LUNA Nunca confíes en un hombre que te dice que va a “revisar un par de archivos” a medianoche. Sobre todo si ese hombre se llama Carter y su idea de una cita romántica incluye tres monitores, un firewall y café frío. La habitación estaba bañada por el resplandor violeta de los LED. Las luces parpadeaban sobre las paredes llenas de cables, routers y una docena de placas madre apiladas como si fueran arte moderno. Yo tenía una paleta de mora entre los dientes. Era mi manera de no fumar ni morderme las uñas. Carter estaba frente a mí, concentrado como un monje digital, los auriculares puestos y los dedos moviéndose tan rápido que el teclado parecía respirar. Lo veía inclinarse, murmurar cosas que solo él entendía, fruncir el ceño, sonreír. Era su lenguaje: código, caos y genialidad.

