Una parte de ella se sintió mal porque ya no iba a verlo, ver a Mark siempre era refrescante, pero también sabía que no podía ser egoísta y que si ella no tenía algo más que ofrecerle, lo mejor era dejar que se marchara. —Te vamos a extrañar —dijo ella con sinceridad. —Mucho —añadió Erika, poniéndose de pie. Ambas lo abrazaron. No fue un abrazo apresurado, ni frío. Fue uno sincero, lleno de respeto, de admiración y de una especie de cariño silencioso que solo se construye en pasillos donde se lucha por la vida de otros. Cuando se separaron, Mark les dedicó una última sonrisa. —Cuídense, ¿sí? Las dos, cuiden de este lugar. Pensaré en ustedes —mencionó, con un gesto tranquilo. Mark ya lo había meditado y en realidad aunque África parecía algo drástico, quería hacerlo, quizá ahí estaba s

