SAANVI El aire denso y húmedo de Nueva Delhi me recibió apenas crucé las puertas del aeropuerto, una mezcla de polvo, humo y especias que me golpeó con la fuerza de un recuerdo. No importa cuántos años viva en Inglaterra o en Estados Unidos, la India siempre tendrá ese olor único, imposible de confundir. Un aroma que es hogar y condena al mismo tiempo. Mi corazón latía rápido, no solo por el calor repentino que se pegaba a mi piel, sino porque sabía que, detrás de esas paredes y calles abarrotadas, me esperaba mi familia. Y con mi familia, todos los fantasmas que había tratado de enterrar. El taxi se deslizó torpemente entre el tráfico imposible de la ciudad. Rickshaws, vacas en medio del camino, motocicletas con tres pasajeros, y conductores tocando la bocina como si de eso dependiera s

