LIAM El amanecer me encontró despierto. Ni siquiera recordaba en qué momento dejé de ver la pantalla para quedarme simplemente… mirando. El laboratorio seguía igual: azul, frío, silencioso. El aire olía a cables y café viejo. Las luces de la ciudad se colaban por las ventanas como fantasmas. Pasé una mano por el rostro. La barba raspaba. Los ojos me ardían. Sentía el cuerpo pesado, como si la noche me hubiera drenado por dentro. No escuché la puerta abrirse, solo la voz de Saanvi. —Liam. Giré despacio. Estaba ahí, envuelta en la camisa que había dejado en la silla la noche anterior. El cabello suelto, los pies descalzos. Tenía ese gesto entre sueño y preocupación que me dolía más que cualquier golpe. —¿Qué haces despierta? —pregunté, aunque la pregunta era absurda. —Podría pregunt

