LIAM
Matt estaba sentado al otro lado de la sala de juntas con el ceño fruncido. Damian giraba en una silla mientras sostenía una tablet programando algo que probablemente dejaría obsoletos los servidores en menos de cinco clics. Yo caminaba de un lado al otro con una carpeta en mano.
—¿Siguen sin entregar el código limpio? —preguntó Matt.
—No entregan nada. Uno dice que tiene ansiedad, otro que no entiende las instrucciones... y uno más está convencido de que "programar no es su vocación". Te lo juro, Matt. Le dije que entonces buscara su propósito en el monte.
Damian soltó una risita.
—Papá, en serio. Yo puedo terminar ese módulo en dos horas. Ellos no saben ni cómo optimizar la base de datos. Me enseñaste eso cuando tenía cinco.
—Lo sé, hijo. Y por eso tengo miedo de que tu coeficiente intelectual nos demande por explotación infantil en cinco años.
Yo bufé y lancé la carpeta sobre la mesa.
—Listo. Ya lo decidí. Hoy mismo los llamo a Recursos Humanos y procedemos con el despido formal. Ya estoy cansado de cubrirles las espaldas.
Matt me miró con esa cara suya que dice "esto va a explotar".
—¿Hablaste con Saanvi?
—No. Pero la cité. A ella y a Lorena de Recursos. Vamos a resolver esto ya.
Unos minutos después, Marla nos avisó por intercomunicador que ambas habían llegado. Saanvi entró primero. Formal. Impecable. Fría. Detrás venía Lorena, sonriendo como si entrara a una cena romántica en lugar de una reunión crítica. Se sentaron frente a nosotros.
Matt abrió la junta.
—Tenemos un problema serio. Si no solucionamos el caos del área técnica, BengalSoft tendrá pérdidas antes del tercer trimestre. Y eso, damas, no lo podemos permitir. Damian nos hizo un análisis completo del flujo proyectado. Quiere mostrárselos.
Damian se levantó emocionado. Proyectó una serie de gráficos y tablas. Lorena solo fingía entender. Saanvi, en cambio, analizaba cada línea con mirada quirúrgica.
Cuando terminó, Matt habló otra vez.
—Liam quiere despedir al equipo completo. Yo quiero saber si eso es legalmente viable sin ponernos en riesgo.
Saanvi respiró hondo y abrió su carpeta.
—Legalmente, sí. Pero no estratégicamente. Si los despides hoy, BengalSoft se queda sin estructura de soporte en tiempo real. Aunque su trabajo es deficiente, aún cumplen con algunas funciones críticas. Recomiendo una estrategia escalonada. Tres avisos formales, cierre de acceso, y transición ordenada.
—Eso suena a demasiado tiempo —solté sin contenerme—. Necesitamos resultados ahora.
—¿Y quieres resultados dejando un agujero de veinte personas? ¿Quién cubrirá esas funciones mientras reclutas y capacitas?
—¡Yo puedo hacerlo mejor que ellos! —interrumpió Damian.
Matt alzó la mano.
—Hijo, agradezco tu entusiasmo, pero la empresa necesita estabilidad, no soluciones impulsivas. Saanvi tiene razón.
Lorena finalmente habló, pero más preocupada en mirarme que en aportar algo útil.
—Yo podría... hacer entrevistas express. Tal vez, incluso... evaluarlos personalmente. Podríamos reunirnos, Liam, tú y yo, solos. Para definir los perfiles.
Saanvi carraspeó fuerte. Muy fuerte.
—No confundamos lo profesional con lo personal. Estamos hablando de decisiones críticas. No citas para cenar.
Yo sonreí con cinismo. Matt también reprimió una risa.
—Entonces, ¿qué propones? —pregunté.
Saanvi apuntó con su bolígrafo.
—Que sigas el procedimiento que ya te envié. Paso a paso. Formal. Impecable. Mientras tanto, Recursos Humanos recluta en paralelo. No más pérdidas, no más riesgos legales. Si te impacientas, Liam, lo pagaremos caro.
Me incliné en la mesa. La miré directo.
—Siempre tan perfecta, ¿eh?
Ella no parpadeó.
—Siempre tan impulsivo, ¿no?
Matt aplaudió lentamente.
—Muy bien. Así se habla. Sigan así, pero sin matarse. Porque si nos hundimos... quiero que al menos haya culpables claros.
Damian levantó la mano.
—Yo quiero ser testigo. Y programador.
Todos reímos.
Por un instante, hasta Saanvi.
Pero solo por un instante.
—Podríamos dejar la reunión para cuando no haya distracciones —intervino Lorena de pronto, con voz melosa pero cargada de veneno. Su mirada fue directa hacia Damian.
El silencio fue inmediato.
Matt giró el rostro hacia ella con lentitud. Su tono fue bajo, firme, afilado.
—Mi hijo no es una distracción. Es un activo brillante, con más capacidad que la mitad de este equipo junto. Si no puedes hacer tu trabajo con él en la sala, entonces le pediré a tu jefe que te reemplace por alguien que sí pueda.
Lorena palideció, intentando sonreír con una falsa inocencia.
—Tal vez... no me expresé bien. Solo digo que quizás este no sea el mejor entorno para un pequeño.
Damian frunció el ceño. Exactamente igual que Matt.
Yo no pude evitar reír de medio lado. Esa duplicidad genética era simplemente brillante.
Y entonces decidí darle a todos una pequeña demostración.
—Damian —le dije mientras me giraba hacia él—, ¿puedes decirnos cuál es el error más grave del equipo técnico en su módulo de seguridad?
El niño se animó de inmediato.
—Claro. Están haciendo una validación cruzada entre servidores sin tokenización, lo que los expone a un ataque de inyección de comandos en capa cuatro. Además, no están usando cifrado fuerte en las sesiones activas. Y su sistema de respaldo... es una broma. Literal. Un archivo comprimido con contraseña "admin123".
Silencio.
Saanvi lo miró con los ojos entrecerrados, sorprendida. Lorena tragó saliva. Matt cruzó los brazos, con una sonrisa de orgullo paternal.
Damian me chocó los cinco.
—¡Eso es, genio! —le dije—. Así se hace.
Después me giré a Lorena.
—Y la próxima vez que se te ocurra menospreciarlo o dirigirte a él con condescendencia, te aseguro que no vas a tener que preocuparte por tu jefe... porque yo mismo te pondré de patitas en la calle.
Lorena se quedó callada. Finalmente, bajó la vista.
Saanvi no dijo nada, pero pude notar una leve curvatura en sus labios. Como si aprobara lo que acababa de pasar.
Y por primera vez en semanas, sentí que ese despacho... estaba bien dirigido.
SAANVI
La reunión terminó poco después, pero antes de que pudiera salir, Matt me pidió que me quedara un momento. Asentí con un leve movimiento de cabeza. Lorena salió de la sala rápidamente, claramente incómoda.
En ese momento, la puerta se abrió y entró una mujer de cabello castaño, expresión cálida y ojos que irradiaban calma. La reconocí al instante. Evi De Jong. La mujer de Matt y madre de Damian. Había estado presente durante parte del juicio contra James Harrington.
Matt caminó hacia ella y la abrazó con ternura, luego le besó la frente. Liam también se acercó y, para mi sorpresa, se inclinó ligeramente, colocando una mano sobre el vientre de Evi, que comenzaba a notarse bajo su vestido.
—¿Cómo está mi sobrina favorita hoy? —preguntó con una sonrisa sincera.
—Moviéndose sin parar —respondió Eve entre risas—. Creo que va a ser más hiperactiva que su hermano.
Observé todo eso en silencio. Había algo casi irreal en ver a Liam así. Con Matt era leal, protector. Con Damian, dulce. Con Eve, cariñoso. No era el mismo hombre cínico con el que discutía en las juntas. Había más en él de lo que dejaba ver. Mucho más.
Fue entonces cuando sentí unos pequeños pasos a mi lado.
—¿Tú eres de otro país? —me preguntó una voz curiosa.
Giré y vi a Damian, con su tablet bajo el brazo y la mirada fija en mí.
—Sí —respondí, sorprendida por la pregunta—. Soy de la India. De Nueva Delhi, en realidad.
Sus ojos brillaron.
—¿Sabías que la población del área metropolitana de Nueva Delhi supera los 32 millones de personas? Y que es una de las ciudades con mayor crecimiento tecnológico en el sur de Asia. También tienen una industria aeroespacial en expansión y... —siguió hablando, lanzando datos como si leyera de un informe, pero sin necesidad de mirar ningún papel.
Sonreí, impresionada.
—A pesar de todo lo malo, es un lugar hermoso —le dije.
Damian asintió.
—Mi papá dice lo mismo de Ámsterdam. Yo nací en Holanda, pero soy mitad holandés. Me gusta la comida americana, pero extraño los stroopwafels.
Reí con suavidad.
—Eso suena delicioso.
—Lo son. Un día te llevaré uno.
—Me encantaría.
Conversar con él era como hablar con un pequeño profesor universitario. Conocía temas complejos, los explicaba con lógica y tenía una curiosidad infinita.
De pronto, Liam se acercó por detrás.
—¿Mostrándole a Saanvi lo genio que eres? —le preguntó con un tono casi orgulloso.
—Sí. Porque es bonita —respondió Damian sin una pizca de vergüenza.
Liam soltó una carcajada.
—Bien dicho, campeón. Ahora ve a saludar a tu mamá antes de que piense que la olvidaste.
Damian salió corriendo hacia Evi.
Antes de que pudiera decir algo más, Matt me tendió una caja.
—Queríamos darte esto —dijo con una sonrisa—. Es una tableta de última generación. Un prototipo que estamos desarrollando. Nos pareció justo agradecértelo.
Parpadeé, sin saber cómo reaccionar.
—No puedo aceptar esto...
Fue Evi quien intervino.
—Es una muestra de agradecimiento por lo que hiciste en el juicio. Liam nos contó todo lo que hiciste para que James fuera a la cárcel. Gracias a ti, estamos tranquilos hoy. Y si algún día necesitas algo... no dudes en pedírnoslo.
Me quedé inmóvil.
¿Liam? ¿Hablando bien de mí?
Algo dentro de mí se tambaleó. Porque si incluso él había sido capaz de reconocerlo... tal vez este equipo no era una mala elección, después de todo.
La ciudad se desdibujaba en tonos cálidos mientras caminaba de regreso a casa. El aire olía a humo lejano y pan recién horneado; una combinación extraña pero reconfortante. No pedí taxi. Quería caminar. Necesitaba procesar todo.
Llevaba la caja con la tableta en las manos, envuelta con una elegancia minimalista, como todo lo que vi en BengalSoft. Aún no entendía del todo por qué me afectaba tanto ese gesto. No era un regalo costoso lo que me tocaba el pecho, era el hecho de que… ellos me miraban como algo más que una empleada. Me agradecieron. Me reconocieron.
Y Liam…
Sacudí la cabeza con una sonrisa amarga.
No, no debía confundirme. Ese hombre era un cabrón. Solo se disculpó por obligación, bebimos demasiado y terminamos en la cama. Me dejó una nota. No un mensaje, no un “¿te sientes bien?”, no un “fue un error”. No. Una nota.
Y sin embargo, hoy, resultó que él fue quien les contó a Matt y Evi lo que hice en el juicio. No buscó crédito para sí mismo. No minimizó mi labor. Me vio, y eso… me descolocó.
Llegué al edificio donde vivía. No era lujoso, pero tenía todo lo que necesitaba: privacidad, luz natural y distancia emocional. Subí las escaleras hasta el tercer piso y empujé la puerta de mi departamento con la cadera.
—¡Al fin llegas! —gritó Elle desde la cocina—. ¿Sobreviviste al infierno corporativo?
—Barely —respondí en automático mientras dejaba las llaves sobre la repisa.
Elle apareció con una copa de vino en la mano, usando uno de sus conjuntos deportivos de licra ajustada, cabello recogido en un moño desordenado y una sonrisa irónica.
—¿Y qué tal el idiota Ashford?
La miré en silencio unos segundos antes de responder.
—Estoy confundida —confesé.
Su sonrisa se apagó.
—¿Confundida cómo?
—No sé si sigue siendo un idiota… o si hay algo más detrás de ese sarcasmo barato y esa sonrisa arrogante. Hoy... fue diferente.
Elle se sentó conmigo en el sillón, me tendió la copa, y esperó. No interrumpió. Solo esperó. Así era ella. Caótica, impulsiva, pero sabia cuando debía guardar silencio.
Le conté todo. Desde la conversación con Damian, hasta el gesto de Evi. Desde la mirada cálida de Matt, hasta la sorpresa de saber que Liam había hablado bien de mí. Cuando terminé, Elle suspiró.
—Sabes, siempre pensé que él era solo otro imbécil rico con traumas no resueltos… Pero si de verdad habló bien de ti sin esperar nada a cambio… tal vez no es tan basura como pensábamos.
Me reí bajito.
—No empieces a idealizarlo.
—Jamás. Solo digo que no pierdas de vista el panorama completo. Tú estás aquí por ti. Por tus metas. Por tus razones. No dejes que ni él, ni sus contradicciones, ni siquiera su maldita mandíbula perfecta te desvíen.
—Jamás lo haría —dije con firmeza.
—Bien —sonrió—. Porque te quedan once meses para demostrarle a tu familia, al maldito Anil Patel y al universo entero que Saanvi Devi escribe su propia historia. Y créeme… lo estás haciendo increíble.
Sonreí. Por primera vez en el día, de verdad sonreí.
Sí. Tal vez Liam era un hombre complejo, contradictorio y emocionalmente limitado.
Pero yo no estaba aquí por él.
Estaba aquí por mí.
Y eso nadie me lo iba a quitar.