-¡Pringada!-Escuché que me llamaba Aaron. No quiero voltear, no quiero mirarle. Es un ser mas frío que el hielo, y no quiero ser el fuego que lo derrita. No por ahora. Terminé de contarle a Jess y a Marcos todo. Desde Clementina hasta mi estúpido choque con ese estúpido chico. Les pareció divertido y entretenido, tal como una novela en libro. A mi no. De hecho, dolió haber chocado con él, el suelo no es de algodón. Seguí caminando hacia la salida, ya es hora de irme. Mañana tengo el día para arreglar mi única maleta e irme con Jacob. Cosa que por algún motivo, me da temor. Sentí que una gran mano apretó fuertemente mi brazo, haciendome quejar diminutivamente.-Te he llamado.-Habla él, volteandome para enfocar su temerario rostro. -No he escuchado.-Levanto mis hombros. Tal como niña

