LIAM El día empezó raro. No porque algo estuviera mal, sino porque me levanté… feliz. No esa felicidad exagerada que te pone a cantar en la ducha como un idiota, pero sí la suficiente para que la cafetera pareciera trabajar más rápido y el agua de la ducha estuviera en la temperatura perfecta. Incluso Matt lo notó apenas crucé la puerta del laboratorio. —¿Qué pasó? —me miró con esa ceja arqueada que siempre significa que está buscando motivos para burlarse—. Tienes cara de haber ganado la lotería… o de que te follaron toda la noche. Me reí, negando con la cabeza. —No. —¿No? —frunció el ceño, fingiendo sorpresa exagerada—. Entonces, ¿por qué mierda sonríes así? —Porque… —me encogí de hombros—. Fue una buena noche. Matt me miró como si acabara de decirle que planeaba renunciar y abri

