LIAM No puedo resistirme. Después de devorar sus pechos, decido bajar más, muy despacio, saboreando cada segundo. Paso mis labios por su abdomen, dejando un rastro húmedo de besos y lamidas, hasta llegar a su ombligo. Ahí me detengo. Saanvi ya sabe lo que viene, porque lo descubrí antes: su ombligo la hace retorcerse, le provoca cosquillas. Sonrío contra su piel, mordisqueo alrededor y ella ríe bajito, entre jadeos, arqueando la espalda. —Te adoro cuando ríes… —murmuro, besando justo encima del ombligo, sin dejar de mirarla. Tomo otra cucharada de tiramisú, y la dejo caer en un hilo lento justo sobre su ombligo. El postre se derrama, llenando ese pequeño hueco y deslizándose por su vientre plano. Ella gime y se estremece, la mezcla de cosquillas y sensualidad la vuelve loca. Me inclin

