Me di cuenta que hay ciertas cosas, por más diminutas y estúpidas que parezcan, son muy importante en nuestras vidas.
Al dejar caer el celular, recordé la vez que Jared llegó con el, para regalarmelo, según él "Se lo había encontrado" conociéndolo sé que no fue así; para esa entonces, me daba igual. No hacía muchas preguntas.
Dejar caer el celular me hizo dar cuenta que un recuerdo de él se iba, pero como todo en mi pasado, se tiene que ir, quedar ahí y no volver jamás.
Reaccioné al escuchar el grito de Jacob y un movimiento brusco, el automóvil se había detenido.
—¿¡Qué has hecho!? ¿¡Por qué lo lanzaste!?—Vi su cara de molestia y confusión, no respondí.—Me bajaré a buscarlo.—Le informó al chofer. Cuando intentó abrir la puerta, lo detuve.
—Está bien. Lo quería hacer, no quiero ese teléfono de nuevo, solo déjalo ahí. —Él seguía con su cara de confusión, pero en cuestión de segundos esa expresión cambió por una sonrisa de lado y volvió a tomar su posición anterior.
—Siga.—Le informó al chofer y este obedeció. El automóvil volvió a comenzar a andar.
(...)
Ya estábamos cerca, lo supe porque Jacob le había informado al chofer que en unas pocas cuadras parará.
Vi por la ventana y habían niños jugando, árboles y personas con pequeños perros de mascotas.
Es un lindo lugar.—Pensé.
—Aquí es.—Dijo Jacob. El auto frenó y Jacob pagó.
Una vez bajados del auto, con las maletas con nosotros, pasamos a lo que parece ser el apartamento de Jacob.
Es acogedora, pequeña y de colores neutros, tiene un gran estilo y pinturas abstractas por todas partes, es una muy acogedora casa solo para él.
—Por ahora el cuarto de invitados no está terminado, pero ahí puedes dormir.—Dijo Jacob caminando hacia, deduje, es la habitación de invitados.
Al abrir la puerta me encontré con una pequeña cama de sabanas blancas, una ventana que dejaba ver las calles y un pequeño escritorio donde había una lámpara y ésta tenía su silla.
—No es la mejor habitación pero aquí puedes quedarte mientras tanto.—Dijo dejando las maletas a un lado de la cama.
—Es perfecta.—Le dije admirando cada rincón de la habitación.
Se podía notar que no había quedado aquí nadie en años, el escritorio tenía una fina capa de polvo, lo que es de menos y la pintura de las paredes algo vieja, algo que no tiene importancia, tengo techo y una cama. ¿Qué más puedo pedir?
—Gracias, en serio, muchas gracias por permitirme quedarme aquí en su casa y ayudarme a llegar tan lejos.—Digo viendo por la pequeña ventana.
—Es lo de menos, una compañía no está demás.—Rió. —¡Ah! Y por poco lo olvido, ésta habitación no tiene cuarto de baño, así que puedes utilizar el de afuera, queda al frente.—Dice señalando la puerta.—Te dejo, estaré en mi habitación. Siéntete en casa.—Dijo cerrando la puerta.
Casa. Esto jamás será como mi casa, aquel lugar vulgar, drogas y prostitutas por todos lados.
Yo era la principal, drogadicta prostituta. Mis padres, mis verdaderos padres, jamás debieron irse, pero creo que eso me hizo experimentar las diferentes etapas de la vida por mí sola, comenzando desde abajo, llegando a una hermosa y única punta, a un hermoso extremo.
Arriesgarme me trajo aquí, me hizo salir de todo aquello malo de donde pensé no podría salir.
Me senté sobre la cama y me acosté en ella, miré el techo.—Lindo techo de madera.—Susurré. Y en eso, la puerta fue abierta.
—¿Interrumpo algo?—Dice Jacob algo confundido.
—Interrumpes mi conversación con el techo.—Le digo, lo que causa una risa de su parte.
—Sé que estás cansada, te estás adaptando, pero...¿No tienes hambre? Podemos salir a comer algo, no sé, solo dime.—Dice recostando su cuerpo en el marco de la puerta.
—Con mucho gusto iré. Tengo más hambre que cansancio. —Digo parándome de la cama, causando una sonrisa en Jacob.
(...)
Jacob tiene múltiples facetas, desde aquel hombre frío hasta aquel hombre bromista.
Estamos en un pequeño restaurante que solo queda a una cuadra del apartamento, llegamos caminando. Debo admitir que este vecindario se ve tranquilo, divertido y unido, todas las personas se saludan siempre, andan juntas y hermosas sonrisas por todas partes.
—¿Quieres salsa?—Dice Jacob levantando el frasco de salsa para mis papas fritas.
—Por supuesto. —Digo tomándola de sus manos y colocando un poco en las papas.
—Tienes salsa en el cachete.—Dice Jacob riendo.
Comencé a pasar mis manos por mis cachetes, intentando quitarla pero no lo obtuve.—¿Dónde? No puedo encontrarla.—Digo confundida.
Vi una linda sonrisa de su parte y luego vi como él se acercaba a limpiar mi cara. Me sentí diminuta, pequeña, inofensiva y sobretodo, torpe.
—¡Oh!—Reí. —Gracias.—Digo tomando del refresco.
—Eres algo torpe.—Dice riéndose de mí.
—Gracias por tú halago, Jacob.—Digo mordiendo otra papa.
—Te has vuelto a llenar de salsa.—Dice en carcajadas.
—¿Es una broma verdad?
—No, tienes aquí. —Y lo siguiente que vi fue una papa llena de salsa en mi nariz.
¡Oh no!