Fantasmas del pasado

2260 Words
LIAM El código fluía en la pantalla, línea tras línea, como si mis dedos supieran a dónde ir incluso cuando mi mente no estaba del todo presente. Siempre me pasaba. Programar era como un ritual silencioso. Mi manera de exorcizar los demonios sin necesidad de hablar con nadie. Pero hoy, algo se coló entre los bits y los comandos. Una imagen, un rostro, un nombre. Adeline. Y no tenía ni puta idea de por qué carajos estaba pensando en ella justo ahora. Mi mandíbula se tensó. Sentí los músculos del cuello reaccionar antes que mi mente. El reflejo de algo que no había tocado en años. Adeline, con su cabello rojo oscuro, su piel pálida, esos labios carnosos que sabían usar como arma. Tenía dieciseis cuando me acosté con ella por primera vez. Ella tenía dieciocho. dos año. Solo dos malditos años de diferencia. Pero ella vivía como si tuviera diez más de experiencia. Y los tenía. Yo era un mocoso. Uno con el apellido Ashford, claro… pero ingenuo. Vulnerable. Jodidamente enamorado. Ella me hacía sentir deseado, importante. Me decía que yo era distinto a los demás. Que le gustaba mi mente. Que adoraba lo que escribía en la computadora, como si fuera arte. La muy cabrona sabía exactamente qué decir para controlarme. Le compré un iPhone cuando apenas salía el modelo. Un bolso de diseñador que ni siquiera sabía pronunciar. Cenas, escapadas, joyas. Todo con la tarjeta del fideicomiso que mi padre pensaba que usaba para libros de programación. Y lo peor… lo más patético… es que yo pensaba que era amor. Pensaba que ella me había elegido a mí. A mí. Hasta que un día mi hermano, Blake, me hizo abrir los ojos a patadas. Recuerdo esa noche como si estuviera escrita con fuego en mis córneas. Me lanzó las fotos en la cara. Literalmente. La muy desgraciada estaba en una fiesta con tres hombres mayores. Uno de ellos era su proxeneta. Blake había contratado a un investigador cuando notó los gastos sospechosos y los mensajes encriptados desde el teléfono de Adeline hacia alguien vinculado con el entorno político de mi padre. Me estaban usando. A mí. A mí. El “niño genio” de la familia Ashford. No me gritó. No me golpeó. Solo me dijo: —Eres un idiota. Y lo peor es que le diste las llaves de tu mundo a una puta. No dormí esa noche. Ni la siguiente. Ni muchas otras. No por perder a Adeline. Sino por el odio que sentí hacia mí mismo. Nunca he sido tan estúpido en mi vida. Desde entonces, nunca más le di poder a una mujer sobre mí. Nunca más mostré debilidad. Nunca más confié. Ni una sola vez. Tomé aire hondo y regresé la vista a la pantalla. El cursor parpadeaba como si esperara que algo en mí terminara de procesar ese recuerdo. Tecleé la siguiente línea de código. Rápido. Preciso. Sin pestañear. Porque el pasado no se borra, pero se sobreescribe. Y yo… Aprendí a hacerlo mejor que nadie. El cursor seguía parpadeando, pero mis dedos se habían detenido. El código estaba bien. La lógica también. Pero mi cabeza estaba jodida. No por un error de sistema, sino por una falla mucho más vieja. Una que ni los mejores firewalls de mi mente podían contener. Adeline. Maldita Adeline. Estaba tan absorto que ni escuché la puerta abrirse hasta que escuché la voz de Matt. —¿Tú programando en silencio? Eso sí es preocupante. Alcé la vista. Estaba apoyado en el marco de la puerta, con esa ceja arqueada que usaba cuando sabía que algo no cuadraba. —¿Qué pasa? —preguntó mientras se acercaba, cruzando los brazos. Sacudí la cabeza, cerrando el código. —Fantasmas del pasado —respondí. Matt se quedó callado unos segundos. Luego sonrió… como si supiera algo. Y lo peor: sabía algo. —¿Es por ella? Mi estómago se apretó. —¿Qué? —La mujer del pasado. La que te dejó hecho mierda. ¿Es por eso que estás tan disperso? Lo miré como si me hubiera metido un gancho al hígado. ¿Cómo carajos lo sabía? Ese pánico… ese escalofrío… no por Adeline, sino por la idea de que Matt lo supiera. Matt, mi mejor amigo. El único cabrón en el planeta al que jamás le conté esa parte. El único que pensaba que me conocía al cien, pero yo sabía que no... yo me había guardado eso. Pero ahí estaba. Sonriendo como si fuera cualquier cosa. —¿Cómo sabes eso...? —pregunté con la garganta seca. Matt se encogió de hombros. —Porque no soy idiota. Y porque eres malo mintiendo con los ojos. —¿Desde cuándo? —quise saber. Necesitaba saber desde cuándo me había estado leyendo sin que yo lo notara. Sonrió de lado. Esa maldita sonrisa suya de genio que siempre parece tener los datos exactos. —Cuatro años, nueve meses y unas cuantas horas —dijo, como si hablara de la última vez que actualizó un software. —¿Siempre lo supiste? —pregunté, aún sorprendido. Asintió. —No todo. Solo lo suficiente. Sabía que algo te jodió más de lo que admitías. Y cada vez que te ibas en la cabeza, cada vez que desaparecías emocionalmente del cuarto… era por ella. Nunca dijiste nada, así que respeté eso. Pero sabía que algún día hablarías. Me quedé callado. Matt. El puto Matt. Siempre tan robótico para todo… ¿Y ahora venía con estas? —No estabas enamorado. Estabas obsesionado —añadió con calma—. Lo vi. Y sé lo mucho que te costó salir de eso. Reí. Pero no fue una risa feliz. —¿Tanto se me notaba? —A mí sí —dijo sin dudar. Lo miré. Y por primera vez en años… le conté. No todo. Pero lo suficiente. —Adeline. Tenía dieciocho. Yo diecisies. Ella me enseñó todo lo que sé sobre sexo... y todo lo que no quiero saber sobre manipulación. Me tenía agarrado de los huevos. Le compraba cosas. La trataba como si fuera la maldita reencarnación de Afrodita. Hasta que supe que era una... puta literal. Trabajaba para un tipo que la mandaba a joder millonarios jóvenes. Y yo fui el imbécil del mes. Matt no dijo nada. No me juzgó. No me interrumpió. —Me rompió el ego, no el corazón. Me hizo cuestionarme todo. Incluso lo que era yo. Desde entonces... decidí no volver a sentir nada más allá del placer físico. Punto. Matt asintió lentamente. —Y funcionó... hasta que dejó de hacerlo —murmuró. Lo miré. —¿Qué estás insinuando? —Nada —dijo, levantando las manos—. Solo digo que nadie se mete tanto en el trabajo... si no está intentando huir de sí mismo. Me recargué en la silla, soltando un suspiro largo. —Cállate, cabrón. Matt rió. Y por un momento, solo por un momento… me sentí menos solo con ese recuerdo. Matt se recargó en el marco de la ventana, con los brazos cruzados. Seguía observándome como si estuviera viendo más allá del presente, más allá de este momento. —Te voy a confesar algo —dijo, sin cambiar su tono sereno—. Supe de Adeline desde el día que te conocí. Lo miré confundido, casi con fastidio. —¿Cómo que lo sabías? —Te investigué —respondió sin una pizca de culpa—. Cuando entramos a la universidad, yo ya era un maldito paranoico. No confiaba en nadie. Tú llegaste con tu sonrisa fácil, tu actitud de 'nada me importa'... y tu apellido de peso. Tenías escrito en la frente que escondías algo. Así que... me puse a indagar. Lo observé, entre sorprendido y enojado. —¿Me stalkeaste como si fuera una amenaza? —Era mi pasatiempo —dijo encogiéndose de hombros—. Mientras otros salían de fiesta, yo rastreaba IPs y cuentas universitarias. Tú eras... peculiar. No eras un patán, no eras hipócrita. Pero tampoco eras honesto. Había algo en ti que no cuadraba. Y lo encontré. Ella. El archivo. El escándalo enterrado. El caso que no llegó a juicio por intervención de tu familia. Todo. El silencio entre nosotros se volvió más denso que el concreto. Matt desvió la mirada un segundo y agregó: —No dije nada porque entendí. Tenías tus propios demonios. Y tú no tratabas de joderme, ni de manipularme. Solo estabas... sobreviviendo. Como yo. Me tomó unos segundos asimilarlo. Matt había sabido TODO desde el principio. Y aún así... —Nunca lo usaste en mi contra —murmuré, casi en un susurro. —¿Para qué? —me respondió sin mirarme—. Nunca me diste motivos. La verdad se instaló en mi pecho como una piedra pesada, pero cálida. Nunca se lo había dicho, pero Matt era lo más parecido a un hermano que tenía. Y ahora entendía por qué nunca me preguntaba nada de mi pasado: ya lo sabía todo. Pero me dio el espacio para que yo lo contara. O no. —Gracias... por nunca echármelo en cara —dije con voz ronca. Matt me lanzó una mirada directa, honesta. —Gracias a ti por no largarte cuando viste lo jodido que estaba yo también. Solté una risa apagada. —¿Estamos compitiendo por quién tiene más traumas ahora? —No, idiota —sonrió de medio lado—. Solo estoy diciendo que nos encontrábamos en la mierda... y la convertimos en algo útil. BengalSoft. Esta familia. Todo lo que vino después. Lo miré. Y por primera vez en años, sin sarcasmo, sin máscara, sin ese escudo emocional con el que siempre me protegía… asentí. —Sí... lo convertimos en algo mejor. Y aunque no lo dije, por dentro pensé: Tal vez no estoy tan solo como siempre creí. SAANVI Esa noche necesitaba desconectar. Habíamos terminado una semana cargada de juntas, correos, reuniones y tensión. Georgia, mi mejor amiga, apareció en la puerta con una bolsa llena de cervezas frías y su cara de “esta noche no hablamos de trabajo”. Y así fue. Nos sentamos en el balcón del departamento con vista parcial a la ciudad, nos quitamos los zapatos y empezamos a beber entre risas y recuerdos del pasado. Georgia siempre tenía una forma peculiar de hacerme reír. Su humor sarcástico, su irreverencia natural… me aterrizaban. Me hacían sentir libre, aunque fuera por un rato. Entre tragos, me soltó otra de sus clásicas frases: —¿Sabes qué necesitas? Un buen polvo y dejar de pensar tanto. Solté la carcajada justo cuando tocaron la puerta. —¿Ya estás pidiendo hombres por aplicación? —bromeé, poniéndome de pie para ir a abrir. Cuando giré el picaporte, mi corazón se detuvo por medio segundo. Anil. De pie, en el marco de la puerta, con su camisa blanca remangada, el cabello perfectamente peinado y esa maldita sonrisa de niño bueno que sabía exactamente lo que provocaba. —Hola, Devi —dijo con voz suave. —¿Qué haces aquí? —Estoy en Nueva York por tres días. Vine a ver a un cliente… y pensé en pasar a saludar. ¿Molesto? Mi boca dijo que no. Mi cuerpo tembló un poco al decirlo. Lo hice pasar. Georgia lo saludó con alegría fingida y se volvió a su cerveza, mientras yo le ofrecía una. Anil se sentó como si fuera su casa. Siempre lo hacía. Y mientras tomábamos esa primera cerveza, lo vi. Ya no era el chico perfecto de la comunidad india. No el buen partido. No el “hijo ideal”. Era solo… él. Mi amigo. Mi cómplice. Y mi cuerpo recordó. Dos años atrás. Oxford. Una noche de invierno. Estábamos en mi dormitorio, después de cenar y tomar vino barato. Ambos riéndonos de la absurda presión de nuestras familias para casarnos. Ambos hartos de la formalidad y del deber. Le dije, sin rodeos: —¿Cómo se supone que nos casemos si ni siquiera sabemos si funcionamos en la cama? ¿Y si eres un desastre? ¿Y si yo lo soy? ¿Vivir frustrados el resto de la vida? Él me miró fijamente, luego se acercó. Su voz baja. —¿Y si no lo somos? Nos besamos. Sin romanticismo. Sin planes. Solo ganas. Solo necesidad. Y cuando pasó… cuando nuestros cuerpos se encontraron por primera vez… descubrí algo que me voló la cabeza. Anil no solo sabía lo que hacía. Estaba hecho para eso. Para tocar, para empujar límites, para arrancarme el aliento. Y sí, tenía una dotación que aún hoy recordaba con una mezcla de vergüenza y hambre. Nunca lo medí, pero fácilmente... veintitrés centímetros no eran exageración. Desde esa noche, cada vez que nos veíamos, terminábamos igual. No había compromiso. No había celos. Sólo un acuerdo silencioso de placer mutuo. —¿Sigues con tu amiga fiestera? —me preguntó Anil mientras Georgia cabeceaba en el sofá. —Sigue siendo igual de escandalosa. Pero me cuida. —Lo sé. Ambos sabíamos lo que vendría. No había que decir nada. Cuando Georgia se quedó profundamente dormida, él me miró. Solo un instante de tensión. Nos metimos a mi cuarto. Nos quitamos la ropa con la urgencia de quienes ya conocen cada rincón del otro. No hubo palabras dulces. No hacían falta. Fue físico. Crudo. Natural. Como siempre. Su cuerpo sobre el mío. Su boca en mi cuello. Mis uñas en su espalda. Éramos deseo sin culpa. Historia sin futuro. Y esa noche, como tantas otras, encontré en él un refugio temporal para olvidarme del mundo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD