Alina sonrió. Mark era un médico especializado, uno de los mejores del hospital, y siempre le había parecido un hombre encantador y profesional. —Los residentes somos afortunados de los cambios que hicieron en el hospital gracias a la persona que hizo el fuerte donativo —expresó Erika, con una sonrisa genuina. —En realidad no fue un donativo —dijo Mark y ambas mujeres lo vieron frunciendo el ceño—. El nuevo dueño ha implementado mejoras significativas para los residentes —explicó Mark—. Es un cambio bastante favorable. Alina parpadeó. —¿Nuevo dueño? Mark asintió. —Sí. No fue solo un donativo generoso, como muchos pensaban. El hospital fue comprado al parecer por un millonario. Alina sintió un escalofrío recorrerle la espalda. —Se llama Damien Brown —confesó Mark y las dos mujeres g

