiler es la Playa de la Pelosa en Stintino. Considerada la más famosa y paradisíaca de la isla, está playa situada en Capo Falcone destaca por sus colores azules cuya tonalidad va cambiando según de la profundidad de sus aguas. Además de esta, hay varios tramos de playas de arena blanca y aguas poco profundas en Capo Falcone antes de llegar a La Pelosa, entre las que más recomendadas están Cala Lupo y Cala di Vacca. Cuando llegues a La Pelosa verás un paisaje paradisíaco con una pequeña isla situada en frente con una torre aragonesa construida en 1578 y las Isola Piana y Asinara, como telón de fondo«. Dejó de leer, le habría gustado ir a Italia, algún día iría, también a otros países. Viajaría por todo el mundo y conocería esos sitios que tanto le gustaría recorrer.  … 2 meses después… En diciembre, todo se llenó de una celestial blancura, pero el frío crudo también se hacía notar. Las bajas temperaturas le ponían la punta de la nariz enrojecida, mejillas sonrojadas y aunque todo se veía hermoso, no le gustaba el invierno tan voraz. Ya habían comenzado las vacaciones, ese "break" así que Valentina la invitó a pasear por la ciudad. Primero, quedaron en ir a “The Original Pantry Café”. Este café de sólida reputación y en el que solo se aceptan pagos en efectivo ha estado en operaciones desde 1924 y a los angelinos les encanta. La atmósfera que no se anda con rodeos de ese lugar derrocha encanto, pero también practicidad; las órdenes se entregan a tan sólo minutos de haberse recibido, e incluso el pan tostado es digno de elogiar. Está abierto todo el día todos los días, lo que significa que cuando se trata del Original Pantry no solo es desayuno todo el día, sino también toda la noche. Pero estaba indecisa sobre si elegir ese, o “Pacífic Dining Car” en dónde sí hay disponible desayunos todo el día todos los días en este emblemático restaurante de comida americana, con su estilo antiguo, diseño tipo tren y un espacioso comedor colocado entre elegantes molduras. Este lugar, abierto desde 1921, te permite armar tu propio desayuno a la vez que ostenta platillos clásicos, como la amplia variedad de huevos benedictinos, que cuenta con pasteles de cangrejo, cangrejo azul, y salmón fresco. Por supuesto, no te puedes equivocar con su tradicional bistec con huevos. Pero Valentina terminó diciendo que sería idóneo ir a Fred 62 Este famoso lugar en Los Feliz no sólo sirve desayuno todo el día, sino las 24 horas, 7 días a la semana. Con su estilo retro, servicio de mostrador, y sus grandes cabinas afelpadas, el Fred 62 cuenta con un ambiente único. Hay una amplia variedad de platillos con huevo, sándwiches de desayuno y platillos a la parrilla que harán un desayuno completo, sin importar la hora del día. Cuando su madre no estaba, entonces podía respirar profundo y ser, aunque por poco, feliz. Se despidió debajo de su querida Lili. Ella alardeó la ropa hermosa que llevaba ese día. Una gabardina rosada, debajo un vestido blanco que extrañamente su madre no le había arrebatado para luego poner en su lugar, uno de sus trapos feos, como siempre hacía. Ya no llevaba esos harapos, suficiente de andrajos, mientras ella estuviera lejos, entonces podría aprovechar de ponerse lo que quisiera.  Resulta que Giselle se había ido de viaje con Nolan, esta, sin tomar en cuanta como siempre a su hija, convenció a su marido de pasar las festividades en Irlanda. Solo ellos dos, sin importarles a ninguno dejarla sola durante un mes y medio aproximadamente. La verdad no se sintió triste, que ella partiera y no estuviera en la próximas semanas, eso era felicidad pura y no tenía comparación. Podría invitar a Valentina a casa, pasarla bien con ella y hacer lo que quisiera. Lili, por supuesto, había quedado a cargo de la joven, pero esta dulcemente sería su cómplice.  —Pásala bien, pero con cuidado —advirtió.  —Sí, no haré una sola travesura, lo prometo —sonrió, se inclinó y besó su mejilla cariñosamente. Lili le devolvió el gesto junto con un abrazo suave pero efusivo.  —Bien, anda ya, aprovecha el día.  En el exterior, el álgido golpeó su rostro, un frío viento aleteando en sus mejillas y causando ese cosquilleo. Por más que fuera abrigada, porque llevaba bufanda, botas, guantes y la gabardina, la estación era fuerte, desapacible.  Como Valentina le dijo, caminó hasta la parada cercana, poco después apareció un taxi amarillo, la morena iba en la parte trasera y le hizo señas para que abordara. Una vez en el interior, el auto se puso en marcha, y ambas jóvenes se saludaron cariñosamente.  —Has venido pronto, ¿ya le has pagado al taxi? —Déjalo, yo lo haré. —De acuerdo.  … De modo que unos minutos después, ya estaban en Fred 62, la orden en el bonito y acogedor lugar fueron dos platillos a la parrilla. Se sacaron unas cuentas fotos que luego Valentina emocionada avisó que colgaría en el i********:.  —¿También las subirás?  —No —torció los labios —. Sinceramente no me gustan las redes.  —Vale, pero yo sí voy a presumir de este día, ¿de acuerdo?  —Sí, no me molesta en absoluto.  —Oye, esta noche, ¿qué te parece si vamos a un club? —propuso la morena dejándola anonadada, no era de esas, al menos consideraba tímida, y no una persona que se atrevería a frecuentar ciertos lugares.  —¿De qué hablas, Valentina? —cuestionó aturdida, la sorpresa en la cara de ella le sacó una risita a la aludida.  —Solo quiero conocer sitios, un club suena interesante, no digo que vayamos y bebamos o que estemos ahí para hacer locuras, solo que con ver… pues será suficiente.  —No, de ninguna manera, además no nos va a dejar pasar, somos menores de edad, lo sabes. —Lo sé. Bueno, tengo a un conocido que labora ahí,, es un gran hombre robusto en la entrada, nos dejará pasar —dio por hecho.  —No estoy segura, Tina —arrugó el ceño pensativa. No era una decisión te tomarse a la ligera, podría ser peligroso —. Bien, ¿a qué hora y dónde está ese club?  Concisa, Valentina le explicó. Antes, Milenka había oído hablar del lugar, por lo que se le hizo familiar.  Salieron del recinto y se fueron a pasear, al mediodía y luego de un trajín loco, ambas volvieron cada cual a casa. Quedaron en verse de nuevo en la parada para ir juntas al club. Milenka camino a casa iba pensando en cómo hacerle para salir de noche sin ser descubierta por su Nana.  Además no sabía qué ropa se pondría. ¡Dios!  Buscó en su armario algo acorde, la verdad es que daban ganas de ponerse a llorar. Nada de ahí, salvo la ropa de estar en casa, le era de su agrado. Así que le avisó a Valentina que no iría, excusándose de un falso dolor de panza.  —¿En serio no irás, Milenka? —sonaba triste. —No, siento decepcionarte, es que me duele mucho, quizá sea porque comimos mucho, no lo sé…—lanzó una falsa queja.  —Ya veo que estás indispuesta, deseo que te mejores. Dejamos para después la salida, ¿si? —susurró bajito.  Milenka se sintió mal por estar mintiendo, de modo que se aventuró a decirle la verdad.  —No tengo nada, sucede que no encuentro en mi ropa qué ponerme… —¿Es en serio? Suspiró hondo.  —Sí, te estoy diciendo la verdad. No sé que ponerme, así que no iré.  —No seas tonta, Milenka. Puedo ayudarte ¿vale? —¿Cómo podrías?  —Tengo vestidos, de seguro de tu talla. Puedo prestarte uno, ¿si? —solucionó.  —¿Dices que vaya a tu casa entonces?  —Exacto, dile a tu mamá que te quedarás aquí conmigo, será una pijamada, anda —la animó.  —¿Y tus padres?  —No están, pasaré dos días sola, se olvidó decirte que mamá tiene doble turno en el hospital y papá anda enfadado por razones estúpidas con mamá, así que decidió estar estos días en casa de un amigo. ¿Vendrás o no? —Lo siento, bueno, deja que me ponga algo, nos vemos.  —Así se habla, te estaré esperando.  La joven se arrepintió de haberle dicho la verdad, porque de alguna manera tendría que mentirle a su Nana. La aludida justo entró en ese momento, por lo que aprovechó de decirle de una vez.  —Lili, Valentina me ha invitado a su casa, ¿ma darías permiso de quedarme allá? —juntó ambas manos, a modo de suplica y para que su petición no fuera infalible, puso mirada de perrito.  —No hay ningún problema, puedes ir, linda. Solo ten cuidado de lo que hacen, eh. Sé muy bien como son la jovencitas de este siglo y debes mantener la compostura en una casa ajena.  —Lo prometo. 
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