LIAM Cuando Saanvi subió al ascensor, el reflejo de su sonrisa quedó un instante en las puertas metálicas antes de cerrarse. Me dijo que no tardaría, que solo revisaría unas cajas y me mandaría un mensaje cuando estuviera lista. Asentí, fingiendo calma. En realidad estaba pensando en Blake, en la llamada que pospuse desde el amanecer. El teléfono en mi mano pesaba más que debería; a veces la voz de Blake es un alivio, otras veces un recordatorio de lo que nunca se detiene. Le mandé un mensaje corto a Saanvi: “Te marco cuando esté con él, avísame si necesitas que suba por algo.” Unos segundos después, la notificación vibró en la pantalla: “Tranquilo, ya casi termino. No tardes en llamarlo.” Sonreí, guardé el móvil en el bolsillo interior del abrigo y me incliné para recoger las llaves d

