Capítulo 1

1565 Words
Katherine. Abro mis ojos a causa de la luz brillante que se adentra por la ventana recayendo en mi rostro. Me veo con la obligación de acabar con mi sueño, en el cual asesinaba a todos los hombres. —Hermana, papi me pidió que te despertara— habla una voz dulce en mi oído. Agradezco tanto poder escucharla. Mis ojos buscaron a su dueña, mi pequeña Leslie. Admiro aquellos diminutos ojos verdes. Combinan muy bien con su cabello castaño. —¿Quieres ayuda con tu peinado?— la siento arriba mío con una sonrisa calmada, las únicas merecedoras de verme sonreír son Leslie y Lisa. —¡Sí, por favor!— con euforia brinca sobre la cama, provocando que esta haga un ruido molesto. La siento como puedo para proceder en hacerle la trenza, canturrea mientras lo hago, doy una última vuelta en el trenzado y beso su frente antes de levantarme. No debo esforzarme en vestirme, poseo un único vestido en mi armario de color gris con un pequeño agujero en la manga. Me lo pongo, pinto mis labios con un labial desgastado, con pequeños puntos acumulados por la suciedad. Había pasado un tiempo desde que me lo dio una bruja. Dispongo de colocarme la peluca negra asegurando de no dejar escapar ni una hebra de mi verdadero cabello. Doy por sentado lo perfecta que me veo frente a un espejo pequeño —Hermana me gusta tu cabello, si lo tuviera así sin duda lo presumiría con lindos peinados— alega la dulce castaña. Sonreí negando con la cabeza y me senté junto a ella. Lisa se despierta y de inmediato hizo un berrinche pidiendo lo misma trenza. Cuando termino de alistarlas, vamos juntas a la cocina para desayunar. Nuestro padre llegó antes que nosotras, leía un viejo libro tirado en el sofá. Las tres moríamos de hambre. Este viejo asqueroso salía por las mañanas y se devoraba un trozo de pan fuera, no pensaba ni en sus dos pequeñas pequeñas. Intento ingeniármelas con lo poco que había, un pan duro con moho. Freí el pan y lo termine quemando. Las pequeñas observaron asqueadas cuando se los di. El pan con moho se tornó n***o gracias a mi fracaso en la cocina. Pese al horrible sabor, no les quedo otra opción que comerlo para aliviar el ruido de sus estómagos. —Les traeré algo mejor ¿si?— ambas asintieron sincronizadas. —Papi ¿podemos ir de compras con Kati?— Lisa esquiva la mitad del pan . —Su hermana debe irse a trabajar, no es momento de holgazanear. Era irónico. Firmó contratos vendiéndome, ganando dinero que malgastaba, pero la holgazana aquí era yo. —No recibí la paga del Ogro— avisa bajando el libro. El ogro en cualquier momento tocará la puerta de casa, le dirá a mi padre lo que ocurrió ayer y estaré acabada. —Debo irme, las quiero— me despido de las gemelas sin mirar a mi padre ciando salgo. Llego al bar y me apresuro en busca a Kimei, una bruja que trabaja como mesera también. —¿Quién te lastimó?— me interroga cuando acudo a su puesto. No tuvo que mirar mis heridas, lo supo desde que cruce la entrada del bar. —¿Puedes curarme y ya?— ignoro su mirada insistente hasta que cede a mi petición. Siempre preguntaba en vano, nunca le diría por lo que paso. Su magia comienza a surtir efecto ocultando mis heridas de la noche anterior. Cuando termina me enfoco en realizar mi trabajo de servir y tratar bien a los borrachos sin vida. Hay que sumar puntos con el jefe. —¡Quiero más vini!— pide a carcajadas una mujer robusta, acompañada de hombres que no tenían vergüenza de tocarla en frente de varios borrachos. —Aquí tienes— le lleno el vaso con amabilidad. Con los borrachos del lugar nunca se sabe, si los miras ya empiezan a insultarte en lenguas diferentes. La puerta del bar se abrió de golpe, unos soldados extranjeros se adentran y nadie se atreve a emitir sonido alguno. Detallo sus uniformes recordando al soldado de ayer. Sus miradas recorrían el lugar con desprecio y entre ellos un soldado en especial. —¿Puedo ayudarlos?— me acerco para atenderlos, el soldado que parecía ser el más importante me mira de reojo con los ceños fruncidos. —¡Es ella señor!— un soldado escondido detrás suyo se apresura en señalarme—. Esta mujerzuela nos ofendió alegando que somos unos soldados incompetentes. ¡El soldado borracho! —Yo no…— la mano del soldado aparentemente superior se elevó en el aire y golpeó mi mejilla con fuerza hasta tirarme al suelo. —Siéntete orgullosa de ser asesinada con mis propias manos… Deja de hablar al ser revelado mi cabello. La peluca se me había caído al mismo tiempo que mi cuerpo. Todos se sorprendieron y no tardaron en llegar los murmullos. —Creo que me sirves mas viva que muerta— sujeta mi muñeca arrastrándome con él. Forcejeo hasta que mi jefe llega sorprendido. —¡Oigan!— se exalta—. Yo tengo un contrato con su padre, me pertenece. Había una pequeña falla, y es que hoy vence el contrato. —Su padre acaba de venderla a nosotros— le informa el soldado, me sorprendo por lo dicho. Mi vida no valía nada para mi padre. Error, valía unas cuantas monedas. —Fue por la noche— me dice con una sonrisa— Mi hombre me comentó tu gran ofensa, estaba listo para asesinarte, pero ahora…— tironea mi cabello acercando mi rostro al suyo—, desearas haber muerto. Me espanté al escucharlo hablar. ¿Qué cosa podría ser peor que la muerte? Soy arrastrada afuera y metida en un carruaje bastante amplio. —Primero muerta— me decido por arrojarmelo, sin embargo, un soldado oculto en el carruaje me detiene. Siento un golpe fuerte en mi nuca, no da el tiempo de enfrentarlo cuando mis ojos se cierran de repente. Un recuerdo se cierne frente a mí, contengo las lágrimas que amenazan por derramarse… —Tu cabello es precioso Katherine— me reconforta mi madre luego de que mi padre me lo haya cortado como un niño. Esa fue la primera vez que mi padre me había lastimado emocionalmente. No solo tenía un horrible color, sino que lucía como un varón. —Soy fea mami— sollozo en su pecho—. Eres muy bonita y yo soy tan fea. —Eres hermosa— levanta mi mentón obligando a que la vea—. Nunca vi otra niña tan linda como tú. Además, ese niño te visita a menudo, parece muy enamorado de ti, niña traviesa— se burla con cariño haciéndome sonrojar. —Dijo que me casaré con él— le revelé avergonzada. Esos fragmentos lo había olvidado. Ya no recordaba las risas compartidas con mi madre, ni tampoco al niño que ella mencionaba. El recuerdo se vuelve borroso, quiero llegar hasta mi madre, pero entonces… —¡Despierta!— gritan varias voces en mi oído. Bajo del carruaje cuando un soldado desconocido me empuja, observo los alrededores vacíos y una leve esperanza se me atraviesa, entonces se acercan otros soldados. Debí imaginarlo. —Bienvenida al infierno, prostituta— se burla uno de ellos sin dejar de empujarme. Éste si usaba las vestimentas de Greasia. No, no me digas... ¡Estamos en el castillo del Rey! Escuché rumores en el pueblo, todos lo escucharon. El rey psicópata que obligaba a las mujeres a pintarse el cabello de rojo o usar pelucas de ese color, y si no les agradaba o comenzaba a resaltar su color natural, las asesinaba. Mis piernas temblaban tanto que no pude mover ni un musculo. Cada que avanzamos me asombro con los detalles interiores del castillo. ¿El rey me asesinará? ¿cortará mi cabello? O... ¿me comerá? Es un vampiro, quizás me vacíe la sangre del cuerpo. Tal vez es un loco desquiciado que se obsesiona con algo poco natural, el color de mi cabello. Sí, tal vez es eso. Llegamos hasta una puerta enorme, la abren y no esperan ni un segundo para tirarme al suelo. Se les volvió costumbre. —Arrodíllate ante el Rey de este reino. Soy el príncipe heredero del reino Barseil y tú— se presenta y me apunta— Serás mi obsequio para tu Rey. Es que no puede haber alguien con tanta mala suerte ¿verdad? No pude contemplar el rostro de mi Rey por culpa de mi posición nefasta. —¿Qué es esto?— pregunta una voz hostil. Una persona, imbécil. —Un obsequio de parte de mi reino. Le encantará— le asegura. —¿Por qué? Tengo muchas mujeres, no necesito a una tan fea y asustadiza como ella. ¡Ni siquiera has visto mi rostro, maldito infeliz! —Se equivocado, majestad. He aquí una bellísima pelirroja— quita la peluca negra que me puso antes de entrar y le revela lo que a él le fascina. Sin nada que perder levanto mi vista al gobernador con curiosidad. Era hermoso. Su piel pálida con una nariz fina y delicada. Sus facciones eran muy varoniles, le daban un toque sexy. Poseía un cabello castaño muy hermoso… ¡Espero que les haya gustado! 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD