4. Capítulo
Milenka pudo quedarse tranquila al contemplar que ya llegaban a la secundaria Bradford. Burak, como le había dicho se detuvo unos metros antes, lo suficiente para que nadie viera bajar de su auto a la joven. Así que la muchacha abrió la portezuela del auto y bajó, no sin antes agradecerle de nuevo por el aventón. El árabe le dedicó una sonrisa a modo de respuesta y pronto se marchó. Ella continuó por su cuenta, avanzando calmada, no llegaría tarde, así que no sentía esa urgencia de acelerar el paso, no estaba sobre la hora.
La multitud de estudiantes estaban ingresando, que terrible era hacerse un lugar entre tantos, no ayudaba su estatura, medía un metro cincuenta y siete, se consideraba pequeña entre tantos jóvenes altos. En el pasillo intentó buscar su casillero, tenía el libro de química ahí, le urgía tomarlo, pero alguien estaba sesgando el paso, Georgia inclinada en la puerta del casillero mientras besaba a su novio y se decían tantas cosas que habría preferido no saber.
—¿Podrías quitarte? Estás sobre mi casillero —le dijo no tan amable, estaba harta de esa Palacios, tan abusadora y molesta.
—No seas tan hostil conmigo, ¿quién te crees, rara? —escupió mordaz, una respuesta lanzada con veneno que no debió de sorprenderle. Ahí estaba, con una cena elevada y empleando el tono d*******e. Se creía la reina del universo, y definitivamente estaba equivocada al pensar que el mundo giraba torno a ella.
—Ya me escuchaste, Georgia —prosiguió sin amedrentarse.
La rival no hizo nada, seguía cerca de su novio.
—Eres una aguafiestas, Romanov. ¿Por qué no te vas a tu mundo de extraterrestres? —intervino él, con su característica habla burlona.
—Idiota, ambos lo son, apartense ya o iré a decirle a la directora —rugió llena de coraje.
—Nos iremos porque queremos, no porque estés soltando estúpidas amenazas —aseguró la creída de Georgia, su noviecito del día le siguió la corriente y pronto se fueron.
Al fin pudo soltar el aire retenido. Se acercó al casillero y lo abrió. Tomó lo que necesitaba y ya pudo ponerse en marcha para la primera clase del día: Química.
Hugo Bindsell dirigía aquel campo, era un hombre maduro, un señor que ya cruzaba los cincuentas, a pesar de todo, se conservaba bastante bien. Quizá fuera su ropa cómoda y su actitud que le daba un aspecto más jovial. Bindsell era estricto, pero comprensible, por eso casi toda la clase lo amaba. Muy bien se había ganado el cariño de todos ahí.
Se ubicó en su lugar, a la espera de que diera por empezada la clase. La explicación fue un breve resumen y un adelanto de que que verían en el nuevo curso. Todo le pareció aburrido, no era buena con las tareas, pero esa en especial le parecía una materia sumamente difícil. Anotó lo que pido y se esforzó por seguirle el hilo del tema al profesor.
Muchos participaron en la clase, como solía, se quedó en su puesto sin decir nada, no se atrevía a levantar la mano, tampoco tenía algo que decir.
La hora del receso llegó, recogía sus cosas, cuando Bindsell la llamó. Se le puso un nudo en la garganta y el corazón en un puño. ¿Hizo algo malo? Pero si toda la clase estuvo inmersa, dizque, en su clase.
¿Será que la notó fingiendo al prestar deliberada atención? En todo caso no debía de precipitarse, él aún no debía nada.
—¿Si? —lo miró.
—Quiero felicitarla, estuvo atenta, no como otras veces que por cualquier cosa se distrae, aunque me gustaría que se involucre más en la clase. Pero vas bien, Milenka.
No sé lo tomó como un cumplido, solo se esforzó en "prestar atención" de mentira, la clase era de lo más aburrida. Y no entendía nada en absoluto.
—Oh, gracias, no me lo esperaba.
—Supongo, eso quería decirle, nos vemos en la próxima clase —añadió a modo de despedida.
—Sí, de acuerdo —suspiró aliviada y salió con la mochila tras su espalda.
La enorme secundaria, a pesar de ese gran tamaño, se veía pequeña debido a la cantidad de estudiantes. Ni hablar de la cafetería, ese día, casi no logra encontrar una mesa desocupada, con suerte avistó una libre. Se había servido un bandeja de comida, sin el más mínimo remordimiento, a su madre le habría dado un infarto. Pero ella no estaba ahí para arruinarle el instante. Miró con malos ojos la manzana, no la comería, suficiente de tener que llegar a casa y jactarse de lo mismo, no se la comió. Además no era su fruta favorita.
Hasta ese momento Burak vino a su mente. Lo pensó, lo soñó, lo deseó... Se abstuvo de cometer la indecencia de seguir por ese camino, por esa senda vertiginosa que tienta y es muchas veces difícil de rechazar. No estaba en sus manos declinar o mirar hacia otro lado con tal de no encontrar en su cabeza los ojos más hermosos del medio oriente.
—¿Puedo sentarme junto a ti? —una dulce voz inquirió, un poco tímida.
Movió la cabeza en busca de la dueña, se llevó una gran sorpresa al ver a una morena de encantadora sonrisa y ojos avellanas. La combinación de sus características era de otro mundo, era bastante bonita y enseguida, sin conocerla siquiera, ya supo que le agradaría estar con ella.
—Claro, puedes sentarte, no tengo problema. ¿Puedes decirme tu nombre? —curioseó, durante todo el tiempo que tenía ahí, jamás la había visto.
—Valentina López, soy nueva y no conozco a nadie, sería genial que me permitieras estar contigo —se atrevió a decir con un dejo de nerviosismo.
—Claro, un gusto Valentina, yo me llamo Milenka Romanov —se presentó y le dio la mano.
Correspondió al saludo dándole una sacudida cuidadosa y cohibida.
—¡Vaya! El nombre Milenka es precioso, me agradas.
—¡Que coincidencia! Tú también me agradas —susurró con una sonrisa en sus labios —. Dime, ¿qué año cursas?
La morena de ojazos avellanas le explicó todo, incluso que había llegado de México a los Estados Unidos, hace unos tres meses y medio. A Milenka le pareció increíble que manejara a la perfección el idioma y se alegró mucho cuando ella le comentó que estarían juntas en clases. Porque ella también estaba en el último año. La verdad es que ambas chicas compaginaron bien, tenían algunas cosas en común otras no, pero las diferencias las hacía exactamente distintas.
—Tengo Matemática, ¿y tú?
—También estoy en la clase —celebró más abierta, menos tímida —. Que bueno que te encontré, Milenka.
La aludida se sentía más contenta, nunca tuvo una amiga, que Valentina dijera todo eso sobre ella, la dejó emocionada a más no poder.
—Gracias, debo admitir que no soy buena, para que luego no te decepciones.
—Creo que puedo ayudarte, química se me da bien, también matemáticas, no será un problema para mí.
—Me alegro por ti, Valentina.
—Puedes decirme solo Tina, así me dicen mis padres, y los vecinos —confesó.
—Sí, está bien, te diré Tina. Ya es hora de ir a la clase —añadió recordando y levantándose, ambas lo hicieron —. Vamos.
—Claro.
La chica nueva la siguió detrás. No sabía muy bien dónde quedaba el salón, por lo que encontrar a Milenka, además de que ya no estaría sola, fue de gran ayuda. Tenía la sensación de que la pelinegro se volvería muy apegada a ella. Y López nunca se equivocaba.
Cómo era de esperarse, al entrar, todos se le quedaron mirando a la joven recién llegada. Y aunque se emitieron comentarios al respecto, ninguno fue dicho en voz alta. Al menos la morena no pasó la desdicha de ser cuestionada por unos desconocidos, pudo ubicarse en un asiento libre, Milenka decidió sentarse a su par. Así no se sentiría tan sola. Sabía cómo era sentirse en un lugar donde nadie tendía una línea hasta ella y acompañarla. Siempre había estado sola, la llegada de Valentina había sido eso que necesitó desde que comenzó la secundaria.
—La profesora de Literatura ha venido a darles un pequeña charla sobre manifestaciones teatrales. Así que, antes de iniciar con matemáticas, por favor, chicos, presten mucha atención a la señorita Lauren —anunció Sergio, nuestro profesor de matemáticas.
—Gracias por darme la chance, Belmonte —le expresó a su colega, este dio un leve asentimiento de cabeza.
—Adelante.
—Chicos, como ya saben, este año les daré dos materias, tanto arte como Literatura, el día de ayer en la clase no mi dio tiempo de explicarles algo importante, así que lo haré hoy de forma breve —hizo una pequeña pausa antes de continuar —. »hablemos de manifestaciones teatrales, tres son las manifestaciones fundamentales del teatro, ellas son la tragedia la comedia y el drama. Hay otras manifestaciones como el paso, el sainete la farsa, el entremés, llamadas menores por su carácter sencillo y su brevedad. Si se asiste a una representación teatral, cómo saber si lo que se está viendo es un drama o una tragedia o un paso. Si la obra es de carácter serio, si plantea un problema del diario vivir y existir del hombre, per que se resuelve por la voluntad de los personajes y su final es consecuencia lógica del desarrollo de la acción, es decir, es armónico, se está ante un drama. Ahora, ¿alguien sabe cuántos Géneros Literarios existen?
Para sorpresa de Milenka, su nueva amiga se animó a contestar, por los que había levantado la mano. La señorita Silvertein la miró y la señaló.
—Tú, ¿cómo te llamas?
—Ahm... Valentina López.
—Un placer, López. ¿cuáles son los géneros literarios?
—Tragedia, drama, comedia y dentro de las obras menos tenemos también sainete, entremés, auto sacramental, farsa... —sonrió tímidamente —. Eso recuerdo, lo siento.
—Lo has hecho muy bien, bueno vamos a definir cada una rápidamente. La tragedia, es una obra dramática de asunto elevado en la que intervienen personajes enfrentados a fuerzas invencibles. Por su parte, la drama es un texto dramático de conflictos menos trascendentes que los de la tragedia. En el siglo XVII, recibió el nombre de tragicomedia. En este punto, podemos señalar a la comedia, ¿a quién no le gusta la comedia? Difícilmente a nadie, bueno este texto teatral que representa el lado festivo y alegre de la realidad, con acciones de la vida cotidiana y desenlace feliz. Pasemos a las obras menores, el auto sacramental, es un texto teatral de tema religioso y personajes alegóricos de tema eucarístico
Milenka miró a Valentina. La morena estaba emocionada por la tarea. Y sin saber cómo pasó, la contagió. Así que le propuso que podrían hacer juntas la investigación, no necesariamente tendría una que ir a la casa de la otra, la idea le agradó a López. De modo que así lo harían.
Después de matemáticas llegó Burak, hablaba tranquila con Valentina, pero saber de pronto su presencia la puse un manojo de nervios, sentía una cosquilleo en su estómago que rozaba la molestia. Intentó no mirarlo, y la verdad no sabía por qué evitaba su mirada profunda, razones sobraban, motivos que corrían en su imaginación febril. En cambio, el árabe en ningún momento la sometió bajo su potencia, al contrario, se mostró indiferente, como otro hombre y eso contradictoriamente le enfadó en el fondo.
—¿Es nuestro profesor? —preguntó a Milenka algo sorprendida —. No parece un profesor, digo, es como muy...
—¿Apuesto? —terminó de decir en un susurro por lo bajo.
—Sí, eso creo. Demasiado...—añadió impactada pero no volvió a decir nada.
La clase empezó, todas las miradas sobre él. Era claro que las muchachas suspiraban bobas por el nuevo profesor de física. Más de una ya lo había visto en otro lado, y al final de la clase se le acercaron para pedirle una foto. Milenka miró la escena, y salió con Valentina de ahí, antes de que siquiera él pudiera conectar con ella. No había duda de que ya se sabía de él, más de lo que el árabe le hubiera gustado.
Esa era el lado molesto de ser un famoso.
—¿Quién es él, Milenka?
—Por lo que investigué, se dedica al modelaje, por eso el alboroto —fingió no tomarle importancia.
—Oooh.
...
Llegó a casa agotada, había sido un día largo. Se encontró a Marie camino a su habitación, era la mucama y una gran persona. Lili estaba en su habitación aspirando el alfombrado persa.
—Lili...
—Hola, mi niña. Perdona, estoy haciendo esto ahora porque había mucho polvo, ¿por qué no me dijiste?
—¿Te digo la verdad?
—Por favor.
—Lo haría este fin de semana —confesó.
—Aunque me gusta que hagas cosas, prefiero verte entusiasmada en lo que concierne a la secundaria, ¿te ha ido bien el día de hoy? —inquirió con bastante curiosidad al respecto.
No pudo evitar sonreír.
—Conocía a una chica, es nueva en la secundaria, es como una amiga.
—¡Mira nada más! Me da gusto por ti, mi niña. Es bueno tener amistades, las verdaderas siempre van a estar ahí para los momentos buenos y malos. No lo olvides.
—No lo olvidaré, Lili. Ella es muy cariñosa e inteligente. Ha sido bueno conocerla —confesó.
Lili sonrió, le alegraba verla tan feliz. Eso le llenaba el alma y la hacía sentir una abuela maravillosa.
...
Se sentó frente a la laptop e inició la investigación. Encontró muchas notas, había un caudal de información que de seguro le serviría. Navegó en la primera página, esa me llamó la atención.
OBRAS MUSICALES:
ÓPERA
Obra teatral compuesta para el canto. En ella confluyen literatura, música, danza, escenografía y artes plásticas.
ZARZUELA
Obra ligera, de carácter popular, en la que alternan la declamación, la música y el canto.
OPERETA
Especie de ópera, de asunto frívolo y carácter alegre, en el que predomina la sátira.
REVISTA (o musical)
Espectáculo teatral de carácter frívolo en el que alternan elementos dialogados y números musicales.
El teatro musical está estrechamente relacionado con la forma teatral de la ópera, pero los dos se distinguen generalmente por una serie de factores.
...
Tanta información ya la había mareado, provocando un poco de sueño, era demasiado. Definitivamente no había nacido para estudiar.