Para no hacerle perder más tiempo al Licano que estaba del otro lado, ella carraspeó su garganta y exclamó:
—¡Pase, pase!
Al instante, el Teniente Tharso hizo a un lado la tela gruesa que servía como puerta. En una mano traía una bandeja con un tazón humeante, pan y una copa.
—Su desayuno —dijo Tharso, entrando y colocándole el desayuno en la mesa. Notó de reojo que la nueva capitana, quien sin duda alguna era una noble disfrazada, no había desempacado.
—Gracias, Teniente Tharso —dijo ella levantándose, mientras Tharso se hizo a un lado y se quedó de pie con las manos tras su espalda, completamente rígido, como ya se estaba acostumbrando Celeste.
Ella no tenía hambre, a pesar de que no había comido desde ayer. Además, cuando vio que la comida consistía en una sopa de carne espesa, agua y pan frío, suspiró y comenzó a comer lento y sin ganas.
—Por el momento eso es lo que tenemos disponible, Capitana. Si nos hubieran informado con anticipación sobre su llegada, los cocineros encargados le habrían preparado algo más apropiado para su rango. Para su próxima comida, el almuerzo, se le preparará algo que corresponda a lo que una capitana merece. El Comandante Supremo se ha ausentado del campamento —dijo Tharso con su tono militar formal—, por lo que yo me haré cargo de supervisar su alimentación y necesidades durante su estadía.
—Oh, está bien, gracias, Teniente…
De esa manera, los minutos pasaron y como Tharso estaba ahí de pie, observaba de reojo cómo esa mujer Fae comía como un pájaro, o como si estuviera enferma. Comenzó a olfatearla con disimulo; olía bien, pero no encontró ningún signo de sangre que indicara que estaba herida. Su semblante, aunque pálido por la falta de sol, no indicaba enfermedad.
—Solicito permiso para retirarme, Capitana.
Celeste alzó la mirada. Por un momento había olvidado que Tharso estaba ahí —como si eso fuera posible, ya que su presencia era imponente— pero estaba tan triste y preocupada que lo había olvidado por un segundo. Se volteó a mirarlo una vez más: las botas que usaba estaban sucias y desgastadas, su ropa consistía en una camisa con cordones en la parte superior de color gris y pantalones de cuero iguales a los de ella, pero en versión masculina. Además, tenía un collar en su cuello que Celeste había visto en todos los Licanos; era una placa de identificación con sus nombres y rango, por si morían, así los podían identificar más rápido. Solo los Licanos los usaban; era obvio quiénes eran los Faes si morían.
—De hecho... —dijo Celeste dejando su comida a un lado—. Teniente, usted me comentó que después de comer...
—A las seis y treinta —dijo Tharso, como si llevara la cuenta del tiempo mejor que ella.
—A esa hora… —ella lo miró de reojos—, a esa hora me iba a llevar a dar un recorrido por su regimiento para que lo conociera. ¿Por qué no se queda conmigo mientras desayuno?
Tharso se obligó a no hacer una mueca de disgusto ni a revolear los ojos de fastidio, así que solo asintió con la cabeza y mantuvo su posición:
—Si así lo desea la Capitana, entonces así se hará.
Celeste sonrió a medias y comenzó a comer, picando un pedacito de pan. Tharso la observaba de vez en cuando, se suponía que no debía, pero con la lentitud y lo poco que comía esa mujer, él asumía que terminaría al anochecer.
—Teniente Tharso.
—¿Sí, Capitana Celeste?
—Tome asiento, hay dos sillas... Me pone nerviosa si está de pie frente a mí —dijo encogiéndose de hombros.
Tharso frunció ligeramente el ceño. Esa no era una orden que un Fae le daría normalmente, pero como no podía desobedecer, así lo deseara, no le quedó más opción que sentarse. Lo hizo con las piernas abiertas, pero siguió viéndose rígido, como si no quisiera estar ahí. Celeste no sabía si él era así siempre o si se veía tan tenso por ella.
—¿En qué regimiento seré la capitana?
Tharso no podía creer las preguntas que la Fae le estaba haciendo. Parecía como si la hubieran dejado ahí sin explicarle nada, y él no tenía idea de que eso fue más o menos lo que pasó. Los comandantes le habían dado una explicación rápida, pero como Celeste estaba abrumada asimilando todo, había olvidado la mayor parte de lo que le dijeron.
—Será la capitana del Regimiento Luna Roja. Somos el grupo de asalto contra los Nocturnos.
—Entiendo... —susurró ella sin comprender qué significaba realmente "grupo de asalto".
Tharso la observó mientras comía y notó que tenía unos modales indiscutibles, tanto que inconscientemente se obligó a sentarse mejor.
«En definitiva, es una noble. No comprendo por qué nos dieron a una noble sin experiencia de capitana. ¿En qué estaban pensando esos Faes al hacer semejante locura?» pensó Tharso.
—Capitana, ¿me concede permiso para hacerle... unas preguntas?
Celeste abrió los ojos y al instante recordó algo de lo mucho que le habían dicho los comandantes: "No hables demasiado con los Licanos, solo lo necesario. Y por su seguridad, no le diga a nadie que es la princesa heredera. Los únicos que lo sabremos somos los tres comandantes".
—¿Qué preguntas, Teniente Tharso? Espero que sean con respecto a los regimientos y a su trabajo como teniente, o sobre lo que veré en el recorrido que me hará —dijo Celeste tratando de mostrar una autoridad que no tenía, solo por miedo y para protegerse.
Tharso alzó ambas cejas y apretó la mandíbula.
—Sí, es sobre eso, Capitana. Ya que, por lo visto, el Comandante Supremo la dejó a mi cargo, porque él se fue a la ciudad real como siempre hace la mayor parte del tiempo —dijo con un tono que dejaba en claro que eso último le molestaba—, debo ponerla al corriente sobre lo que hará y no hará aquí. Mis preguntas no eran personales, si es lo que estaba pensando. Eran con respecto al papel que desempeñará aquí en nuestro regimiento. ¿O estoy equivocado y el Comandante Supremo le informó todo?
Celeste tragó saliva.
—Está en lo cierto, Teniente Tharso... —admitió Celeste encogiéndose de hombros—. El Comandante Adael apenas me explicó la situación. Asumo que fue para que usted me pusiera al tanto como teniente, ya que está más en contacto con el resto de los soldados.
Tharso sonrió a medias, pero era una sonrisa victoriosa. Porque le gustó saber que estaba en lo cierto.
—En vista de que es una noble que enviaron aquí sin preparación previa y por motivos que desconozco, y que, debido a mi rango, no tengo derecho a saber —dijo dando justo en el clavo por la manera en que Celeste alzó la vista para mirarlo asustada—, le pido que me diga qué es lo que sabe hacer y lo que no, para saber a qué me estoy enfrentando. Aunque hará tareas administrativas, necesito conocer su preparación así sea mínima, porque incluso durante la noche deberá actuar de alguna forma u otra. Ningún lugar es seguro, y menos aquí, cuando los Nocturnos pueden aparecer incluso en los campamentos.
—¿Este lugar no es seguro...? —cuestionó Celeste, porque eso era todo lo contrario de lo que le habían dicho.
—Este campamento es uno de los más peligrosos de todos porque estamos a varios metros de distancia de la Vena de Energía que los Nocturnos más desean obtener. Durante la noche debemos estar alerta. ¿Comprende? —hizo una pausa y la miró fijamente—. ¿Acaso alguien la trajo aquí porque quiere matarla?
Cuando Celeste escuchó eso, pensó de inmediato en los tres comandantes Faes que le habían asegurado que estaría más segura ahí. ¿Entonces acaso todo era mentira y realmente la habían traído para matarla más rápido?