Douglas sabía que estaba en falta conmigo, que debió haber sido honesto conmigo, que yo estaba indignada por haberme tratado como una muñeca, un juguete o como una amante cualquiera, lo que era cierto, e intentó por todos los medios disculparse. Me decía que yo estaba tomando muy a pecho las cosas, que estaba equivocada, que no entendía nada y que ya no quería a su esposa, que jamás la había negado, que estaba separado, que pronto obtendría el divorcio, que los trámites estaban muy avanzados, y un millón de cosas más. Me mandaba continuos mensajes de texto, emojis a granel, fotos de nosotros besándonos y tarjetas románticas, canciones muy dulces y poemas, pero yo le borraba todos lo que me enviaba, incluso sin leerlos porque me encontraba sumamente mortificada. Lo que sí escuchaba eran su

