Ya nos encontramos de regreso a el departamento de Jacob, luego de quedar llena de salsa fue la mejor decisión.
Espero llegar y poder darme una ducha, así lograr quitarme todo este pegoste que dejó Jacob sobre mí.
—¿En qué o quién piensas?—Me interrumpió Jacob.
—En esto.—Dije moviendo mis brazos, señalando puntos dispersos.—Quiero decir, todo es como si fuera una novela, nada debería pasar así, yo debería seguir allá en casa, en mis calles.—Dije rápido y sin dirigirle la mirada.
—¿Los extrañas, cierto?—Preguntó.
—¿Qué cosa?—Digo deteniendome.
—Tu familia... Tus amigos... Tu hogar.—Dijo Jacob, haciéndome fijar en cada una de sus palabras.
Mi familia, mis amigos, mi hogar. Ya ellos no están. Mis padres, mis verdaderos y únicos padres, ya no están.
—Para ser sincera... Cada día los extraño más. —Digo pensando en mis verdaderos padres. En los que sí merecen ser llamados padres. Y esquivando aquella pregunta.
—Yo... He... Lo lamento.—Dice Jacob rascando su cabeza. Se notaba a leguas lo arrepentido que se encontraba.
No puedo contarle mi pasado, y creo no poder ahora. Tal vez después, pocos días antes de marcharme.
En silencio le seguí el paso a Jacob. Este no habló más durante el camino.
—Pasa.—Dijo abriendo la puerta y dejándome espacio para entrar.
En silencio pasé, él con cuidado cerró la puerta y se dirigió a la sala, hice lo mismo.
—¿Puedo darme una ducha?—Digo algo bajo.
Él ríe por lo bajo y se voltea a mirarme.—Por supuesto. Te he dicho que ésta es como tu casa.
Sonreí, luego asentí y me dirigí a la habitación.
Una vez dentro de ella me dirigí a mis maletas, al abrirla lo primero que vi fue aquellas fotos que agarré al segundo de salir de mi hogar, al segundo de dejar todo atrás, de tomar la decisión de no volver más.
Pasé mi mano sobre el escritorio, quitando una parte de la fina capa de polvo, limpié mi mano y en aquel espacio medio limpio coloqué las fotos.
—Jared...—Y otra vez llegó ese nudo a mi garganta y las ganas insoportables de llorar llegaron.
Lo extraño demasiado, él estuvo cuando no había nadie, aunque fue quien estuve en mi momentos bajos, lamentablemente no me podrá ver en mis momentos altos.
Lo quiero, lo extraño y quisiera que él estuviera aquí, rehaciendo nuestras vidas, como siempre tuvo que ser.
La dejé sobre el escritorio y agarré la de mamá y papá, como los extraño. Cada día más para ser sincera.
Busqué una larga camisa y un short, ropa interior y luego salí de la habitación en busca de Jacob para una toalla.
—¡Jacob!—Grité caminando hacia la cocina.
No estaba. Me dirigí a la sala y ahí si estaba.
—Oye... ¿Me puedes prestar una toalla?—Digo sosteniendo la ropa entre mis brazos.
—Oh claro, están en el baño.—Dice dejando de escribir; lo que puedo visualizar ahora, —Son muchos papeles.
Sin decir nada me dirigí al baño y si, ahí estaban las toallas.
(...)
Vaya noche de insomnio.
El techo se volvió mi mejor aleado. No pude dormir en toda lo noche, solo miré el techo todo el tiempo. ¡El sol ya salió! Y yo, no dormí. Vaya noche.
Quité mi sábana y me senté en el borde de la cama. Me levanté y fui a la maleta por mi cepillo de dientes.
Una vez con este en la mano, abrí la puerta para salir.—¿¡Que mierda!? ¡Pareces un muerto! ¡Me asustaste!—Chillé al chocar con el gran cuerpo de Jacob.
—¿Yo, un muerto? ¿No has visto tus grandes ojeras?—Dijo confuso y divertido.
No reí, no hice nada. Vaya susto.
—No... Yo no quise hablar así...—Dijo arrepentido de sus palabras.
Reí. —¡No me molesta!—Estallé en carcajadas.—Es qué... —Risas otra vez.
—¿Es qué...?—Dijo confuso y serio.
—Te veías tan arrepentido. Como su hubieses cometido un delito.—Golpeé su hombro y lo aparté. —Sé que parezco un muerto. Tus pequeñas palabras no me hieren.—Y entré al baño.
Me miré al espejo y me fije directamente a mis ojeras, a mis grandes ojeras. Lavé mi cara y luego cepillé mis dientes. Até mi cabello en una coleta alta y salí.
Jacob estaba recostado de la pared.—Sería hora de que salieras.—Dijo pasando.
—¡Pero si tardé menos de 5 minutos! Tampoco soy flash.—Digo ignorando de que solo lleva pantalones.
No me había fijado en ello. ¡No lleva camisa! ¡Que se cree!
Desvíe mi mirada, oí una risa de su parte y sin más entré a mi habitación.
Me fui a la maleta y saque unos pantalones negros de cintura alta con una camisa blanca suelta manga larga. Me encanta. Tengo que estar formal, es día de buscar trabajo.
Me puse mis botines y me asomé por la ventana. Un nuevo comienzo me espera.
Salí de la habitación y busqué a Jacob, no está. Se había marchado sin despedida.
Me senté en un pequeño mueble de la sala y lo esperé.
—¿Que haces sentada ahí? —Dice Jacob apareciendo acomodando los botones de la manga de su camisa.
—¡Te estaba buscando!—Dije parándome rápidamente del sofá.
—¿Qué necesitas?—Dice.
—Hoy saldré a conseguir trabajo entonces para saber a que hora regresas, para regresar igual y no quedarme afuera esperando a que llegues...—Dije acercándome a la puerta.
—Trabajo hasta tarde, dejaré una llave bajo la alfombra.
—¿Cómo en toda película?—Reí y salí de la casa. No hubo respuesta.
¡Ha conseguir trabajo! Reí mentalmente.