Erika asintió, pero luego le dedicó una sonrisa ligera, casi cómplice. —Sí. Pero también… te admiro. No puedo negar que eso requiere ovarios, Ali. Vivir con un mafioso te da muchas cosas, pero te priva de otras. Yo, en cambio, soy feliz con mi libertad. No sé si podría seguirte en esa locura. Este trabajo y mi vida son suficientes caos para mí —aseguró Erika. Alina, que había escuchado a sus amigas desde siempre hablar de libertad e independencia, entendió perfectamente. —Si te enamoraras de un mafioso, te aseguro no pensarías lo mismo —dijo Alina, aunque no era un reto para su amiga, hablaba de su propia experiencia. Sabía que si no amara tanto a Damien, tampoco aceptaría esos riesgos. —Mi experiencia con los Donovan fue buena, de hecho. Los respeto, me agradan mucho. Fueron divertid

