Después de un rato de descanso, visualizo al señor Lacroff salir de la habitación. A los pocos minutos regresa con dos tazas de té. ¿Eso será todo? ¿Se quedará él con las ganas? —Toma, pequeña. —Extiende la taza en mi dirección. Me entretengo viéndolo sorber la bebida caliente y mi estómago siente un leve cosquilleo al quedarme observando esos lindos labios, que son unos expertos dando placer. ¿Dónde aprendió él a hacer todo eso? El señor Lacroff se ve tan serio y reservado, que aún se me hace difícil de asimilar todo lo que hemos hecho. —¿Qué? —inquiere cuando nota que lo miro alelada. —Nada... —Bebo de mi taza sonrojada. —¿Cómo te sientes? Excelente... —Estoy bien... —¿Por qué me pregunta eso?—. Señor Lacroff, ¿qué va a pasar con...? —Me da vergüenza terminar la frase, así que vu

